Anakreón
El Colmillo Público,núm. 135, 8 de abril de 1906, p. 207

Circular científica

Ya hemos hecho notar con hechos, no solamente con palabras, que la patria sería tan desgraciada bajo la férula de los llamados "científicos," como lo sería bajo el acicate brutal de Bernardo Reyes. Reyistas y "científicos" tienen el mismo ideal: el de su propio provecho, y los hombres como los partidos que están dominados por ese ideal egoísta, serán siempre una rémora para los pueblos en que imperan y una amenaza de futuras calamidades si todavía no se apoderan del mando.

Reyistas y "científicos", que son las subdivisiones del partido porfirista, se disputan para el futuro, el gobierno de la nación. Desde ahora ejercen mando en diversas entidades federales, y gracias a esa circunstancia han podido ser estudiados por los hombres de criterio independiente.

Antes de unos cuatro años a esta parte, había personas de buena fe, pero candorosas, que consideraban como un alivio para las desventuras de la patria, el que los "científicos" empuñasen las riendas del gobierno cuando la naturaleza se acordase de que el actual dictador no le había pagado su tributo. Entonces se creía que después del gobierno porfirista no podría haber otro más malo que el de Bernardo Reyes. Cansados de militarismo esas candorosas personas, se conformaban con cualquier gobierno ejercido por civiles, aunque fueran los "científicos".

No podían comprender las personas superficiales que militares y no militares, los tiranos tienen que emplear siempre la brutalidad. Un gobierno que no emana del pueblo, tiene que ser tiránico ya sea que esté representado por un soldado o un simple particular, porque un gobierno de esa naturaleza sabe que a nadie debe su existencia nacida de la fuerza de las armas o de la fuerza de la astucia, y así como el gobierno de Porfirio Díaz se ha hecho insoportable porque nada respeta puesto que a nadie más que a su fuerza brutal debe su imperio, del mismo modo el gobierno de la nación por los "científicos" sería odioso porque debería su origen a la astucia y no a la voluntad del pueblo.

Estas sencillas consideraciones no podían ocurrírseles a las personas a que nos referimos. Dichas personas veían solamente que los gobiernos militares eran malos y pensaban que un gobierno civil no lo sería. Afortunadamente los "científicos" encumbradas por su influencia, comenzaron a tener bastante representación en los gobiernos de los estados; muchos de ellos fueron nombrados gobernadores por el dictador, y decimos que afortunadamente llegaron a la altura, porque merced a su presencia en los puestos públicos de importancia, ha podido conocerlos bien el pueblo.

En efecto; los "científicos" como gobernadores de diversos estados, se han dado a conocer como enemigos irreconciliables de la libertad, y por lo mismo como protectores decididos de los curas y de los explotadores.

La historia del gobierno de Emilio Pimentel en Oaxaca, es una de las mejores muestras de cómo tiranizan y explotan los "científicos" y esa muestra ha servido para que se convenzan los cándidos de que de los "científicos" sólo hay que esperar un despotismo igual al de cualquier soldadón afortunado.

El gobernador de Yucatán, Olegario Molina, también es "científico" y toda la nación ha visto con indignación el desarrollo tenebroso de la administración molinista, en cuyos rudos engranajes han muerto trituradas la libertad y la justicia.

El "cientificismo" es jesuita y eso lo hace más peligroso. Últimamente se ha visto con qué desenfado, como si se tratara de un gobierno que ajustase todos sus actos a la ley, Olegario Molina ha expedido una circular en la cual recomienda a los Jefes Políticos que se cumpla con la ley y se ponga especial cuidado en no atacar las garantías constitucionales.

Cualquier idiota, aplaudirá tal Circular, pero los que estamos al corriente de la torva tiranía yucateca, no podemos menos que indignarnos cuando vemos que esa Circular constituye una burla sangrienta al pueblo que sufre el más cruel despotismo.

No citaremos por lo pronto los trágicos sucesos de Kanasín, ni la muerte del señor Abelardo Ancona en el fondo de un calabozo de la Estación Central de Policía de Mérida, para que se vea que no se ha cumplido con la ley. Nos concretamos a la disposición de Olegario Molina, de prohibir a nuestro viril correligionario señor Carlos P. Escoffié Z., director de El Padre Clarencio, que lea y escriba en el interior de la prisión, donde hace más de un año se encuentra recluso en compañía de otro esforzado luchador, el señor Tomás Pérez Ponce.

No ha bastado a Olegario Molina tener presos a esos viriles escritores por más de un año, sin que hasta hoy se haya dictado sentencia en su contra, todo lo cual es contrario a la ley cuya observancia se recomienda jesuiticamente en la Circular que hemos citado, sino que ahora priva a uno de los presos, al señor Escoffié, de que lea y escriba, esto es, de que ocupe sus penosas horas de injusta reclusión en un trabajo honesto y sano y provechoso al pueblo, porque el púgil escritor escribía su periódico, El Padre Clarencio, desde el interior de la cárcel.

El gobierno de los "científicos" se exhibe solo y creemos que no habrá ya necios que esperen algo provechoso para la comunidad de esa camarilla de burgueses ventrudos para quienes el pueblo es un rebaño bueno únicamente para esquilarlo.

La salvación está en el Partido Liberal.