¿Es usted pederasta o no lo es, señor “Coronel”?

Dos cargos precisos he formulado contra Antonio I. Villarreal: el de ser pederasta y el de ser asesino cobarde. Le he precisado lugares y nombres y circunstancias para refrescarle la memoria, si es que casos como esos pudieran olvidarse. ¡Nada contesta! En lugar de hacer un esfuerzo para convencer a sus amigos, si es que los tiene, de que son calumnias las que le dirijo, se sale de la cuestión, la rehuye, teme enfangarse más, porque se harían públicos los detalles bochornosos de sus amoríos inexplicables, de sus ultrajes a la naturaleza… Saldrían a la luz minuciosidades desagradables para los que las leyeran.

Este héroe de la inmundicia, babea y se retuerce; pero en vano. Los dos cargos están en pie. Quiere, echándome lodo, desviar la atención, que ya nadie se fije en él, que ya nadie interrogue sobre si es cierto o no es cierto lo que digo. Por mi parte, he contestado a todos sus cargos y voy a seguirle contestando para demostrarle que de mi parte está la buena fe.

Ahora son tres los que me insultan: el pederasta y asesino Antonio I. Villarreal, el judas y esbirro Juan Sarabia y un pobre idiota que salió de la miseria casándose con una rica: Manuel Sarabia.[1]

Los principales cargos que me hacen son estos: chantajista, cobarde, despechado, depravado y comunista; pero oigamos lo que dice Villarreal a este respecto: “Se llama comunista y lo es únicamente en que permite que su mujer sea propiedad común de todos los hombres de mal gusto.” ¿No es este un desahogo digno de un afeminado? ¿Qué tiene que ver en el asunto que se ventila la honra de la madre de ese desgraciado y de sus hermanas, para que yo me ocupase en mancharla?

Vamos por partes. Dicen estos majaderos, y con ellos el negrero Camilo Arriaga, el hábil financiero Gustavo Madero que tan bien se ha aprovechado del río revuelto para embolsarse millones y el payaso del “sufragio efectivo,” Francisco I. Madero, que yo pedí a este último una cantidad de dinero durante el año 1905. Dicha cantidad no fue pedida para mí. En el invierno de 1904 a 1905, cuando Juan Sarabia, mi hermano Enrique, Camilo Arriaga y algunos otros publicábamos Regeneración en San Antonio Tex.,[2] fuimos perseguidos de muchas maneras por los esbirros de Porfirio Díaz. No se nos dejaba en paz porque no rendíamos nuestra actitud resuelta y digna, como no se nos deja en paz ahora, y estando algunas de las autoridades de San Antonio enteramente vendidas a la Dictadura de Díaz, nos encontrábamos por completo a merced de los rufianes que Díaz pagaba para asesinarnos o buscarnos camorra. Resolvimos TODOS los del grupo emigrar a alguna ciudad en que pudiéramos, con más tranquilidad, entregarnos a nuestras labores que más tarde habrían de tener como resultado la Revolución que en estos momentos asombra al mundo.

Siempre hemos vivido en la miseria; en aquella ocasión, como en todas, no teníamos para sufragar nuestros gastos de transportación a St. Louis, Mo., ciudad que TODOS escogimos para residir, y reanudar en ella la publicación de nuestro periódico. Arriaga nos sugirió la idea de pedir un préstamo a Francisco I. Madero, que en aquella época se decía admirador nuestro, que en aquella época nos consideraba como los salvadores de la dignidad de la raza mexicana, que en aquella época me escribía cartas llenas de adulación y de servilismo, que en aquella época me llamaba héroe, escritor valiente, digno luchador y cosas por el estilo en sus cartas difusas y empalagosas. Aceptamos TODOS y pedimos prestado algún dinero a nuestro admirador Francisco I. Madero, lo indispensable para llegar a St. Louis y reanudar sin pérdida de tiempo la publicación de Regeneración.

