Netzahualpilli
Libertad y Trabajo, Los Ángeles, California, E. U. A., núm. 4, 6 de junio de 1908

¡Esclavos luchad!

Obreros; si os sentís satisfechos bajo vuestros andrajos, inclinad la cabeza, ofreced los lomos envilecidos al látigo de vuestros amos, no murmuréis ni lancéis miradas rencorosas a vuestros capataces, porque sólo los hombres dignos tienen el derecho de criticar a los que explotan y de odiar a los que maltratan.

Muchos de vosotros os sentís mordidos por la envidia cuando tenéis a la vista un obeso señor que come bien, bebe mejor, viste elegantemente, habita casas confortables y se pasa las horas muertas contando sendos fajos de billetes de Banco y divirtiéndose como un príncipe, en tanto que a vosotros se os pueden contar las costillas, coméis mal, os envenenáis con aguardientes saturados de alumbre, disimuláis vuestras carnes con pingajos malolientes, os pudris en covachas que ni los lobos aceptarían y echáis los pulmones en tareas de presidiarios. Sí, os muerde la envidia porque os figuráis que es a la fortuna a quien debe su bienestar el obeso señor . ¡Cuán equivocados estáis!

El que se encuentra tirada una moneda, tal vez sea un afortunado, pero el que os saca las monedas de la bolsa ¿no pensáis que más bien es un ladrón que un hombre de fortuna? Es posible que la palabra ladrón aplicada a vuestros amos os parezca un tanto dura ¡estáis tan acostumbrados a respetarlos! Pero si os tomáis la molestia de pensar un poco, descubriréis que los señores del dinero deben su riqueza a vuestra ignorancia o a vuestra mansedumbre que les permite meter las manos en vuestros bolsillos y despojaros, sin que para ellos haya gendarmes de gruesos bastones que los arrastren a la cárcel.

Vuestros amos os roban a ojos vistos. Por cada peso que os dan se embolsan cuatro, cinco, seis o más. Esto lo podéis comprobar vosotros mismos comparando lo que se os paga por un trabajo cualquiera y lo que cobra el amo cuando vende o renta lo que han producido vuestras manos.

¿Entendéis ahora por qué es un ladrón vuestro amo y no un hombre al que sonríe la fortuna? ¿Seguiréis alimentando la infecunda envidia contra los que os tienen a jornal? No; ahora, si sois dignos, sentiréis cólera, esa noble y fecunda pasión que os llevará un día a la conquista de la Libertad, de la

Igualdad y de la Fraternidad.

Oídlo bien, esclavos: vuestros amos no tienen derecho a ganar nada, y sois vosotros, los que os deslomáis, los que tenéis el derecho a ganarlo todo.

Es posible que alguno de vosotros, queriéndola echar de avisadillo, replique que es justo que los amos ganen algo, puesto que arriesgan "su" dinero. ¡Su dinero!

Pues bien, escuchad: ese dinero no pertenece a vuestros amos, sino a vosotros, porque antiguamente la tierra, los bosques, los manantiales, todo era de todos: pero algunos bandidos se lo apropiaron todo para sí, dejando a los demás sin un terrón donde reclinar la cabeza. Desde entonces, los despojados para poder vivir, tuvieron que trabajar para provecho de los despojadores; los robados quedaron al servicio de los ladrones, primero como esclavos, más tarde como siervos y hoy como obreros. La diferencia que hay entre vosotros y los esclavos, no es grande, pues consiste solamente en que vosotros podéis escoger vuestro dueño, esto es, vuestro patrón.

Los descendientes de aquellos bandidos son los que os explotan con "su" dinero que recibieron por medio de la herencia, sin sudar, sin arriesgar nada, dinero que detentan porque sus ascendientes no lo hicieron: lo abarataron a los que lo tenían.

Nadie puede enriquecerse honradamente. El que no se enriquece despojando por la violencia a los demás, lo logra por medio del fraude y del engaño si es comerciante o banquero, o alquilando las fuerzas de los que no poseen nada si es industrial.

Después de saber esto, si os sentís satisfechos bajo vuestros andrajos, no alcéis la vista, porque solo los hombres de vergüenza tienen el derecho de ser altivos.

Pero si sois hombres de vergüenza, uníos compañeros, formad un solo cuerpo, tomad las armas y luchad como buenos para demostrar ante el mundo que los mexicanos somos dignos de ser libres y felices.

Vengad a los mártires de Cananea y de Río Blanco1. En el Valle Nacional, en Quintana Roo y en Tres Marías, las Siberias del Czar zapoteca, agonizan vuestros hermanos. En las cárceles y en los cuarteles desfallecen los mejores y más altivos obreros.

Alistaos sin pérdida de tiempo, porque la revolución está próxima a estallar.

¡Arriba los que sean hombres!

– – – – NOTAS – – – –

1 Huelga de Río Blanco. Realizada en las fábricas textiles de Río Blanco, Santa Rosa y Nogales del 7 al 11 de enero de 1907; promovida por los trabajadores agrupados en el Gran Círculo de Obreros Libres, en respuesta al reglamento impuesto por el Centro Industrial Mexicano. Los huelguistas fueron reprimidos por el ejército, con un saldo de casi 200 muertos. Los impulsores de la huelga fueron aprehendidos y un número indeterminado de ellos fue sometido a trabajos forzados en Valle Nacional. Las labores en Río Blanco se reanudaron bajo vigilancia militar.