Anakreón
El Colmillo Público,núm. 141, 20 de mayo de 1906, p. 303

¿A dónde vamos?

Todavía recordamos aquellas acusaciones que los periódicos gobiernistas hacían a la oposición tachándola de inconsecuente, de absurda, de caótica. Las primeras manifestaciones del descontento popular, recibieron la punzante burla de los asalariados defensores del despotismo. No había chascarrillo que no se aplicase a la oposición, buscándole atropelladamente un lado cómico para matarla en medio de risotadas y de encogimientos de hombros.

Los lacayos de los poderosos fingían despreciar la oposición y reían, reían de los que ellos llamaban juegos de escolares desaplicados, entrenamiento de estudiantes en vacaciones.

Se decía que la oposición no sabía a dónde iba. ¿Qué quieren esos descontentos? Esta era una pregunta eternamente repetida por los turiferarios del Poder. ¡Ah! —se contestaban ellos mismos,— quieren una curul, quieren vivir del Presupuesto!

Se tenía prevención contra todo oposicionista, porque, desgraciadamente, nunca han faltado tránsfugas iscariotes que se venden por un puñado de monedas, los ha habido en todas las causas. Apenas aparecía un oposicionista, la maledicencia rompía el freno y echaba a correr arrojándolo todo por el amplio campo de la calumnia. Para los gobiernistas, el oposicionista era un ser despreciable, holgazán, que quería que el gobierno le cerrara la boca con un candado de oro.

Pero la acusación que según los gobiernistas tenía mejor efecto, consistía en atribuir falta de orientación a los trabajos oposicionistas.

¿A dónde va la oposición? preguntaban continuamente los periódicos de la dictadura.

Ahora ya saben nuestros enemigos a donde vamos los oposicionistas liberales. Ya no podrán tachar de caótica a la oposición: vamos a la conquista de la libertad y del bienestar.

El Partido Liberal representa las aspiraciones sanas de la sociedad para salir de las tinieblas con que ha permanecido encadenada treinta años. Nada nebuloso hay en esas aspiraciones; se puntualiza todo lo que se considera necesario para poner a la nación Mexicana en aptitud de llegar a obtener un progreso efectivo y una gran libertad.

¡Cómo se engañaban los periódicos mercenarios cuando aseguraban que la oposición no tenía rumbo así como un peñasco lanzado al azar!

Era indudable que la oposición tenía un derrotero. El ciudadano atropellado en la casilla electoral, sabe que necesita libertad; la víctima de la venalidad de un juez, sabe que necesita justicia; el obrero que trabaja de sol a sol, sabe que necesita la jornada de ocho horas y un mayor salario; los que sufren los abusos de los caciques, saben que necesitan garantías; el que no tiene tierra que cultivar, mientras otros tienen de sobra, sabe que es justo que se le ponga en posesión de un pedazo de la tierra hasta hoy acaparada; en una palabra; los que sufren por la tiranía, saben que necesitan ser libres.

Sí: la oposición sabía a dónde iba. No era un barco sin timón que espera el soplo del viento para que lo empuje a cualquier playa. La oposición, consciente de su destino, ha venido marchando enérgica a pesar de los escollos, invencible a pesar de las infidencias, hasta llegar a formar su Programa que, con una bandera, sintetiza las aspiraciones sanas de una sociedad cansada de estar gobernada por el machete.

No era una cura lo que querían los oposicionistas; no era un candado de oro el que solicitaban con sus acusaciones formidables. El movimiento estaba orientado desde hace muchos años, no por un solo oposicionista ni por un grupo encarnizado, sino por todos los hombres que no habían perdido la dignidad y que han conservado la fe en el triunfo de la justicia.

Ya ven los periódicos enemigos que los oposicionistas sabemos a dónde vamos.

Hemos encauzado nuestras cóleras y discriminado nuestras ansias reivindicatorias. Nada de caótico hay en la oposición; todo está concretamente definido.

El Programa del Partido Liberal, estaba ya en la mente de todos los hombres de bien. Ante los excesos de la tiranía las conciencias claman por la justicia.

¿Qué dirán ahora los periódicos del gobierno? Callan como mudos respecto del Programa, pero su despecho los hará vomitar injurias personales. Los impotentes, como los mulos, se sirven de las pezuñas para desahogar sus iras.

Pero eso no será un obstáculo para que la gran idea eche raíces en todos los cerebros. Las almas de los humildes recibirán un consuelo. Su desventura tiene remedio, y es aquí, en la tierra, no en un cielo mentiroso, donde encontrarán la felicidad, si ellos así lo quieren. Basta querer para obtener. El hombre es desgraciado porque se resigna, porque no aspira a ser feliz.

Con suspiros y quejas sólo se consigue insolentar a los que oprimen.

El Programa del Partido Liberal debe ser conocido por todos, y en tal virtud, todo ciudadano que tenga amor a la causa de la libertad, no debe ahorrar esfuerzos por hacerlo circular. Es necesario estar convencido de que muchos hombres se resignan a sufrir, porque nunca ha llegado hasta ellos una palabra de verdad. Las mentiras que propaga el gobierno y las mentiras que propaga el fraile, forman el lamentable bagaje que muchos infortunados llevan sobre su cerebro, y es necesario hacer la paz; hay que decir que sobre el fraile y sobre la dictadura está el derecho inalienable que todo hombre tiene a ser libre y a ser feliz.

De ese modo, también, los que como los periodistas alquilados consideran que la oposición marcha sin norte hacia un destino desconocido, se convencerán de que nuestras aspiraciones son definidas y dignas de que las secunden todos los hombres honrados.

Que se sepa bien cuál es el camino que seguimos los oposicionistas en nuestra marcha, y con ello se conseguirá que muchos hombres que hasta hoy se mostraban indiferentes, secunden con ardor los trabajos del Partido Liberal hasta obtener el triunfo.

Para concluir no dejaremos de consignar un hecho; el miedo de la dictadura. Aquella risa forzada con que recibieron esos periódicos las primeras manifestaciones del descontento popular, cuando se quería ahogar la oposición en un mar de ridículo, ha desaparecido por completo. El éxito de los trabajos oposicionistas, a pesar de las burlas y de las calumnias, ha desconcertado al despotismo.

La voz de la verdad cundió gracias a perseverantes trabajos, y hoy ya son legión, los que consideran que el infortunio procede del sistema opresor que impera en la patria.

Debemos, enorgullecernos todos los liberales del terreno que hemos ganado palmo a palmo, y hacemos el firme propósito de no retroceder, sino que, por el contrario, avanzar cada vez más y engrosar nuestras filas con nuevos adeptos.

Nunca dejaremos de creer que el triunfo es nuestro. No nos desunamos los que ya estamos unidos, antes bien procuremos que se nos unan nuevos correligionarios, y, de ese modo, triunfaremos.

Que rían los lacayos, que injurien y calumnien los bellacos y los tránsfugas. Detrás de todas las risas y las injurias de los enemigos está el miedo femenil de los déspotas que azuzan sus cachorrillos para manchar una causa. Pero todo es inútil, ¡oh tiranos! Ya es tarde; el dolor que habéis llevado a los corazones se ha transformado en odio. Convenceos: ya es tarde para destruir la causa de la justicia.