Anakreón
El Colmillo Público,núm. 137, 22 de abril de 1906, p. 239, 240

La industria de las gacetillas

Ese hongo nacido al calor de la corrupción oficial y cuya vida significa para la nación el derroche anual de un centenar de miles de pesos; esa cátedra, llamada El Imparcial abierta y fomentada por nuestro mal gobierno para embrutecer concienzudamente al pueblo, ha despegado los labios, como siempre, para propagar la mentira con ese cinismo con que los merolicos abonan sus bebistrajos.

            A su modo comenta El Imparcial el hecho de que los correligionarios Flores Magón y Sarabia no hubieran permanecido en Saint Louis Missouri para ser sorprendidos por la nueva acusación que se iba a presentar contra ellos al ser absueltos de la primera.1 Eso es lo que al El Imparcial y a sus amos ha dolido más: que estando hecho el gasto de la segunda acusación contra los perseguidos periodistas, estos la hubieran burlado con lo que se salvó su periódico de una nueva interrupción.

            El Imparcial trata de engañar a sus lectores, diciendo que los Flores Magón y Sarabia estaban completamente seguros de recibir una severa condena y que por eso optaron por no representarse al Jurado. La verdad la encontramos en los siguientes párrafos que copiamos de Regeneración.

Aunque sin tener nuestras pruebas, —dice Regeneración— estábamos resueltos a afrontar la situación fiados en que la justicia de nuestra causa había de salvarnos; pero una indiscreción de nuestros enemigos puso sobre la pista del nuevo golpe que se trataba de asestarnos. Nuestros enemigos no tenían grande fe en su triunfo, antes bien, tenían seguro su fracaso. El objeto de la persecución que sufrimos fue el de dar un golpe de muerte a Regeneración, que tanto preocupa a los que oprimen al pueblo mexicano. Se tenía por segura nuestra estancia en la Penitenciaría por un término no menor de cuatro años, y cuando vieron nuestros perseguidores que la acusación bajó de la Corte Criminal a la Correccional, se desanimaron grandemente. Lo que más chocó a la dictadura, fue que Regeneración  volvió a la arena aun cuando todavía no terminaba el proceso, y entonces resolvió acusarnos por un delito en el caso probable de ser absueltos.

Así las cosas, se acercaba el día 16 cuando logramos sorprender las intenciones que había contra nosotros. Ya estaba lista la nueva acusación, y se iba a presentar cuando fuimos advertidos de la red que se nos tendía y resolvimos no dar a la dictadura el gusto de entorpecer nuestros trabajos, para lo cual franqueamos la frontera americana internándonos al Canadá, sin que por nuestra marcha se perjudicasen los fiadores, quienes ya tenían en su poder las cantidades con que nuestros correligionarios nos ayudaron para obtener nuestra libertad bajo fianza.2

            De esto a lo que dice El Imparcial hay una gran diferencia. Pero eso no es todo.

            Pocos ejemplos habrá en la historia de la felonía humana, que revistan los caracteres que en ese sentido ofrecen los periódicos asalariados por el gobierno. El Mundo y El Imparcial no sólo se presentan a desempeñar el papel de fígaros, sino que, con el deleite con que el perro callejero y hambriento muerde la carroña verde encontrada en un caño, esos periódicos se complacen en hacer de polizontes de la misma prensa, cuando no están encargados de justificar los excesos que el despotismo tiene en sus represiones a los periódicos que no gastan la tinta, ni encanallan el tipo de imprenta en adulaciones, sino que más conscientes de sus deberes se sirven del arte tipográfico para la manifestación viril de sus ideas.

            En El Mundo vemos que se prepara un ataque gubernamental a la prensa independiente. Nuestro gobierno se paga mucho de fórmulas que lo hagan aparecer como justificado. No sólo es capaz de excederse, sino que siempre se excede en sus facultades, pero se preocupa mucho de que los imbéciles al menos, ya que no las personas sensatas, aprueben sus actos, y por eso, cuando quiere dar un golpe a la prensa independiente, ordena a sus gozquecillos de la calle de las Damas3 a que hagan una atmósfera propicia al atentado.

            Así se ha visto siempre a los periódicos del gobierno “preparar el terreno” para que las persecuciones a la prensa que brutalmente se ejercitan, no asombren demasiado, aunque en honor de la verdad sobran tales precauciones desde el momento que es universalmente sabido, que de treinta años a la fecha, los garrotes de los gendarmes han estado suspendidos sobre el pensamiento, espiando todos sus pasos, siguiendo todos sus movimientos como una sombra implacable.

            Ya El Imparcial y El Mundo hablan de “reprimir el abuso” que hace la prensa del derecho que le concede la ley. El tiro está dirigido contra los periódicos independientes para los cuales es abuso, según el criterio oficial, el programa de verdad que se han impuesto.

