Anakreón
El Colmillo Público,núm. 131, 11 de marzo de 1906, p. 143, 144

El Programa del Partido Liberal

Vamos a continuar ocupándonos en el trascendental asunto del Programa del Partido Liberal. En nuestra edición anterior1 hicimos breves consideraciones sobre los asuntos sociales y políticos que, por su importancia reclaman una urgente reforma, si se quiere que el Programa sea efectivamente redentor.

Nuestros correligionarios se habrán fijado que hemos dado gran importancia a las conquistas que queremos asegurar en el terreno económico. No podemos negar que la libertad política es indispensable al progreso de los pueblos, pero también tenemos la firme convicción de que la sola libertad política no beneficia a la inmensa mayoría de los habitantes de una nación, si sobre ellos pesa sin freno la tiranía de los capitalistas.

En necesario, por lo tanto, sujetar el capitalismo en cierto modo para que respiren con menos dificultad las clases laboriosas e intelectuales de nuestra sociedad, así como es urgente dar fin al cobro exagerado de los impuestos por parte del gobierno. El pueblo mexicano es un pueblo pobre, y, sin embargo, paga enormes impuestos cuya inversión constituye un verdadero derroche de la fuerza nacional. Una nube de favoritos y de zánganos viven y medran a costa del trabajo de los mexicanos, sin otro título que su servilismo y su incondicional obediencia al despotismo.

Dado lo que de impuestos recauda el gobierno, la república debía estar poblada de escuelas, en nuestras costas y en nuestras fronteras y en los puntos estratégicos debería haber grandes obras de defensa nacional y hasta buques de guerra podríamos tener en nuestros mares. Pero nada se ha hecho. Las rentas públicas han aumentado desmesuradamente, y cuando por ese hecho debería decrecer la deuda de la nación, los mexicanos vemos el extraño fenómeno de que aumentan los compromisos hasta el grado de que no sabemos cómo ha de pagar la patria la enorme deuda que pesa sobre sus hombros.

Hay que cerrar la puerta al abuso y consideramos necesario que en el Programa de Partido Liberal se expresen los medios que hayan de emplearse, tanto para aliviar la condición de los trabajadores, como para salvar a la patria de posibles conflictos emanados de los compromisos que tan necia y antipatrióticamente, ha contraído la administración tuxtepecana.

Tenemos a la vista la convocatoria2 expedida por la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano para que los liberales envíen a dicha Junta las ideas que deben expresarse en el Programa de Partido. Consideramos que no habrá un solo liberal que deje de cooperar con sus observaciones y sus ideas a la formación del Programa. A todos los liberales, sin excepción, se convoca, para que más tarde no haya el pretexto, para cualquier ambicioso, de alegar que el Programa no fue el resultado de las aspiraciones del Partido. El que no tome parte en la formación del Programa, no será porque se le haya impedido hacerlo, sino porque no lo haya querido.

En otro lugar de este mismo número reproducimos, por estar de acuerdo con ellos, los puntos a que hace especial mención la convocatoria de la Junta, y a esos puntos remitimos a nuestros correligionarios para que estudien y resuelvan concienzudamente, advirtiendo que hasta el 5 del próximo abril se reciben en la mencionada Junta las ideas, proyectos y observaciones de los liberales, para que el proyecto de Programa se de a conocer el 15 del mismo abril. Según la convocatoria, el Programa quedará sometido a discusión para su aprobación o desaprobación.

En el IV punto de la convocatoria se lee: "Los despojos y las indebidas apropiaciones de terrenos cometidos por unos cuantos favoritos de la dictadura, han concentrado la propiedad territorial en muy pocas manos, etc."

Nada más cierto que lo manifestado en dicho punto, y si se quiere reparar la injusticia que se ha cometido con muchos ciudadanos a quienes se les han arrebatado sus terrenos es preciso hacerlo constar en Programa del Partido. La guerra del Yaqui no tiene otro motivo que el despojo de los terrenos de que fueron víctimas los desdichados indios por parte de favoritos de la dictadura. La inexistente Campaña de Yucatán reconoce el mismo origen. Lo justo, lo verdaderamente humano no es dar fin a los yaquis y a los mayas, sino devolverles los terrenos a que tienen derecho desde tiempo inmemorial.

Muchas comunidades han perdido sus terrenos del mismo modo que los yaquis de Sonora y los mayas de Yucatán, y hay que restituirles lo que se les ha quitado.

