Anakreón
El Colmillo Público,núm. 144, 10 de junio de 1906, p. 350, 351

El Programa del Partido Liberal

En el número 9 de Regeneración1 acabamos de ver las observaciones que diversos correligionarios han hecho, respecto del Proyecto del Programa del Partido Liberal que la Junta Organizadora residente en Saint Louis Missouri dio a conocer en el número 6 de dicho colega.

Aunque muchas de las observaciones no están de acuerdo con el espíritu netamente igualitario y progresista del Proyecto presentado por la Junta, y al cual nos adherimos en todas sus partes, nos ha sido grato ver, como demócratas y como mexicanos, que nuestros compatriotas despiertan y comienzan a interesarse por los asuntos que afectan el porvenir de la patria. Ese despertar, fecundo en esperanzas, debe reanimar a todos aquellos que hasta hoy, han asumido una actitud expectante en lo que se refiere a los trascendentales trabajos de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.

Se pide la supresión o reforma de los artículos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 10, 13, 16, 17, 18, 21, 29, 30, 34, 35, 38, 39, 40, 41, 44 y 49. Quisiéramos hablar extensamente sobre tales observaciones, pero no dispone nuestro humilde semanario de las dimensiones necesarias para hacerlo, y por lo mismo, nos concretamos a hacer un llamamiento a todos los buenos mexicanos para que se fijen en los artículos originales del Proyecto y determinen la conveniencia o inconveniencia de reformarlos o suprimirlos.

La Junta pide a los correligionarios su opinión y pasamos a dar la nuestra que, así lo esperamos, será tomada en cuenta.
Consideramos que la supresión de algunos de los artículos del Programa, por las razones que dan algunos correligionarios a leyes existentes, carece de fundamento. Las leyes que rigen a los pueblos no son, ni deben serlo, como esos fósiles que admiramos en los museos incapaces de evolución.

Todo marcha, todo tiende a reformarse según nuevas necesidades. Si se pretendiera que las leyes fueran inconmovibles como las pirámides de Egipto o el volcán del Popocatépetl, la Jurisprudencia se habría fosilizado en las Pandectas o en las Siete Partidas y México estaría regido por las leyes de Indias o la Constitución del 1824.

Toda reforma implica necesariamente oposición a las leyes que se trata de reformar, y el Partido Liberal ha sido, y es, esencialmente reformista. Si Juárez y los hombres de la Reforma se hubieran puesto a considerar que el derecho que las leyes daban al clero de tener conventos, bienes raíces, etc., saldrían lesionadas con la adopción de la Reforma, nada habría hecho nuestro Benemérito; si nuestros padres del 57 hubieran considerado que el reconocimiento de los derechos del Hombre era contrario a la existencia de los fueros y de privilegios, nuestra Carta Fundamental no se habría promulgado.

Algunos correligionarios opinan que la supresión de las escuelas regenteadas por el clero es un ataque a la libertad de enseñanza; que declarar nulas las deudas actuales de los jornaleros de campo para con los amos, constituye una violación del derecho que tienen los acreedores contra los deudores; que despojar al terrateniente de las tierras que retienen sin cultivo, es un ataque a la propiedad; que la supresión de los Jefes Políticos y del Senado no tienen razón de ser porque no se puede decir que es mala la institución por el solo hecho de que son malos los funcionarios; que el Timbre es necesario, porque no tendría fondos el nuevo gobierno para cubrir los gastos de la administración, etc., etc.

Estas y otras consideraciones vemos que hacen algunos correligionarios. La Junta, obrando democráticamente las da a conocer para que los liberales decidamos.

Nosotros proponemos que todos los artículos del Proyecto de Programa, tal como fue publicado en el número 6 de Regeneración, sean aprobados por los correligionarios. No hay que ponerse a considerar si los curas tienen derecho a educar a la juventud, sino que lo que hay que hacer es reflexionar si la educación clerical es útil o nociva a la sociedad; si es nociva, no hay que titubear: suprimámosla. Tampoco hay que parar mientes en el "derecho" que puedan tener los grandes terratenientes sobre las vastas superficies de terrenos que detentan; ocasionan la miseria pública con sus acaparamientos de tierras, y hay que quitárselas. Por el estilo son los demás artículos del Proyecto de Programa; todos tienden a hacer más efectiva la libertad, y si en virtud de esa libertad que beneficia a la inmensa mayoría de mexicanos, sufren lesiones los "derechos" de unos cuantos mimados de la fortuna, o de los frailes o se aminora el poder del gobierno, no debemos detenernos en aprobarlos.

