Anakreón
El Colmillo Público,núm. 134, 1 de abril de 1906, p. 191

Recuerdos del Centenario1

Los liberales de corazón no hemos quedado satisfechos con los festejos, oficiales en honor del Benemérito de las Américas, porque se privó al pueblo de la participación que habría tomado en las fiestas del Centenario, si no hubiera visto que los opresores, los conculcadores precisamente de la doctrina del Gran Juárez, se abrogaban el derecho de festejar al Patricio.

Los liberales vemos con disgusto la tutela que sobre el pueblo ejerce el gobierno. Todos nuestros actos están sujetos a una inspección odiosa; nadie es libre ni de hablar en voz alta, porque se perturba la calma sepulcral que debe reinar en el país; pero la intervención que más nos indigna, es la que se verifica sobre nuestros sentimientos. ¡Hasta para amar a nuestros grandes benefactores necesitamos la intervención oficial!
El pueblo mexicano decidió celebrar con fiestas dignas de su objeto el Centenario del nacimiento de Juárez. El gobierno lo supo, y quiso lo que vulgarmente se llama aguar la fiesta, para lo cual no necesitó más que injerirse en el asunto; ¿qué cosa buena puede resultar de la injerencia de nuestro gobierno?

El golpe, por parte del gobierno, estuvo bien dado. Comprendió que no había de salir bien librado si dejaba al pueblo hacer su fiesta, ¡cuántos parangones habrían resultado entre la obra de Juárez y la de Porfirio Díaz! Esos parangones temió el gobierno, y para evitarlo, tomó a su cargo la organización de la fiesta.

Se está palpando el resultado de la intervención del gobierno. Por todas partes, oradores serviles, no tuvieron para el gobierno que nos encadena la más ligera frase de censura, y tal pareció, por el silencio cobarde de esos oradores, que gozamos actualmente de una dicha nunca soñada. Sólo en las contadas partes donde los ciudadanos se sustrajeron virilmente a la influencia oficial, hubo voces valerosas que al recordar la obra del Grande Hombre, apostrofaron enérgicamente al destructor de ella, nuestro oropelado dictador.

Por eso decimos al principio que los liberales de corazón no hemos quedado satisfechos con los festejos oficiales en honor del Benemérito de las Américas. La fiesta en honor de Juárez, para haber sido digna del héroe, debió haber revestido el carácter de protesta nacional contra los actuales demoledores de la obra del 57 y la Reforma. No se encuentra la república en un periodo de engrandecimiento para limitarse a entonar cánticos en honor de los hombres que trabajaron por nuestra libertad. Bien distintas son las circunstancias actuales, de las que para nosotros soñaron nuestros grandes hombres, y si se comprende esta triste verdad, si por todas partes no vemos más que esclavitud y explotación y embrutecimiento general, lo honrado, lo verdaderamente honrado y digno, hubiera sido protestar con energía contra un estado de cosas que sabemos que nos conduce a la catástrofe.

No se honra a los libertadores entonándoles himnos con el yugo en la nuca. Para honrar a los héroes, es necesario ser libres, porque ellos no lucharon para que fuéramos esclavos y nuestra esclavitud es para ellos un ultraje, pues ella significa que no hemos sido dignos de sus esfuerzos y que sus sacrificios y sus abnegaciones los hemos olvidado hasta el grado de sentirnos felices bajo las espuelas de nuestros dominadores.

Por lo tanto así como tenemos aplausos para aquellos de nuestros conciudadanos que hicieron oír sus protestas contra la tiranía el 21 del pasado marzo al recordar que en esa fecha había venido al mundo uno de los más grandes mexicanos, tenemos también votos de reprobación para los que en ese día deshonraron al Partido entonando alabanzas que no sentían, porque si efectivamente amaran a Juárez, comenzarían por luchar contra la dictadura que ha prostituido la obra del Benemérito, pues no se concibe que se ame a los libertadores sin amar también su obra, y la obra de Juárez está destruida, ha sido manchada por los que nos dominan.

Algunos mexicanos se dicen liberales porque, dicen ellos, veneran la memoria del Ilustre Indio. El verdadero liberal, el que realmente venera a Juárez, no se conforma con amar platónicamente al Patricio, sino que procura que los actos de la vida pública estén de acuerdo con el credo que profesó el héroe. Por eso los verdaderos liberales son los oposicionistas al actual gobierno que ha hecho del capricho un programa gubernativo. El verdadero liberal no se conforma con amar a Juárez, sino que lucha por la libertad que nos legó y que nos ha sido arrebatada por la dictadura.

Necesario es que no nos engañemos a nosotros mismos. Nunca se puede ser liberal, cuando se consiente por servilismo o por cobardía, que la obra del Repúblico sea sistemáticamente violada. Por eso nos indignamos contra los que el 21 del pasado no tuvieron un reproche para los que han cargado al pueblo de cadenas.

Mas si la fiesta hubiera sido netamente popular, si el gobierno no se hubiera apropiado el derecho de festejar el Patricio, el 21 de marzo habría sido, como el deseo de los hombres honrados, un día de protesta contra la tiranía; lo cual hubiera sido la mejor glorificación del héroe.
Creemos que para otra vez, no se permitirá al gobierno intervenir en nuestros sentimientos, y menos que a ningún otro gobierno, al de Porfirio Díaz, reconocido enemigo de Juárez y de su obra y opresor por treinta años.

Hay además la circunstancia de que Porfirio Díaz fue enemigo del Benemérito y el instigador del panfleto que escribió Francisco Bulnes bajo el título; El Verdadero Juárez. Por otra parte, los comités que se formaron en conexión con el que por orden del dictador se estableció en la ciudad de México, formado por Rosendo Pineda y otros "científicos", estaban compuestos por reconocidos clericales y por serviles. ¿Pudo haber sido seria una organización de esa naturaleza? ¿Ya no hay liberales para que sean los mochos los organizadores de fiestas que deberían ser liberales?

Porfirio Díaz quiso desnaturalizar la fiesta y lo consiguió, a excepción de los lugares donde grupos de ciudadanos independientes hicieron su fiesta aparte del elemento oficial, Ojalá que los liberales aprovechen esta lección para no permitir que el gobierno se mezcle en asuntos que no son de su resorte.

– – – – NOTAS – – – –

1 Celebraciones oficiales efectuadas el 21 de marzo de 1906 en la ciudad de México. Constaron de los siguientes actos públicos: procesión cívica de la Plaza de la Constitución al Panteón de San Fernando; colocación de lápidas conmemorativas en la casa de la calle Moneda donde murió Juárez y en el salón de embajadores; funciones teatrales y conciertos gratuitos en los teatros Renacimiento, Hidalgo, Riva Palacio, Apolo, Orrín y Principal; espectáculo de fuegos artificiales en el zócalo; plantación de un árbol conmemorativo del centenario en el Paseo de la Reforma; colocación del retrato de Juárez en las Escuelas Nacionales de Instrucción Primaria y, como cierre de los festejos, velada en el teatro Abreu presidida por Porfirio Díaz, acompañado de prominentes funcionarios. Tomaron la palabra en ese acto Justo Sierra, Victoriano Salado Álvarez, José Casarín y Rafael de Zayas Enríquez.