Anakreón
El Colmillo Público,núm. 140, 13 de mayo de 1906, p. 296

Un consejo a los trabajadores

No hay que hacer un gran esfuerzo para saber por qué el proletario mexicano no ha podido hasta hoy efectuar alguna conquista de importancia sobre el orgulloso capital. Dirigido por hombres que han visto en la gran masa obrera no un conjunto de hermanos a quienes redimir, sino un apoyo que le dé influencia cerca de los poderosos, el proletario mexicano ha permanecido esclavizado porque sus directores, en lugar de asumir una actitud independiente y francamente oposicionista, han comenzado por empujar a los trabajadores a postrarse a los pies de los gobernantes que nos oprimen.

Los Ordóñez1 los Fusco, los José María Gutiérrez F., todos esos individuos que han asumido la jefatura de los obreros ¿qué han hecho sino adular a los gobernantes para ganarse canonjías e influencias?

Bajo la dirección de tales jefes, hemos visto con dolor, todos los que con sinceridad deseamos el engrandecimiento del obrero, absolutamente desnaturalizadas las tendencias emancipadoras del trabajo. La nota culminante de las organizaciones obreras, ha sido la de un servilismo apenas dispensable en individuos que comen del gobierno, y que resulta odioso cuando es practicado por los oprimidos, por los que nada le deben al gobierno como no sea opresión y maltrato.

¿Qué resultados prácticos han tenido los Congresos Obreros2 de la república? Como no sea el afianzamiento de una curul por los jefes, nada más se ha logrado. La inmensa masa de obreros continúa esclavizada porque los pobres no supieron hacer otra cosa que adular a los gobernantes y aun nombrar a varios de esos gobernantes presidentes honorarios o socios de mérito, etc., etc.

En suma: sólo la adulación se ha practicado, y como consecuencia de esa adulación las cadenas del trabajador se han remachado, y sigue siendo, a pesar de los Congresos Obreros, el instrumento productor de oro para todos los bolsillos, —menos para los suyos,— y el mulo de carga mantenido por una escasa ración mientras puede dar sus fuerzas, para ser abandonado como bestia inservible cuando quebrantado por la ruda labor de largos años, es impotente para enriquecer a sus amos.

He aquí lo que se consigue por el camino de la adulación; la muerte miserable después de muchos años de fatiga, la vejez lastimosa en un hospital de caridad, verdadera prisión con que se premia una vida laboriosa y honrada.

No, no es adulando como se triunfa; no es dando cargos honoríficos a los magnates o pidiéndoles sus consejos como se triunfa sobre la sordidez del capital. Los magnates están unidos a los señores del dinero.

Hay que luchar con independencia y dignidad. Las grandes conquistas de los pueblos no han sido el producto de concesiones graciosas de los magnates, sino beneficios adquiridos por la energía de los oprimidos.

Palmo a palmo irá ganando terreno el proletariado mexicano, si obra con absoluta independencia del gobierno. El gobierno no quiere otra cosa que tener envilecido al trabajador para que no despierte, y es claro que no es adulando a la dictadura como conquistará el obrero sus legítimos beneficios.

Por la adulación no se ha hecho otra cosa que perpetuar la esclavitud del obrero mexicano esto es, se ha perpetuado su miseria. Hay pues que buscar nuevos rumbos, hay que dirigir los pasos por un terreno más firme.

Veamos más allá de las fronteras de la patria, para estudiar lo que en otros países ha sucedido. Por todas partes vemos a los trabajadores más o menos organizados, pero hay que fijarse bien en esta circunstancia: donde son verdaderamente fuertes las uniones obreras o "trait d’union," es en aquellas partes donde los obreros no adulan a los gobernantes ni los hacen socios honrados de sus agrupaciones.

Los obreros mexicanos deben seguir ese ejemplo, y no admitir que jefes ambiciosos los aprovechen para organizar manifestaciones en honor de los que oprimen al pueblo: papel que hasta hoy se ha hecho desempeñar a las sociedades obreras.

Se necesita una gran organización obrera; que cada gremio, unido firmemente por los lazos de la solidaridad se haga el propósito de conquistar sucesivas ventajas del capital; que las sociedades mutualistas se transformen en sociedades cooperativas; que se funden agrupaciones de resistencia; pero que no se comience por invitar a nuestros actuales funcionarios a revisar los reglamentos de las sociedades ni a conferirles puestos honoríficos, porque, entonces, la esclavitud será eterna.

Ese es el consejo que damos a los trabajadores.

Los que pensamos seriamente en el porvenir de la patria, consideramos que ella solamente será grande cuando todos sus hijos sean felices, y que irá en camino de su grandeza cuando una mayoría sea feliz. Trabajemos, pues, por ponerla aunque sea en el camino de la grandeza si es que no podemos llegar a verla completamente grande.

Ahora, una minoría egoísta es feliz, mientras la inmensa mayoría de parias se conforman con las limosnas que les arrojan los poderosos. Si se logra que la mayoría sea la feliz, habremos hecho una obra buena, habremos encaminado a la raza para que de conquista en conquista, llegue al apogeo de su grandeza.

Trabajar menos horas y alimentarse mejor, debe ser la conquista inmediata del pueblo obrero. Hay que unirse para obtener esa conquista que debe ser considerada como uno de tantos escalones que conducen a la liberación.

Uníos proletarios; formad un solo cuerpo con todos los que luchan por la libertad y juntos conquistaremos el derecho a vivir como hombres libres en una sociedad de hermanos. No os inclinéis jamás, que las manos endurecidas en el trabajo dan mejor título a ser altivos, que las cruces con que los prohombres se adornan los pechos.

El porvenir es de los que trabajan. ¡No desmayéis, obreros!

– – – – NOTAS – – – –

1 Pedro Ordóñez. Periodista. Representó a la Sociedad Unionista de Sombrereros en el Congreso General de Obreros, reunido en la ciudad de México, en abril de 1876. Presidió el Congreso Obrero de la República Mexicana, en diciembre de 1879, que promovía la formación de sociedades mutualistas en el territorio nacional. Dirigió La Convención Radical Obrera (1887), periódico que postuló a Díaz para el periodo (1892-1896).

2 Refiérese a la tradición iniciada con el Congreso Obrero de 1876, e impulsada por el oficialista Gran Círculo de Obreros de México, que agrupaba a sociedades mutualistas de artesanos y trabajadores. A partir de 1879, la organización de aquellos corrió cargo del Gran Círculo Nacional de Obreros, protegido por el gobierno porfirista.