Tal como están hoy las leyes, es atentatorio despojar al señor terrateniente de la parte de tierras que no cultive, como es atentatorio cercar al clero para evitar que embrutezca, y aun obligar a los extranjeros que posean bienes raíces a que se hagan ciudadanos mexicanos, o prohibir a los chinos que vengan a hacer más difícil la situación del obrero de nuestra raza, etc., etc.; pero las leyes se modifican según las necesidades de los pueblos; no son inmodificables como la Biblia que, año por año y siglo por siglo, propaga las mismas estupideces. Desdichada sociedad aquella que por no tocar sus leyes se privara de dar un paso adelante. ¡Ah!, está China dominada hace centenares de años, esperando que un reformador la vuelva a la vida haciendo nuevas leyes!

No; no nos detengamos. Si algunas de nuestras leyes dejan abierta la puerta para que el abuso se entronice, no titubeemos en modificarlas.
Así pues, que sea aprobado el proyecto del Programa del Partido Liberal, haciéndosele algunas adiciones que tiendan más a garantizar una libertad efectiva, o a hacerlo verdaderamente práctico, que a restringir la libertad o hacerlo impracticable. Basados en un criterio ampliamente liberal, proponemos que se apruebe el artículo de las observaciones que trata de asegurar derechos iguales a los hijos ya sean legítimos, naturales o de otra denominación pues, ciertamente, si todos nacemos iguales, es un absurdo preferir a unos hijos en perjuicio de otros; igualmente proponemos la aprobación del artículo referente a la restitución de la Zona Libre y el que se refiere a hacer expedito y práctico el juicio de amparo.

Esperamos que los correligionarios opinarán como nosotros, y en tal virtud, aprobarán en todas sus partes el Proyecto de Programa que apareció en el número de Regeneración del 15 de abril, sin modificarlo, sin quitarle nada de su primitivo espíritu igualitario y progresista, agregando únicamente lo relativo a los derechos de los hijos, al juicio de amparo y a la Zona Libre.

Quizás en la precipitación con que desempeñamos nuestras labores, olvidamos algún otro punto importante de los que han sido expuestos, que deba ser tomado en consideración. Pero lo que consideramos de más importancia es lo que exponemos.

Esperamos con entusiasmo el número de Regeneración de 1º de julio donde aparecerá el Programa del Partido Liberal, Programa que todo hombre honrado debe propagar porque él encerrará las aspiraciones justísimas de un pueblo sediento de libertad y de bienestar.

Nuevamente hacemos un llamamiento a todos los buenos mexicanos para que se inscriban como miembros del Partido Liberal, enviando sus adhesiones a la Junta Organizadora de Saint Louis Missouri.

Demostremos por medio de la unión, que no somos el pueblo que calumnian los periódicos de la dictadura sino que somos un pueblo de hombres altivos que están resueltos a estar libres.

La Junta no escatima esfuerzo por procurar la unión; ayudémosla, no dejemos toda la carga a un grupo de hombres. Cada liberal individualmente puede ayudar a hacer fuerte al Partido, adhiriéndose y haciendo que otros más se adhieran. Ya lo hemos dicho: el triunfo estará cercano si somos activos, si nos interesamos por el engrandecimiento del Partido.

A trabajar por la causa de la libertad y la justicia; que ninguno quede inactivo.

– – – – NOTAS – – – –

1 Véase “Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Adiciones y reformas al proyecto de Programa del Partido Liberal que han sido propuestas a esta Junta, y que se someten a la consideración de los correligionarios”, suscrito por la Junta el 1º de junio de 1906, publicado en Regeneración, no. 9, año I, 3ª época, junio 1º, 1906.