Anakreón
El Colmillo Público, num.137, 22 de abril de 1906, p. 247

La reforma en Francia1

No es la primera vez que tropezamos en las columnas de la prensa gobiernista con la afirmación de que, más felices que los franceses, los mexicanos consumamos hace años la Reforma, mientras los franceses apenas la están consiguiendo penosa y lentamente.

En El Estado de Coahuila,2 periódico pagado por Miguel Cárdenas con dinero del pueblo, encontramos a ese respecto afirmaciones imbéciles. Se ufana el periódico de que, en virtud de haberse consumado la Reforma, haya en nuestra patria una gran calma social.

A sabiendas asienta falsedades el periódico gobiernista, porque México no está consumada la Reforma. Existen las Leyes de Reforma, pero la existencia de esas leyes a la existencia de la Reforma hay una gran distancia.

En efecto; a pesar de las Leyes de Reforma, el clero posee bienes raíces, tiene conventos y goza de tanta influencia en las cuestiones del estado, como antes de que se hubiera derramado la sangre mexicana por conseguir la Reforma. Por eso decimos que en México no se ha consumado la Reforma.

La Reforma estuvo en vigor únicamente bajo las honradas administraciones de Juárez y de Lerdo de Tejada; pero desaparecidos esos dos hombres y encumbrado el pretorianismo amigo del clero, la grande obra quedó proscrita para dar paso a la llamada "conciliación" que no es otra cosa que la reacción triunfante sobre la conquista que obtuvo el pueblo a costa de su sangre y aun del peligro de ver destruida la patria por un despotismo extranjero.

Nunca podremos dejar de lamentar los liberales la pérdida de una conquista con tantos sacrificios obtenidos y nos indigna que con tanto desplante traten los periódicos gobiernistas de embaucar al pueblo haciendo creer que nuestra patria le lleva una gran ventaja a Francia, porque mientras nosotros hemos consumado la Reforma, los franceses apenas están conquistándola.

Ha sido producto de la prensa gobiernista dar a entender que, bajo la dictadura que nos ahoga, México ha alcanzado un puesto elevadísimo entre las naciones civilizadas, con lo que no se hace más que abusar del candor de las buenas gentes. México ha retrocedido bajo el actual despotismo, porque retroceso es destruir una obra avanzada como la Reforma. El clero, como arriba afirmamos, goza de tanta influencia y de tanto poder como en la funesta época de Santa Anna. Porfirio Díaz y el Arzobispo Alarcón gobiernan en común con el mismo desparpajo que si no se hubiera incendiado el territorio nacional con la Guerra de Tres Años; los conventos se multiplican y florecen; los frailes gozan de fueros y se enriquecen a la vista de todos.

No; en nuestra patria no se ha consumado la Reforma. Treinta años de dictadura han destruido lo que se pudo conquistar, y ahora, de la Reforma no nos quedan más que las leyes, y con leyes escritas pero sin observancia no podemos ufanarnos de estar más adelantados que los franceses que de un modo efectivo están sometiendo a la gangrena del género humano, el clero católico.

Dice el papasal pagado por Miguel Cárdenas:

El anticlericalismo es en México un cliché gastado, inútil; un objeto de la vieja utilería masónica, que ni sirve ni nada… El clero opulento de hoy no lucha en un estado inerme; mejor dicho, no hay lucha, puesto que la ley y el conjunto de las fuerzas sociales son superiores a sus pretensiones de restauración y a su orgullo. Francia por el contrario, está encogida en una red tan tupida de influencias clericales que allá el anticlericalismo es grito del patriotismo y necesidad política urgente que en otros artículos estudiaremos.

He aquí cómo se burla el gobierno de los ciudadanos, pues es órgano del gobierno el que tales desatinos asienta. Se trata de hacernos creer que el clero está sometido a la ley, cuando palpamos que todo lo contrario es la verdad; el clero, más poderoso que nunca porque cuenta con el apoyo del gobierno que ha traicionado los principios liberales, está sobre la ley que ha quedado reducida a letra muerta y cuya resurrección necesaria para el porvenir del pueblo mexicano, será causa de tremendos trastornos que se hubieran evitado si un liberal leal, patriota y desinteresado hubiera sido el encargado de dirigir al pueblo hacia sus grandes destinos.

A todos los que comprenden nuestra situación, no puede escapárseles el hecho de que en virtud de haber dejado el gobierno de Porfirio Díaz de aplicar la ley para someter al clero, cuando se trate de hacer observar la ley el clero resistirá con todas sus fuerzas y se reproducirán en la patria las escenas de la época luctuosa en que el pueblo luchó contra la tiranía del militarismo y del clero. Porfirio Díaz pudo ahorrarnos eso, ¿pero cómo se habría perpetuado en el poder sin la ayuda del clero?

A los fines personalistas del dictador convenía más hacer pactos con el clero que con el pueblo, y por eso hoy tenemos que lamentar la pérdida de la obra de la Reforma y vemos en el porvenir alzarse monstruosa la soberanía clerical cuando se trate de obligar al clero a que cumpla con la ley.

Ya se ve por esto, que son más felices los franceses a pesar de estar conquistando apenas la Reforma. Ellos están obteniendo lo que nosotros hemos dejado perder y que solamente reconquistaremos con sacrificios enormes.

Al recordar que la sangre generosa de nuestros padres se derramó estérilmente, porque su conquista yace bajo el sable del militarismo, y al considerar que para reconquistar la Reforma tendrá que cubrirse nuevamente de luto el cielo de la patria, no podemos menos que maldecir el momento en que, candorosos como palomas o estúpidos como carneros permitimos que se entronizase el despotismo con lo que pactamos nuestro infortunio.

¡Ah; pero tal vez la ruda lección nos enseñe a ser verdaderamente hombres, no permitiendo una nueva tiranía!

– – – – NOTAS – – – –

1 Se refiere a  la redefinición de relaciones entre la Iglesia y el Estado francés, concluida a principios de 1906. Reforma impulsada por el diputado socialista independiente  Aristide Briand, que pugnaba por la institución de la libertad de cultos y la libertad de conciencia, al tiempo que negaba las subvenciones estatales a cultos religiosos y suprimía el presupuesto de Estado a Departamentos y Comunas con ese fin. Los bienes eclesiásticos fueron entregados a asociaciones culturales para su resguardo.

2 El Estado de Coahuila. Periódico de variedades, política, literatura y anuncios. (1893-1910); Saltillo, Coah. Dir.: Jacobo M. Aguirre. Apoyó las reelecciones de Miguel Cárdenas. En 1910 sostuvo la fórmula Díaz-Corral para las elecciones federales, aunque más tarde se inclinó por Bernardo Reyes.