Anakreón
El Colmillo Público,núm. 144, 10 de junio de 1906, p. 354, 355

¡¡Solidaridad!!

Hay una verdad que debería sonrojarnos; es el hombre, el ser más inteligente de la tierra, el que menos practica la solidaridad. Y por la falta de la práctica de esa virtud, el hombre es desgraciado.

Desunidos los hombres, encastillado cada quien en su egoísmo o en su indiferencia, la humanidad es débil para marchar virilmente por la vía de su glorioso destino.

Por eso es desgraciada la humanidad, por eso los pueblos, mustios y dolientes, pasan por la vida sin dejar otro rastro que el surco abierto por sus cadenas y el eco de sus gritos angustiosos. Hoy como ayer, la humanidad es el rebaño del fraile, del soldado, del tirano y del rico, y no escarmienta, no se une estrechamente para luchar contra el enemigo común que la desvalija y la diezma, y como ayer, continúa arrastrando su miseria y dejando en las páginas de su historia gris, el hedor de sus harapos, el surco abierto por sus cadenas y el eco de sus gritos angustiosos…

La humanidad es vieja, y se conduce como niña. La enorme experiencia de su vida milenaria no da a su voluntad un átomo de fuerza y marcha por el camino de la vida, como ayer explotada, como ayer aniquilada por los audaces y los fuertes.

Es que la solidaridad no ha echado raíces en el corazón de los hombres; es que una educación malsana ha hecho que cada hombre considere a su semejante como un enemigo, y un medio social absurdo, hace que los hombres se arrojen unos sobre otros para disputarse el derecho a la vida que toda criatura humana debiera tener.

El hombre no es hoy menos feroz con sus semejantes, que lo que fue en la edad de piedra, cuando arriesgaba la vida disputando un trozo de pedernal para fabricar sus flechas, y la frase de Hobbes1: "el hombre es el lobo del hombre," se resiste a pasar a la leyenda porque el hecho existe, continúa viviendo, brutal, inexorable, para vergüenza del linaje humano.

Los hombres nos quejamos de los que nos oprimen y maltratan, y, somos injustos. Somos nosotros —el rebaño disperso,— los que por nuestra desunión fomentamos la opresión porque no nos agrupamos para defendernos, porque cuando cae alguno de nuestros hermanos no sólo no nos apresuramos a levantarlo, pero ni siquiera hacemos vibrar nuestra voz indignada. ¡Cuántas veces nuestro brazo pudo detener la mano del verdugo!

Estas consideraciones nos han sido sugeridas por una Circular que la Junta Organizadora del Partido Liberal,2 ha enviado a los periódicos independientes, para que todos los periódicos que tengamos conciencia de la misión de la prensa honrada, salgamos a la defensa de los compañeros que sufren atropellos por parte de la dictadura y sus secuaces.

Hasta aquí, el atentado cometido contra un compañero apenas si había sido consultado por la prensa dedicándose a echar un parrafillo casi sin importancia y después el silencio se hacía y el asunto se olvidaba mientras el periodista ultrajado permanencía en la cárcel sin recibir una muestra de simpatía, sin que manos generosas se aprestasen a auxiliar al paladín en desgracia.

Esta falta de unión ha retardado el triunfo de la justicia y ha colocado a los órganos de la prensa independiente en condiciones desventajosas para la lucha. Si a cada atentado de la fuerza triunfadora hubiera respondido la prensa con una protesta viril, y si no se hubiera conformado con una sola protesta, sino que hubiera continuado clamando contra la injusticia por tanto tiempo como ésta durase, la tiranía nunca se habría extralimitado como lo ha hecho, y como lo hace ahora, ensoberbecida ante nuestra falta de cohesión, hinchada de orgullo ante nuestra apatía.

La bienvenida a la importante Circular de la Junta Organizadora, que viene a recordar a todos los periodistas honrados, que en la Penitenciaría de Mérida tienen año y medio de expiar el "delito" de haber denunciado la esclavitud en Yucatán, tres mártires del periodismo independiente, los señores Carlos P. Escoffié Z., Tomás Pérez Ponce y José Vadillo. El largo cautiverio de esos dignos luchadores es injustificado, pues están acusados de injurias, delito que, aun en el supuesto de que hubiera sido cometido, está penado con un año de prisión. Hay la circunstancia, altamente vergonzosa para el buen nombre de la nación, de que ni siquiera se ha dictado sentencia contra los abnegados periodistas yucatecos, que han sido el juguete de jueces serviles que interpretan a maravilla las pasiones del famoso gobernador Olegario Molina.

