Anakreón
El Colmillo Público,núm. 139, 6 de mayo de 1906, p. 287, 288

El Programa del Partido Liberal

Creemos que todos los liberales de corazón habrán leído atentamente el Proyecto de Programa del Partido Liberal1 que ha dado a conocer la Junta Organizadora de Saint Louis Missouri, y creemos, también, que no habrá liberal honrado que deje de aprobarlo.

El programa es radical, absolutamente radical. Los males que afligen a la familia mexicana son de aquellos que necesitan remedios enérgicos.

No se trata de un simple paliativo. Hay que aplicar el cauterio.

La sociedad agonizaba. Envenenada hasta la médula con doctrinas de envilecedora servidumbre, estaba en condiciones de admitir cualquier yugo, aun el extranjero creyendo que por el camino de la esclavitud puede llegarse a la libertad.

Mucho se le había predicado sobre que era indispensable que depositase su soberanía a los pies de un hombre de brazo de hierro, y que, andando el tiempo, podría ir adquiriendo paulatinamente ciertos derechos, hasta que, —tal vez dentro de millones de años,— pudiera ser completamente libre.

Tanto se predicó en ese sentido; tan grande propaganda se hizo en tales mentiras, que la sociedad confiada y sumisa puso ella misma el cuello para recibir el yugo.

No se sabe qué tanto tiempo habría permanecido en esa actitud, pero tal vez habría sido por poco, pues los pueblos que voluntariamente se encadenan mueren por la conquista.

Afortunadamente, todavía a tiempo se dio la voz de alarma. Ante la evidente decadencia de un pueblo que habría sabido ser servil, los hombres que amamos la libertad extendimos el brazo para mostrar a ese pueblo del que somos parte integrante, las negras nubes que cerraban los horizontes patrios. Era la conquista que amenazaba cerrarnos el paso, no porque ejercitábamos nuestros derechos, sino por sumisos. A los pueblos altivos no se les conquista.

Y ya era tiempo de señalar el peligro. La preponderancia de los capitalistas extranjeros aun en asuntos de gobierno interior, el aumento incesante de la Deuda Pública, la absoluta falta de justicia, la influencia malsana del clero en la política mexicana y la evidente decadencia del pueblo que indiferente y sufrido no tenía una aspiración ni un deseo, todas esas circunstancias agravadas por una miseria general que provocan los impuestos excesivos que cobra la dictadura y la rapacidad de los ricos que explotan el trabajo de los obreros, sin contar la ignorancia crasa en que viven millones de parias, nos ponían en condiciones de no poder alcanzar nunca la libertad que por el camino de la resignación se nos había ofrecido, sino que, por el contrario envilecidos, hambrientos, acobardados y sin aliento para nada redentor ni grande, no habría ya yugo que nos avergonzara, ni saliva que provocase nuestra indignación.

¡Ah, qué fácilmente se envilecen los pueblos! ¡Oh, pero que caudal de experiencias hemos adquirido para el futuro!

Ahora, el Partido Liberal está próximo a tener su Programa. Excitamos a todos los que con sinceridad quieran para el pueblo un porvenir de libertad y de justicia, a que envíen a la Junta Organizadora de Saint Louis Missouri su voto de aprovechamiento. A todos los mexicanos se convocó a dar forma al Programa para que más tarde los díscolos, que no faltan, no arguyan que de un modo arbitrario se procedió a la formación del mismo. El que no haya enviado su opinión, sus luces, sus observaciones, habrá dejado de hacerlo: o porque tuvo confianza en que el resto de correligionarios lo haría, o porque no tuvo voluntad de hacerlo.

Sin embargo, todos están en libertad de hacer rectificaciones al Proyecto o de enviar nuevas observaciones, siempre que unas y otras no estén en pugna con el espíritu del Programa, eminentemente redentor.

Nosotros hacemos a la Junta una observación que, por la justicia que entraña, consideramos que será atendida: nada se dice en el Programa acerca del juicio de amparo.

El juicio de amparo es, a nuestro modo de pensar, una válvula de seguridad para evitar que se consumen atentados en la persona de los ciudadanos.

Dejar que el juicio de amparo continúe siendo como hasta aquí ilusorio, es, puede decirse, permitir que se perpetúe el abuso, y por lo mismo, la tiranía.

Hay que hacer que el juicio de amparo pueda ser pedido sin necesidad de ocupar un abogado, sino que por el hecho de recibirse la queja del atropellado, aunque no llenen las formalidades estúpidas que hoy se requieren para atender una petición de Amparo, se atienda al quejoso. Hay que hacer, en una palabra, realmente practicable dicho juicio.

Esperamos que la Junta estudiará el asunto, y que incluirá en el Programa de cláusula relativa a hacer práctico el juicio de amparo.

Desearíamos que todos nuestros correligionarios se preocuparan hondamente por el Programa del Partido Liberal, y por lo tanto los invitamos a que envíen a la Junta, ya su aprobación, o bien sus observaciones sobre los puntos que consideren deban ser reformados, o nuevas observaciones sobre puntos que encajen en el espíritu ampliamente liberal e igualitario del mismo.

Una nueva era se abre a la nación mexicana, era de actividad fecunda que la conducirá a la meta de sus grandes destinos. No creemos que el Programa del Partido Liberal sea la última palabra en materia de conquistas del oprimido sobre el opresor, del hambriento sobre el ahíto, del débil sobre el fuerte, —la humanidad tiene que hacer cada vez mejores conquistas hasta llegar a la perfección— pero sí consideramos que con ese Programa, cuando lo pongamos en práctica, se liberará la ascensión del pueblo mexicano a la altura de bienestar y de libertad con que sueñan todos los espíritus justos, todas las almas grandes.

¡Ah, cuánto quisiéramos que ese Programa hubiera estado en vigor desde la usurpación de Tuxtepec!

Otra sería nuestra condición; pero nos tocó en suerte que la ambición se entronizara y los ambiciosos no pueden tener Programas redentores; hoy, por eso, tenemos que comenzar la ascensión. No nos detengamos cuando hayamos implantado el Programa, no permanezcamos inactivos, soñemos siempre con nuevas y mejores conquistas, que los pueblos que no aspiran a realizar un ideal de felicidad sana y fecunda, son pueblos que merecen desaparecer.

Todo evoluciona, todo avanza. Hace sesenta o cincuenta años hubieran parecido sueños de poetas lo que hoy por todo el mundo civilizado reclama la humanidad. No nos rezaguemos en esa ascensión del linaje humano hacia el bienestar. Pongamos la primera piedra del gran edificio de la igualdad y la fraternidad haciendo porque en nuestra dolorida patria se ponga en vigor el Programa del Partido Liberal.

Si todos, con un entusiasmo que corresponde a la grandeza de la obra está llamada a desempeñar el Partido Liberal, nos proponemos el fortalecimiento del Partido, pronto veremos realizados nuestros ideales.

¡Compatriotas: uníos, que no quede un hombre honrado sin prestar su apoyo al Partido; que cese la indiferencia, echemos tierra sobre las envilecedoras doctrinas que nos han nutrido durante treinta años, veamos de frente el porvenir, que sólo pertenece a los hombres de buena voluntad.

– – – – NOTAS – – – –

1 Véase “Junta Organizadora del Partido Liberal. Proyecto de Programa del Partido Liberal, que se somete a la consideración de los correligionarios”, publicado en Regeneración, no. 6, año I, 3ª época, abril 15, 1906.