Anakreón
El Colmillo Público,núm. 135, 8 de abril de 1906, p. 211, 212

La reelección de Pimentel

Parecía que Emilio Pimentel iba a quedar dueño del campo, y, francamente así lo creímos cuando se supo que el candidato de un grupo de oposicionistas era el Coronel Félix Díaz.

Desde un principio lo hemos dicho: cualquier candidato que de algún modo esté ligado a la dictadura, lleva en sí la derrota de las aspiraciones sanas de la sociedad, porque los hombres ligados a Porfirio Díaz tienen que ser sumisos sirvientes de él, de modo que tendrán que hacer lo que el centro les mande. Si el centro les ordena que renuncien su candidatura, tendrán que hacerlo como ya lo hizo por ese motivo Félix Díaz hace cuatro años, y entonces la oposición quedará sin candidato y sin tiempo para propagar una nueva candidatura, o puede suceder también que si el centro encuentra de su agrado al candidato, lo impondrá al fin; pero en ese caso, nada habrá ganado el pueblo porque el nuevo gobernante será tan servil para la dictadura y tan tirano para el pueblo como lo es Emilio Pimentel.

Por eso hemos atacado enérgicamente las candidaturas de Félix Díaz, Benito Juárez hijo, Fidencio Hernández, Eutimio Cervantes, Miguel Bolaños Cacho y otros sirvientes de Porfirio Díaz. Cualquiera de esos individuos en el gobierno de Oaxaca, tendrá que ser tan malo o peor que Emilio Pimentel, porque sin libertad para obrar en beneficio de la colectividad, lo que equivaldría a minar la tiranía porfirista, tendría que seguir las inspiraciones del centro en lugar de atender a las necesidades del pueblo.

Lamentábamos grandemente que se extraviase la oposición, tanto más cuanto que ese extravío había dado lugar a diferencias entre los mismos oposicionistas que, lo diremos con la franqueza acostumbrada, perdían lamentablemente el tiempo en atacarse entre sí, cuando lo lógico era atacar a Pimentel y despreciar las cuestiones meramente personales para entrar de lleno a los trabajos serios de la organización de la oposición.

Ciertamente, los oposicionistas verdaderamente honrados, los que luchan por principios, los que no quieren la caída del actual tiranuelo para medrar con uno nuevo; ciertamente esos oposicionistas tenían razón en no hacer causa común con los oposicionistas personalistas, esto es, con los que quieren que sea el candidato cualquiera de los sirvientes de Porfirio Díaz que hemos citado; pero lo deplorable era que el grupo oposicionista sano, el verdaderamente liberal y honrado, no se decidiese a organizarse y a hacer los trabajos serios de la oposición.

Preveíamos en virtud de esas circunstancias, que Pimentel iba a reelegirse sin una protesta, sin un esfuerzo por parte del pueblo que significase que se daba cuenta de su esclavitud, cosa que habría insolentado a la tiranía todavía más, a la vez que habría matado la esperanza de ver altivo y digno al pueblo que tantas pruebas dio de su virilidad y su energía en épocas de prueba para la patria.

Afortunadamente, después del largo silencio y de la inactividad de la oposición, un grupo de buenos liberales se ha decidido a entrar de lleno en la lucha, y por medio de su órgano La Semecracia1, semanario de empuje que ha empezado a publicarse en Oaxaca, ha dado en conocer sus aspiraciones regeneradoras.

Al frente del grupo que tiene por órgano el viril semanario La Semecracia, se encuentran los conocidos liberales profesor Adolfo C. Gurrión y Plutarco Gallegos,2 ciudadanos que se han distinguido por su energía y por su honradez y que por su firmeza de principios honran al Partido Liberal.
Felicitamos a esos dignos correligionarios por su resolución y deseamos fervientemente que el pueblo oaxaqueño acuda al llamamiento que le hacen dichos liberales en su Manifiesto publicado en el primer número del periódico referido, por el cual invitan a todos los ciudadanos de buena voluntad a que se congreguen en clubes que luchen contra la reelección de Emilio Pimentel.

Los liberales del grupo aludido, así lo creemos, lucharán porque se celebre una convención en la cual se discutan las candidaturas de los diferentes clubes que se formen en el Estado. Ese es el sistema verdaderamente democrático que garantiza una efectiva libertad en la elección del candidato, pues si se hiciera de otro modo, la candidatura se vería como una imposición y no como el resultado de un acuerdo tomado por el mayor número posible de ciudadanos.