También recuerda la Circular, que en Oaxaca el altivo liberal Profesor Adolfo C. Gurrión director de La Semecracia, se encuentra preso por haber enarbolado la bandera de "No reelección" contra los deseos reeleccionistas del sátrapa Emilio Pimentel; y, por último hace saber que en esta capital, el viejo luchador liberal que con tanta constancia ha luchado contra la dictadura, el bien conocido periodista independiente señor Paulino Martínez también se encuentra preso, porque ha sabido sostener erguida la cabeza cuando todos se someten.

En la referida Circular se encarece a todos los periodistas independientes que no dejen sin defensa a esos nobles luchadores y que exciten a los buenos mexicanos a ayudar pecuniariamente a los perseguidos por la tiranía que como todos los luchadores honrados, son pobres.

Aceptamos gustosos la invitación que hace la Junta Organizadora, y por nuestra parte invitamos a todos los hombres que se hayan despojado de ese egoísmo que hace miserable y esclava a la humanidad, para que envíen su contingente pecuniario a los periodistas presos. Lo que se envié a los señores Carlos P. Escoffié Z, Tomás Pérez Ponce y José A. Vadillo, debe ir a cargo del señor licenciado Tirso Pérez Ponce, calle 62 número 449, Mérida, Yuc. Lo que se destine al Profesor Adolfo C. Gurrión, se le debe dirigir a Reforma, 14 Oaxaca; y lo que se mande al señor Paulino Martínez, deberá llegar la dirección de Espalda de San Juan de Dios, número 1½, México, D. F.

Abrigamos la esperanza de que los mexicanos sabrán corresponder al llamamiento que se les hace, convencidos de que la ayuda que presten a los periodistas que se encuentran presos en diversas cárceles de la república, redunda en beneficio de la causa de la libertad y de la justicia, porque con ese ejemplo los tiranos sabrán que no están solas sus víctimas, sino que con ellas están los hombres de bien, dispuestos a hacer menos amargo el cautiverio de los luchadores que han sido separados de sus familias y de la sociedad por el delito de ser honrados.

Despojémonos de todo egoísmo. Recordemos que los pueblos son desgraciados porque no practican la solidaridad. ¿Por qué se ha perpetuado el despotismo de Porfirio Díaz, si no porque indiferentes a los desmanes de la tiranía hemos callado como mudos cuando era preciso que refulgiéramos?

¿Cuando cae un paladín de la libertad, no es una vergüenza que el pueblo se concrete a comentar el caso, en lugar de demostrar con hechos y de un modo práctico que su corazón está en el caído y contra los verdugos?

Los opresores están unidos para el mal; unámonos nosotros para el bien. Tomemos ejemplo de ellos que nunca se abandonan.

Cuando un funcionario grande o pequeño tiene encima la acusación popular, es de verse esa unión que hay entre ellos, como todos los demás funcionarios se estrechan y ayudan al tiranuelo perseguido por la opinión pública, y jueces, gobernantes, polizontes y esbirros, formando un solo cuerpo, protegen al compañero en desgracia.

¿Por qué no hacemos lo mismo los periodistas? Y la inmensa masa de oprimidos en cuyo beneficio lucha el periodista encarcelado, ¿por qué no se une también, y como un solo hombre corre en auxilio del escritor confinado en un calabozo?

Esperamos que nuestros compañeros de la prensa independientes saldrán a la defensa de los periodistas presos, y esperamos, también, que el pueblo procurará hacer menos penosa la prisión de los luchadores a quienes nos hemos referido, auxiliándolos convenientemente.

– – – – NOTAS – – – –

1 Thomas Hobbes (1588-1679). Filósofo empirista inglés partidario de la monarquía. Autor de Elementos de la ley natural y política (1640), y sobre todo Leviatán, o la materia, la forma y el poder de un estado eclesiástico y civil (1651); el postulado central de este texto es que el ser humano debe renunciar a una parte de sus deseos y establecer un contrato social que regule las relaciones entre unos y otros. La sentencia “El hombre es un lobo para el hombre”,  proviene de esta obra.

2“Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano. Circular”, suscrita por RFM y Antonio I. Villarreal, publicada en Regeneración, no. 9, año I, 3ª época, junio 1º, 1906.