La concentración de la propiedad territorial en pocas manos, es una de las causas de la miseria pública. Grandes extensiones de terrenos que podían producir no sólo lo necesario para el consumo interior, sino para surtir muchas plazas extranjeras, permanecen incultos porque no es posible a los acaparadores de la tierra cultivar todo lo que han detentado, y cuando los campesinos pobres entran en trato con nuestros modernos señores feudales para sembrar una determinada porción de terreno, los hacendados los extorsionan hasta privarlos de las utilidades que casi pasan íntegras a las arcas de los privilegiados.

La despoblación de la república que todos los mexicanos vemos aumentar día a día, proviene tanto de la amenaza del servicio militar obligatorio que pesa sobre las clases trabajadoras, como de la brutalidad de los caciques y tiranuelos y la codicia de los ricos que escatiman al pobre toda clase de beneficios. No teniendo los pobres terrenos propios que cultivar, y no resignándose a ser vilmente robados cuando trabajan como medieros y como jornaleros, se marchan a la vecina república del Norte en busca de trabajo mejor retribuido y para estar a salvo del cuartel, del calabozo, del flagelo, de la multa, de la ronda, de los trabajos públicos, de la miseria y de la injusticia, en fin.

Una división territorial más justa es urgentísima; como un medio para reducir el pauperismo en los campos y aún en las ciudades a las que afluyen de los campos inicuamente acaparados por unos cuantos, millares de hombres que se sentirían dichosos con un pedazo de tierra que cultivar sin tener que darle al amo más de la mitad de lo que producen las cosechas, como sucede ahora a los llamados medieros.

Creemos que la Junta Organizadora del Partido Liberal tomará en cuenta las ideas que esbozamos, y que en el Programa se expresará, que pasan a poder de la nación los terrenos que permanecen incultos y se cederán a todos los ciudadanos que los soliciten para cultivarlos y aumentar de ese modo la riqueza pública.

En el próximo número continuaremos ocupándonos en asunto tan importante, pero antes de terminar no dejaremos de llamar la atención sobre el punto VI que propone la Junta3. La nación no necesita más empréstitos, y si se contraen por el actual gobierno otros nuevos, la nación debe negarse a reconocerlos.

Todos los patriotas debemos apoyar ese punto. De no hacerlo, veremos aumentar todavía más la monstruosa deuda que pesa sobre la nación y que pone en grave peligro nuestra nacionalidad. Ante la actitud resuelta del pueblo, los banqueros extranjeros dejarán de prestar dinero a la dictadura convencidos de que no se les reembolsará.

Este paso del Partido Liberal será uno de los más cuerdos y más patrióticos. Los empréstitos que ha conseguido el gobierno porfirista, se han evaporado porque nadie siente los beneficios de ellos. Es pues, insensato continuar agravando nuestra situación con nuevos compromisos, y lo sensato es evitarlos declarando que la nación no reconocerá nuevos empréstitos, ya sea que se estén negociando o que se trate de negociar, así como se negará a pagar cualquiera otra deuda que el actual gobierno trate ahora de reconocer.

Mucho se habla de que el gobierno está negociando un nuevo empréstito por cuarenta millones de pesos, oro, y, también, de que pretende reconocer la deuda del pirata Maximiliano4. Urge pues, que el Partido Liberal se apresure a declarar el desconocimiento de nuevos compromisos que aumenten la miseria pública.

Una vez más invitamos a todos los liberales a que cooperen a la formación del Programa del Partido. Hay que hacer a un lado la indiferencia y
acometer briosamente la empresa de cerrar el paso a la tiranía y conseguir la regeneración política y social de nuestra patria.

– – – – NOTAS – – – –

1 Véase, supra, art. 83, “El Programa del Partido Liberal”.

2“Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Convocatoria”, suscrita por la Junta el 25 de febrero de 1906 y publicada en Regeneración, no. 3, Año I, 3ª época, marzo 1º, 1906. Reproducida en el no. 131 de ECP.

3 El punto VI se refiere a la supresión de impuestos y la disminución de gastos del gobierno, así como al desconocimiento de nuevas deudas y nuevos empréstitos acordados por la dictadura. Véase “Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Convocatoria”, suscrita por la Junta el 25 de febrero de 1906 y publicada en Regeneración, no. 3, Año I, 3ª época, marzo 1º, 1906. Reproducida en el no. 131 de ECP.

4 Refiérese a la deuda reconocida en el tratado de Miramar (1864), por el que la nación se comprometía a indemnizar por daños y perjuicios a los súbditos franceses durante el tiempo que durara la intervención. A esto se sumaron los préstamos bancarios de París y de Londres para sufragar los gastos militares, así como las deudas francesa e inglesa del gobierno mexicano previas a la intervención.