Anakreón
El Colmillo Público,núm. 130, 4 de marzo de 1906, p. 127, 128

El Programa del Partido Liberal

Liberales por convicción que somos, y no por conveniencia, no hemos vacilado en prestar nuestro apoyo a la idea de organizar el Partido Liberal. Nuestros lectores, por esa circunstancia, están al corriente de los trabajos emprendidos por la Junta Organizadora del Partido Liberal; hemos dado cabida en las columnas de nuestro periódico a los documentos de la Junta y hemos escrito artículos especiales con el objeto de animar a los correligionarios a trabajar por la idea iniciada por los liberales desterrados que residen en Saint Louis Missouri.

En el número 2 de Regeneración,1 órgano oficial de la Junta, vemos que la organización del Partido Liberal avanza y que el número de adeptos aumenta, cosas que a todo liberal honrado, que a todo hombre que anhela para nuestra patria una era de libertad y de justicia, deben regocijar.

El primer paso está dado: el de la organización, paso necesarísimo, sin el cual, los liberales continuaríamos aislados, débiles y sin esperanza de poder sacudir el yugo para siempre. Ahora, solamente falta que el Partido Liberal adopte su Programa, y según vemos en el número 2 de Regeneración, los organizadores de la unión de los liberales no han olvidado asunto tan importante y van a expedir una convocatoria para que todos los liberales colaboren en la confección del Programa.

Este paso de la Junta es trascendental. Precisa definir las aspiraciones del Partido, concentrándolas en principios que no puedan ser burlados en lo futuro. Nada ganaría la causa de la libertad y del bienestar del pueblo, si el Partido Liberal se limitase a luchar contra la dictadura y la derrocase al fin, con lo que solamente se lograría obtener un cambio de tiranos.

Esto lo ha sabido muy bien la Junta Organizadora del Partido Liberal y por eso convoca a todos los hombres de buena voluntad para que colaboren en la confección del Programa. El Programa será para el futuro la garantía de que no podrá imponerse otro hombre contra la voluntad popular; y como tiene que ser una conquista del pueblo será la mejor garantía de su bienestar material, de su cultura intelectual, de su bienestar social.

Deseosos de trabajar por el bien de nuestra patria, y aprovechando la excitativa que la Junta hace a todos los liberales mexicanos, vamos a dar algunas ideas para la formación del Programa del Partido Liberal.

La observación constante y atenta de la situación en que se encuentra la patria, nos ha hecho adquirir la convicción de que los pueblos no solamente se estacionan y retrogradan por la falta de libertades políticas sino también por la falta de mayor equidad económica. La tiranía política priva al ciudadano del derecho que tiene a intervenir en los asuntos públicos, convirtiéndose de hecho el ciudadano en menor de edad respecto de los asuntos de la administración pública. La tiranía económica convierte en bestia de carga a todos aquellos hombres que no teniendo bienes de fortuna, están en la necesidad de dar su inteligencia, sus conocimientos científicos, literarios, artísticos o técnicos de cualquier ramo de la actividad humana, o simplemente sus fuerzas, en cambio de un jornal o sueldo que resulta mezquino dado el provecho que de la inteligencia, los conocimientos o las fuerzas obtienen los que los explotan, y dada la duración exagerada de las jornadas de trabajo.

En nuestra patria existen las dos tiranías apuntadas y a ellas se debe que tanto los gobernantes y las autoridades abusen por medio de la fuerza, como que los ricos señores de la tierra, de la industria, etc., abusen también mermando los beneficios de los hombres de trabajo, de los que no tienen otro patrimonio que su fuerza o su inteligencia, o su destreza para desempeñar alguna labor.
Incalculables son los males que causan las dos tiranías apuntadas. Los hombres dejan de ser ciudadanos para convertirse en siervos de los malos funcionarios y de los avaros capitalistas, como lo vemos en la patria. El carácter degenera por la tiranía política y el despotismo económico. El hambre, el maltrato, la falta de justicia, etc., envilecen las almas, convierten en indiferentes a los ciudadanos, matan toda aspiración sana y arrojan al hombre al vicio y a la abyección.