Llegamos a St. Louis, y activamente procedimos a la reanudación de nuestros trabajos. Con el poco dinero que quedaba, enviamos por el compañero Librado Rivera y su familia que aún estaban en México por falta de recursos. Ese dinero fue invertido en los trabajos de la causa, como no pueden negarlo los renegados Camilo Arriaga, Antonio I. Villarreal, Juan Sarabia, Manuel del mismo apellido y algunos otros. A Villarreal lo encontramos muriéndose de hambre en St. Louis, así como a sus hermanas y a su viejo padre, un tal Próspero, contra quien nos previnieron buenos amigos de Lampazos, la tierra del maricón, el “nido” de los asquerosos amoríos del “coronel del los 41.”

Tendimos la mano a Villarreal, quien aceptó agradecido algo de lo que prestó Madero, pues que salvaba a él y a sus hermanas y a su padre de salir a la calle a tender la mano a los transeúntes para no morir de hambre, pues hay que saber que el “coronel” prefiere la muerte a tomar el pico y la pala para salvarse él y salvar a los suyos del hambre y de la humillación.

Le pagamos casa a Villarreal y su familia le pagamos casa a Camilo Arriaga y su mujer e hijos, llevamos a St. Louis a la anciana madre de Sarabia (Juan), quien tuvo que vivir aparte por el odio que le profesaba Manuel. El periódico costaba mucho dinero; pero a fuerza de sacrificios, continuábamos publicándolo. Camilo Arriaga probó ser una sanguijuela insaciable. De todos los gastos que se hicieron para reanudar la publicación del periódico, el transporte de los útiles de imprenta, la compra de nuevos útiles, la instalación de las oficinas, etc., etc., él solo gastó la tercera parte del préstamo que a TODOS nos hizo Madero, préstamo de MIL QUINIENTOS PESOS y no tres mil, como lo asegura el famoso “coronel.” Arriaga quería vivir de parásito. Con hábitos de aristócrata, no quería prestarnos ayuda alguna en nuestros trabajos; pero sí quería darse la gran vida a costa nuestra. Lo corrimos y entonces comenzó a cartearse con el Chato, a llorarle, a lamerle los pies, contándole sus desventuras en el destierro y tanto intrigó, que hizo que el Chato nos cobrase con exigencia el préstamo que nos había hecho, mandando un abogado para que nos demandase ante las cortes. Regeneración estuvo a punto de morir gracias a la confabulación del negrero de la Laguna y del otro negrero, Camilo Arriaga, aquel que pagaba con golpes y escupitajos el trabajo de los proletarios de San Luis Potosí.

Naturalmente, no pudimos pagar la cantidad que el Chato nos había prestado. Juan Sarabia, Manuel (el braguetero), todos, en fin, estaban persuadidos de que el periódico atravesaba por una crisis terrible, como siempre ha ocurrido, como ocurre actualmente. Nos deslomábamos en el trabajo, como nos deslomamos actualmente; pero las entradas de dinero no correspondían a nuestros afanes, lo mismo que sucede hoy, pues un periódico de la índole del nuestro no cuenta con el decidido apoyo del gobierno y de sus hombres, como Regeneración Burguesa, de la ciudad de México, que está pagada por el gobierno para aniquilar nuestra propaganda.

Tal es la historia del dinero prestado por Francisco I. Madero, mi adorador de entonces y mi enemigo encarnizado de hoy, el que me llamaba hijo predilecto de México y hoy me llama traidor a la Patria, el que me consideraba “hombre excepcional” y hoy quisiera beberme la sangre, el que me apodaba salvador del pueblo mexicano y hoy se confabula con Taft para secarme en las prisiones de este país.

Hablan el pederasta y sus congéneres de otro préstamo que exigí de Gustavo Madero, un tuerto hermano de Francisco. La historia es sencilla. La esposa de mi hermano Jesús, el actual Subsecretario de Justicia y Mecenas de los degenerados que garrapatean la Regeneración Burguesa, me puso telegramas y cartas urgentísimas desde la ciudad de México, diciéndome que mi hermano Jesús estaba bastante apurado de dinero, que tenía no se qué urgente compromiso pecuniario y que hasta se había enfermado por no poder cumplir con el dicho compromiso. Alarmado por la salud de mi hermano, escribí a Gustavo pidiéndole que me prestara no me acuerdo cuánto; pero que no me enviase el dinero, sino que se lo enviara a la esposa de mi hermano. Nunca prestó el dinero ese miserable que se decía amigo mío; y si es hombre, lo desafío a que publique mi carta para que se vea que es cierto lo que digo.