            La prensa independiente tiene por norma defender al débil de los abusos del fuerte. En nuestra patria el fuerte, —la autoridad— se entrega a excesos que han provocado ese amilanamiento del espíritu que se nota por todas partes; esa falta de sinceridad para decir con franqueza lo que se piensa sobre los actos de los funcionarios públicos; esa debilidad del carácter que se hace palpable, que está en el medio y que conduce a los mexicanos a soportarlo todo, a no protestar, teniendo como regla de conducta esa fórmula propicia a todas las tiranías y a todas las abyecciones: ver, oír y callar.

            ¡Ver, oír y callar! He aquí lo que los gobiernos despóticos hacen adoptar a sus vasallos; y cuando del medio abyecto se eleva una voz robusta proclamando el derecho que todo ser humano tiene de emitir libremente sus ideas; cuando entre las sociedades espantadas un hombre sin miedo alarga el brazo para arrancar virilmente la máscara que solapa a los hipócritas; cuando la corrupción gubernamental provoca la indignación, primero de pocos, después de más y amenaza indignar a todos, entonces los malos gobiernos, las malas autoridades que se veían continuamente sorprendidas en sus torpes manejos, hacen que sus lacayos proclamen la “media hora de escándalo” y aboguen porque se descuaje el árbol de flores venenosas, como llama el despotismo al grupo, a la legión que lo acusa y lo aporrea.

            Los escritores independientes denuncian las torpezas o los crímenes de los funcionarios públicos, y, en consecuencia, son grandes benefactores de la sociedad sobre la que pesan esos funcionarios. En tal virtud, la sociedad tiene sus defensores en los hombres de espíritu libre. Pero El Mundo dice que la sociedad está amenazada con la existencia de los escritores independientes y la azuza para que los extermine. El Mundo se ha de referir a la sociedad que los funcionarios tienen formada entre sí para pesar sobre el pueblo, pero no al conjunto de la familia mexicana que desea ser libre.

            Para concluir haremos notar el cinismo de los periódicos del gobierno. Los independientes atacamos funcionarios públicos, y estaríamos dentro de la ley aun cuando hiciésemos los más duros cargos; ¿procede lo mismo la prensa gobiernista?

            No; la prensa gobiernista, servil y lacayesca, trata de hacer pasar como buenos los actos de los tiranos a quienes colma de alabanzas, como que de eso vive la desgraciada, de arrastrarse a las plantas de los poderosos y cuando ataca, que es con frecuencia, no es para denunciar atentados, no es para fustigar a funcionarios nocivos que abusan de sus puestos, pues para la prensa gobiernista aun los funcionarios más bribones, son modelo de probidad y de sabiduría, sino para arrancar la honra a particulares, a personas que no habrán cometido otra falta que negar una copa de aguardiente al insigne escribidor.

            La prensa independiente procede de modo bien distinto, como queda dicho. El bien general, es su guía. Ataca a los malos funcionarios, no a particulares que no tengan conexión alguna con la política como lo hace la prensa del gobierno. ¡Cuántos particulares han tapado la boca de ciertos periodistas gobiernistas, ofreciendo unas monedas!

            ¡Oh, ese es el árbol que hay que descuajar! La sociedad tiene pendiente sobre su cabeza las gacetillas escandalosas de los periódicos gobiernistas de información. Y ¡guay! del que no dé unas monedas: si ha sido deshonrado, así quedará.

            La sociedad necesita defenderse de la “industria” de la información “oportuna”, —“hoy eres tu; mañana soy yo,”— porque el mal puede echar raíces más hondas y quizás cuando se quiera descuajar su “árbol de flores venenosas,” encontremos que será tarde. La sociedad que admire el vuelo de las águilas, no debe titubear en estrangular serpientes.

1 RFM, Juan Sarabia y Enrique Flores Magón, salieron de Saint Louis, Mo., para internarse en Canadá, el 16 de marzo de 1906, al tener conocimiento que se preparaba una nueva acusación en su contra, una vez que el caso de difamación promovido por Esperón y de la Flor, descendió de la Corte Criminal a la Correccional, y los redactores de Regeneración obtuvieron su libertad bajo fianza. El Imparcial se refirió a estos acontecimientos en: “En Saint Louis Missouri” (abril 1º, 1906) y  “Prensa libre y prensa libertina. Límites necesarios de la libertad de prensa. Cómo entienden esta libertad los grandes pueblos civilizados” (abril 2, 1906)

2 Véase “La dictadura burlada. El progreso del Partido”, Regeneración, año I, 3ª época, no. 5, abril 1º, 1906.

3 Refierése a los colaboradores del diario capitalino El Imparcial, que tenía sus oficinas en la calle de Damas.