Nuestra inferioridad respecto de otros pueblos del mundo proviene de esas dos tiranías. El miedo a los gendarmes del gobierno nos hace soportar el yugo; el miedo a quedar sin pan, nos hace soportar el robo que se hace de nuestro trabajo. Hay la circunstancia agravante de que las huelgas contra los abusos del capital son disueltas a sablazos; de que la altivez de los obreros es correspondida con cárcel, porque nuestros gobernantes están íntimamente ligados con los empresarios para oprimir y envilecer.

Quisiéramos hacer mayores consideraciones, pero nunca acabaríamos. Hay mucho que decir acerca de los males que acarrean las dos tiranías que señalamos. Sin embargo, basta con observar el amilanamiento general, la miseria causada por los enormes impuestos y los escasos salarios, la extinción del carácter en los ciudadanos, para comprender que no sólo se necesita sino que es urgente una Reforma si queremos asegurar nuestra existencia como pueblo autónomo y aún perpetuar nuestra raza que desfallece al soplo de todas las tiranías.

En consecuencia, proponemos a la Junta Organizadora del Partido Liberal, que para la formación del Programa se tomen en cuenta esas observaciones. Creemos que para evitar en lo futuro nuevas tiranías, debe hacerse constar en el Programa los puntos siguientes. I.- Restricción de las facultades del Ejecutivo: II.- Supresión del Senado; III.- Abolición de la reelección; IV.- Libertad de Prensa; V.- Supresión de los Jefes Políticos; VI.- Ensanchamiento del municipio; VII.- Agravación de las responsabilidades de los funcionarios públicos con severas penas corporales; VIII.- Practicabilidad y expedición del juicio de amparo; IX.- Reformas en la Legislación para hacer práctica la justicia; X.- Abolición de Timbre.- Medidas encaminadas a abaratar los artículos de primera necesidad; XI.- Descanso dominical; XII.- Legislación sobre el trabajo; XIII.- Reducción de la jornada de trabajo a ocho horas; XIV.- Reglamentación del trabajo de las mujeres y de los niños; XV.- Fijación de un mínimum de salario; XVI.- Indemnización de los patrones a los obreros perjudicados con motivo del trabajo; XVII.- Supresión del trabajo a destajo; XVIII.- Limitación de las utilidades que los dueños de tierras obtienen de los medieros; XIX.- Declaración de que son de propiedad nacional las tierras cultivadas que retienen los terratenientes.

Quisiéramos hablar en detalle de cada uno de los anteriores puntos; pero no nos lo permiten las limitadas dimensiones de nuestro semanario. Sin embargo, creemos que son tan claras nuestras conclusiones que todos las entenderán y sabrán deducir los beneficios que reportarán.

Además de las dos tiranías citadas, hay otra: la que sobre las conciencias ejerce el clero católico. Por demás nos parece extendernos en esta materia, ya que todos los que hemos logrado emanciparnos de la fuerte barbarie clerical, palpamos la nociva influencia de clero en las familias, en la ciudad y en el Estado. Desde el triunfo de Tuxtepec, el clero ha podido organizarse y fortalecerse al amparo del católico general Díaz y a despecho de las leyes vigentes. El clero ha podido, gracias a la influencia del dictador, volver a poner conventos, injerirse en los negocios públicos, adquirir propiedad raíz, —que está en manos de testaferros— y ha llevado su arrogancia, en virtud todo de la funesta política de conciliación, hasta tomar a su cargo la enseñanza de los niños, esto es, de los futuros ciudadanos. Los males que ha ocasionado esta preponderancia clerical, saltan a la vista; la inmensa mayoría de nuestros funcionarios son clericales; el fanatismo que tanto envilece al hombre matando en él toda aspiración y convirtiéndolo en pusilánime, en sumiso, en hipócrita o en malvado, ha echado raíces tan profundas, que una gran masa de nuestra población lo espera todo de la misericordia del dios absurdo del catolicismo, sin hacer el menor esfuerzo por sacudir un yugo que pesa más cada día, ejercitando sus derechos legales. El clericalismo embrutece y degrada, enciende la discordia en el seno del hogar, prostituye a las familias y hace ineptos a los hombres para la libertad y la justicia.

