Anakreón
El Colmillo Público, num. 138, 29 de abril de 1906, p. 259

¡Pobre juventud!

Nadie duda ya de la debilidad de los gobiernos que tienen por base la imposición, pero si todavía quedan por ahí espíritus extraviados que no han dado paso a esa verdad, pueden convencerse con lo que últimamente ha ocurrido en la Capital del estado de Oaxaca.

Muy fuerte se creía Emilio Pimentel, porque a pesar de acercarse el periodo de elecciones no había podido organizarse por parte del elemento popular e independiente una fuerte oposición. Sentimiento en contra del funesto funcionario, lo había y bastante; pero faltaba la organización para emprender una lucha fructífera que derribara la administración pimentelista, y esa circunstancia envanecía a Emilio Pimentel.

Empero, bastó que dos ciudadanos de corazón bien puesto, los incorruptibles liberales Adolfo C. Gurrión y Plutarco Gallegos, se aprestasen desembozadamente a la lucha, para que el tiranuelo oaxaqueño temblase. Al señor Gurrión lo puso preso en la cárcel de Oaxaca, sirviendo de acusador un tal Manuel Bejarano, jefe político de Tehuantepec. El pretexto fue el artículo que se publicó en el Suplemento del número 2 de La Semecracia, en que se hicieron cargos severos a Bejarano, quien lejos de sincerarse ante la opinión pública para desmentir los cargos en caso de que no fueran justificados, prefirió contestar con la cárcel lo que era su deber rebatir por medio de la prensa. El atentado se consumó y el señor Gurrión pasó a la prisión, subrayándose el atropello con la clausura de la imprenta del señor Francisco Márquez en que se imprimió el suplemento.

No quedó conforme Pimentel. Era necesario llevar el rigor a un alto grado para que en lo sucesivo no hubiera ciudadanos dignos que lo exhibiesen ante el estado y ante la nación. Era preciso perseguir también al señor Plutarco Gallegos. El señor Gallegos es pasante de Derecho y hace sus estudios en el Instituto de Ciencias. Pimentel ordenó a un tal Ramón Pardo1 que hace de director del Instituto, la expulsión del estudiante señor Gallegos. Pardo obedeció. El estómago triunfó sobre su conciencia y expulsó al digno liberal.

¿Qué significa esto? Respondan todos aquellos que consideran fuerte a un gobierno que se intimida ante dos ciudadanos valerosos.

Sí, nuestro gobierno es débil; por eso persigue, por eso se amedrenta cuando el ciudadano sin miedo se yergue en ejercicio de un derecho. Los gobiernos fuertes ven una garantía de su estabilidad en el uso que los ciudadanos hacen de sus derechos, porque su fuerza radica en el civismo de los ciudadanos. Pero los gobiernos que nacieron de la ilegalidad, necesitan observar esa ilegalidad para poder sostenerse, y persiguen, amenazan, encarcelan a todos aquellos que obran como si las leyes guardasen su vigencia y se observasen fielmente por los encargados de hacerlas cumplir: los gobernantes.

En materia de civismo, según la práctica de nuestros gobernantes, lo honrado no es cumplir la ley, sino dejar de cumplirla. Así es como se ve que los ciudadanos que cumplen con la ley, son tratados como criminales y encarcelados, perseguidos y expulsados de las escuelas si son estudiantes.
¿Se quiere que los estudiantes sean eunucos? Indudablemente, puesto que el estudiante viril y resuelto es expulsado de las escuelas.

¡Magnífica educación lacayesca se da a la juventud! Con el sistema de terror implantado por la actual dictadura, no sólo se ha corrompido a los viejos, sino que se ha llevado la corrupción a las aulas, de donde salen hombres sin iniciativa, sin vigor, sin aliento para acometer grandes empresas y laborar por el adelanto de la joven nacionalidad. La obra de castración nacional llevada a cabo por nuestro gobierno ha sido completa, y de ahí que los que con sinceridad queremos para la patria un destino glorioso, no podamos menos que ver con tristeza el porvenir que se nos espera.

Generaciones afeminadas, temblando aterrorizadas ante los audaces, será la herencia que para el futuro nos deje la Autocracia, porque ¿qué hombres podrán dar las escuelas a la patria, cuando en cada tierno corazón se ha grabado brutalmente la sumisión a los que oprimen? Nadie querrá tomar parte de la cosa pública por el miedo que inspira el gobierno, nadie se tomará el menor interés por los asuntos de la sociedad, porque eso desagrada a los gobernantes. Y todos sufrirán pacientemente el atentado que se comete en un miembro de la sociedad; nadie se atrevería a defender al vecino que cae víctima de un atropello; todos procurarán silenciar los malos actos de los que "mandan" para no verse envueltos en un conflicto, y el embuste, la falacia, el egoísmo quintaesenciado por una educación que tiene mucho de la que se imparte en los seminarios y en los cuarteles, normarían las relaciones de los ciudadanos en esa sociedad de hipocresía y de infamia.

Mucho hay ya de eso en la época actual; pero se agravará el mal si los hombres honrados no lo remedian. El miedo al que "manda" ha llegado a un alto grado; se silencian los atentados, se ocultan las malas acciones de los déspotas para no sufrir un perjuicio sin fijarse en que el perjuicio real está en que se pervierta y se disuelva al fin la sociedad por el embuste, por el egoísmo, por la cobardía de sus miembros.

Vamos derecho a un precipicio. Una poca de viril entereza puede salvarnos.

– – – – NOTAS – – – –

1 Ramón Pardo (1872-1940). Médico y político oaxaqueño. Profesor del Instituto de Ciencias y Artes de su estado natal, institución que dirigió en varias ocasiones. En 1910 fue vocal del Club Central Reeleccionista y en 1913 dirigió el Club Central Felicista. A partir de 1920 ocupó diversos puestos en la administración del Estado. Autor de numerosos estudios científicos y de filosofía jurídica.