Otro cargo se me hace: que me robé el dinero destinado a la madre del “mártir.” Tomáos la molestia de sumar todo lo recaudado, y que apareció en las columnas de Regeneración, para ver si suma quinientos pesos, como asegura el héroe de mil batallas amorosas con personas de su sexo.

Cobarde, me llama Villarreal porque no he empuñado un fusil para lanzarme a la lucha armada. Dice que me conformo con estar enviando gente al matadero; pero que soy incapaz de ponerme al frente de uno de tantos grupos de compañeros que luchan bajo la Bandera Roja. Esta Revolución no es de las que duran seis meses. Esta Revolución tiene que ser de muy larga duración. Va ha durar años y más años, como que no se trata de quitar a un presidente para poner a otro en su lugar, sino de cambiar las condiciones económicas, políticas, sociales y morales existentes, por otras que estén en armonía con la cultura de la época, con las necesidades del proletariado, con las aspiraciones de los hombres y de las mujeres inteligentes que ya no quieren gobernantes porque han comprendido al fin que los gobernantes son nocivos al desarrollo y perfeccionamiento de la raza humana, desde el momento que su misión es sostener por medio de la fuerza la desigualdad y la injusticia sociales. Tiempo hay, y de sobra, para encontrar oportunidad de perder la vida. Un luchador no solamente puede perder la vida en los campos de batalla: también la puede perder al dar vuelta a una esquina, en el fondo de un calabozo o de cualquiera otra manera. ¿No ofrece el Chato cincuenta mil pesos al rufián que tenga la mala idea de clavarme como a una mosca? ¿No están ya juramentados varios “borregos” para hacerme ceniza en la primera oportunidad?

Villarreal, por lo demás, no puede gloriarse de ser un valiente. Ahí están Amado Aldape Hernández, Frank Luis, Cástulo Juárez… y muchos otros que lo vieron temblar como una venada cuando huyó cobardemente a refugiarse a Cuchillo Parado un día en que el esbirro Escudero Gordillo tuvo la humorada de dar un sustito a los “valientes” sitiadores de Ojinaga. Tengo cartas de esos compañeros en que me hablan de la cobardía del “coronel” de los 41, don Antonio I. Villarreal, el que dice que ha vivido una vida de abnegación y sacrificio… haciéndose pagar sus condescendencias con el barbero de Lampazos.

Por último, Villarreal me reta a singular combate: dice que él se compromete a armar un grupo de hombres, tal vez de “41” individuos, y ofrece darme batalla en cualquier lugar (sin duda detrás de una cerca providencial como la que ocultaba, discreta, sus expansiones con el barbero), con la condición de que, si él cae en mis manos, lo ahorque desde luego y si yo soy el que cae en las suyas, me escupirá y me enviará a una casa de locos… ¡tan valiente que es el miserable felón que mató a la mala a José Flores!

Palabras, palabras, palabras. No hay en los pobres escritos del afeminado nada que revele talento, originalidad, buena fe. Me insulta, me calumnia, me llama despechado. Si yo fuera un sinvergüenza como es él, sería, cuando menos, Ministro. ¿No han andado al trote los comisionados de paz tratando de hacernos deponer nuestra actitud agresiva? ¿No se nos suplica en todos los tonos que nos pongamos de lado de los ricos y demos la espalda a los pobres? Con sólo abrir la boca nos darían Estados que gobernar, carteras de Ministros, altos y lucrativos puestos públicos. La importancia de nuestro movimiento esencialmente comunista y antiautoritario, movimiento que responde a necesidades reales sentidas por los pobres y que tiene en estos momentos en convulsión al pueblo mexicano; la importancia, repito, de este movimiento, la reconoce el gobierno de de la Barra que celebra consejos de ministros diariamente para estudiar la manera de detener esta Revolución por medio de leyes agrarias, de promesas a la clase trabajadora, de pasadas de mano por el lomo de los humildes tan candorosos, a pesar de las lecciones de la historia que enseñan que no ha habido un solo gobierno en el mundo que haya puesto en las manos de los proletarios la riqueza que detentan los burgueses.