Si en cada distrito del estado de Oaxaca se propusiera un grupo de liberales secundar la idea de formar clubes, en quince días podría estar organizado el movimiento antirreeleccionista, y en otros quince podría ser celebrada la convención. Se ve, pues, que hay tiempo, y lo que se necesita exclusivamente es buena voluntad.

Odiosidad contra Emilio Pimentel, existe y justificada; pero los ciudadanos no deben conformarse únicamente con odiar a los tiranos. Hay que hacer lo que es lógico: si se odia a un tirano, hay que derrocarlo. Así, pues, si los oaxaqueños quieren obrar de acuerdo con su modo de pensar, deben alistarse para derribar esa tiranía, que haciéndoles sentir la influencia del centro, les hace sentir también la propia, con lo que de hecho, los hijos de Oaxaca, sufren dos tiranías: la del centro y la del Estado, tiranías que han hecho del estado suriano uno de los más atrasados si es que puede haber una entidad federativa de nuestra república más atrasada y más infortunada que las demás.

Para luchar con éxito los liberales oaxaqueños deben despojarse de esa torpe manía que nos ha valido a los mexicanos el estar dominados por una tiranía débil y sin prestigio. Esa manía es la de que los mexicanos pretendemos que las iniciativas de importancia deben ser propuestas por hombres de influencia o que lleven agregados a sus nombres algunos títulos más o menos deslumbrantes. Los mexicanos nos pagamos de exterioridades. Si un rico, un profesionista notable, un militar encumbrado, un hombre de los llamados de influencia porque tienen flexible el espinazo, o cualquiera otra dorada personalidad propone algo, hay que ver a una turba de imbéciles arremolinarse para hacer coro y acoger con aplauso la proposición.

Hay que corregirse de ese defecto que nos coloca al nivel de los pueblos bárbaros que se entusiasman con el hombre de su tribu que usa las plumas más vistosas, y lo nombran jefe. Si queremos ser verdaderos demócratas, debemos considerar que todos tenemos derecho de exponer iniciativa, que toca a los conciudadanos calificar, pero que si esas iniciativas son buenas, deber de todos es acogerlas.

Los correligionarios Adolfo C. Gurrión y Plutarco Gallegos no son hombres de influencia ante el gobierno, como no puede serlo ningún oposicionista honrado; son sencillamente liberales de corazón que han probado desde hace tiempo su amor a la libertad. Así, pues, el llamamiento que hacen al pueblo del Estado, para que se congregue en clubs debe ser atendido, porque su iniciativa es cuerda. No imponen candidato porque son demócratas y harían mal imponiendo alguno a su capricho. Sencillamente desean que se congregue el pueblo en clubs. Los clubs, naturalmente nombrarán delegados a una Convención donde se elegirá un candidato.

Es de desearse que todos los oaxaqueños que amen su pasado de heroísmo, combatan la tiranía de Emilio Pimentel que lastima el buen nombre del estado en que nació el Benemérito de las Américas. Creemos que los oaxaqueños no se habrían resignado a ser eternamente esclavos de déspotas que avergüenzan, porque es ultrajante para todo hombre que se precie de tener vergüenza, inclinarse ante funcionarios que ni siquiera han conquistado virilmente el derecho de estar sobre los ciudadanos, sino que deben su encumbramiento, como Emilio Pimentel, al favor que por su sumisión les otorga Porfirio Díaz.

– – – – NOTAS – – – –

1 La Semecracia. (Marzo de 1906). Oaxaca, Oax. Dirs. Adolfo C. Gurrión y Plutarco Gallegos. Sus directores fueron procesados por difamación al juez Francisco Canseco, a quien criticaron y llamaron “famélico can seco”. Publicaron fuertes críticas contra el régimen del Lic. Emilio Pimentel.

2 Plutarco Gallegos (1885-1944). Abogado y periodista oaxaqueño. Encabezó el ala radical de la Asociación Juárez de Oaxaca, que se opuso a la reelección de Emilio Pimentel. En 1906, Junto con Adolfo C. Gurrión, publicó La Semecracia, periódico que les acarreó la prisión por “delitos de imprenta”. Acusado de promover un levantamiento en la capital del Estado, fue aprehendido y enviado a San Juan de Ulúa, donde permaneció hasta 1910. A su salida gozó de la protección de Teodoro Dehesa, gobernador de Veracruz, y fue diputado por Tehuantepec. Se unió al constitucionalismo. En 1920 fue magistrado del Supremo Tribunal de Justicia.