Un mal grave es el del clero, y es preciso someterlo. El fraile es el que predica sumisión incondicional al amo y al tirano, y los sumisos nunca llegarán a ser libres y felices. Buscar la felicidad después de la vida es el peor de los absurdos. La felicidad está en vivir, en ser libre, en ser útil a sus semejantes, en trabajar por el mejoramiento intelectual y material del linaje humano.

La historia nos demuestra, además, la perversidad del clero católico. En nuestra patria el clero ha sido siempre aliado de tiranos y de invasores. Aliado de Santa Anna y de Díaz; aliado de los norteamericanos y de los franceses. El clero vive y medra cuando hay opresión, y por eso la procura atándose a los opresores. El clero, además, enciende las guerras civiles.

Hay, pues, que someterlo, y al mismo tiempo, procurar el ensanche de la instrucción laica, gratuita y obligatoria. Por lo tanto, proponemos a la Junta Organizadora Liberal, los puntos siguientes: I.- Hacer efectivas las Leyes de Reforma y reformarlas en el sentido de hacerlas más prácticas para evitar que sean burladas; II.- Hacer que en los templos católicos se lleve una escrupulosa contabilidad y que paguen contribución al Fisco; III.- Perseguir criminalmente a los testaferros del clero, en cuyo nombre figuran sus bienes y restitución de éstos al Estado; IV.- Supresión de las escuelas sostenidas por el clero o en que se de instrucción católica. Multiplicación de escuelas de instrucciones primaria, laica, gratuita y obligatoria, y de las escuelas rurales; V.- Instrucción militar y de trabajos manuales en las escuelas primarias; VI.- Salarios a los niños pobres que tengan que asistir a las escuelas de instrucción primaria; VII.- Dignificación del profesorado de las escuelas primarias pagándosele sueldos elevados.

Es necesario, ya que las naciones fuertes viven armadas, y son sus enormes ejércitos una amenaza para los pueblos débiles, y, sobre todo, para los pueblos de la América Latina, es necesario que nosotros tengamos también Ejército, pero para esa formación creemos que debe abolirse el odioso sistema del servicio militar obligatorio; vehículo de injusticias y de males irreparables. El soldado de la patria no debe ser un forzado, sino un ciudadano que voluntariamente abrace la carrera de las armas. Por otra parte está probado que en los casos de conflicto armado con otras naciones, ha sido el pueblo el que ha sabido defender la patria y los soldados del pueblo los más arrojados paladines de nuestras libertades. Por lo tanto, proponemos a la Junta Organizadora del Partido Liberal, los siguientes puntos: I.- Abolición del servicio militar obligatorio; II.- Hacer efectiva la Guardia Nacional; III.- Suspensión de los llamados tribunales militares; IV.- Creación de un Ejército de voluntarios; V.- Creación de obras de defensa nacional.

A reserva de proponer otros puntos, damos los anteriores. Hay muchos males que remediar y no basta un artículo para señalarlos todos, pero prometemos hablar más sobre el asunto en posteriores números2.

Consideramos que como nosotros, muchos otros correligionarios tomarán interés porque el Programa de Partido Liberal sea realmente redentor, que cierre la puerta al abuso y que garantice una libertad y un bienestar efectivo.

Por nuestra parte, invitamos también a los liberales y a los periodistas independientes, a que cooperen con sus luces a la formación del Programa. Cada gremio social tiene sus intereses que defender y es preciso, por lo mismo, que tanto el profesionista como el obrero, el militar como el estudiante, el agricultor como el industrial, el comerciante, el minero, el empleado, etc., tomen interés por asunto de tanta trascendencia, y envíen, todos sin excepción, sus ideas a la Junta Organizadora del Partido Liberal, para su estudio y consideración.

Al señalar los anteriores puntos, nos hemos colocado en el terreno de la justicia, y deseamos que nuestros correligionarios los secunden para bien de la causa.

Esperamos que la Junta estudiará los puntos indicados, y que, con los que reciba de los demás correligionarios, después de un concienzudo trabajo de selección para lograr la unidad que debe campear en el Programa, resumirá en cláusulas concretas, las aspiraciones del pueblo mexicano.

– – – – NOTAS – – – –

1 Refiérese a “Nuestra reorganización. Los días de la dictadura están contados”. Regeneración, Año I, 3ª época,núm. 2; febrero 15 de 1906.

2 Véase, infra, arts., núms. 85, 98 y 107.