Este movimiento cuya seriedad reconocen el gobierno y la burguesía de México y el gobierno de los Estados Unidos, tendrá que seguir su curso natural cualquiera que sea la suerte que a los miembros de la Junta nos toque. Nadie podrá detenerlo ya. Hay suficiente número de trabajadores mexicanos conscientes para continuarlo hasta su fin.

Se me pasaba decir algo sobre los cinco mil pesos que dicen los barberos de Madero que pedí al desdichado Enano. En efecto, José de la Luz Soto vino enviado por Madero a fines de agosto del año pasado, con el fin de inducirnos a que trabajásemos unidos contra Porfirio Díaz. Villarreal se lamía los bigotes viendo buen negocio en perspectiva; pero se puso frío cuando le dije a Soto que solamente haríamos eso en el caso de que se le quitase a la lucha maderista el carácter personalista que la distinguía y adoptasen los maderistas un programa de lucha esencialmente económico, y solamente en este caso, tendría Madero que dar cinco mil rifles a los liberales , y no cinco mil pesos como mentirosamente dice el prostituido “coronel.” Soto regresó a San Luis Potosí, donde se encontraba el “Sol Madero” y nunca obtuvimos noticia del resultado de su gestión. Entonces, y en vista de que Madero embaucaba por medio de más comisionados a los liberales diciéndoles que estábamos de acuerdo con él para iniciar el movimiento revolucionario, enviamos una comunicación a Madero, firmada por Praxedis G. Guerrero, mi hermano Enrique, Librado Rivera, yo y Villarreal, en que nos quejamos de que sus comisionados anduvieran engañando a nuestros compañeros, abusando de la circunstancia de que Regeneración no podía entrar a México. Hicimos presente a Madero, que no era leal ese sistema de engañifas, toda vez que él no había resuelto todavía si aceptaba luchar por un programa económico. Madero contestó diciendo que solamente los socialistas podrían luchar bajo la bandera del Partido Liberal Mexicano; que él de ninguna manera podía aceptar nuestro programa económico porque SE LE RETIRARÍAN VALIOSOS ELEMENTOS. Esos elementos eran los millones de la Standard Oil Company que Madero se embolsó para derribar a Díaz que sostenía a la Compañía rival de la de Rockefeller; esos elementos eran los millones que los capitalistas americanos le dieron para un movimiento en que, según confesión de Francisco Vázquez Gómez, no puso casi nada de dinero y sí se embolsó todo cuanto pudo.

He contestado los cargos que se me hacen. ¿Contestará ahora Villarreal a los dos cargos que le hago de ser un pederasta y un asesino felón?

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm.58, octubre 7, 1911.



[1] Manuel Sarabia (1883-1913). Periodista potosino. Al lado de su primo Juan y de Camilo Arriaga, colaboró en los periódicos liberales El Demófilo, Renacimiento y El Porvenir. En 1903 se estableció en la ciudad de México, donde se integró a la redacción de El Hijo del Ahuizote y formó parte del Club Liberal Redención. A partir del año siguiente se exilió en los Estados Unidos. Colaboró en la segunda y tercera épocas de Regeneración. Fungió como segundo vocal de la JOPLM. En junio de 1907 fue secuestrado en Douglas, Arizona. Se le trasladó a territorio mexicano y fue devuelto a Estados Unidos a causa del escándalo suscitado. En 1908 fundó El Defensor del Pueblo en Arizona y colaboró con la revista The Border. Al lado de su esposa, Elizabeth Trowbridge, viajó a Europa en 1909. Bajo el seudónimo “M. Saratoga” publicó en la prensa radical española diversos artículos denunciando las atrocidades del régimen de Díaz. En 1911 retornó a Estados Unidos y al siguiente año se estableció en la ciudad de México donde murió.

[2] Regeneración salió a la luz en San Antonio, Texas, del 5 de noviembre de 1904 al 18 de febrero de 1905.