La situación

Cada vez es menos sólida la posición del gobierno mexicano. El principio de Autoridad es ya objeto de risa de uno a otro confín de la República. Se juega con el gendarme, se apedrea y escupe al soldado. Los levantamientos armados se suceden vertiginosamente por todas partes. El reyismo se levanta en Veracruz apenas llegado su amo a tierra de los Estados Unidos. Los yaquis, convencidos de la deslealtad de Madero, se levantan y enarbolan la Bandera Roja. Los liberales del Distrito de Altar, Sonora, traen en jaque a los maderistas asesinos de Cardoza[1] y tantos otros camaradas. Tamaulipas es recorrido de Norte a Sur y de Orinte a Poniente por las fuerzas liberales. Nuevo León es trato igualmente de actividad revolucionaria, y los hacendados ante el peligro de la expropiación, se conciertan y libertan a sus peones de las deudas seculares que los atan a las haciendas, sin que por eso disminuya el peligro. Michoacán ve extenderse como mancha de aceite el ejemplo de la expropiación de la tierra. Oaxaca contempla los autos de fe en papelotes de las oficinas públicas, y la burguesía espantada abandona Silacayoapan, Huajuapan, Salina Cruz y muchas otras poblaciones, haciendas y ranchos en manos de vecinos resueltos que toman la tierra. Puebla, invadido por fuerzas revolucionarias expropiadoras por el lado Sur, pretende en vano detener la corriente del movimiento justiciero que avanza hacia los distritos del Norte. Ambrosio Figueroa se enronquece llamando al “orden” a los habitantes del Estado de Morelos que no quieren dejar la presa, la hermosa conquista que obtuvieron enmedio del torbellino revolucionario: la tierra. Las bombas de dinamita vuelan en mil pedazos las residencias de los negreros de Yucatán. En Guerrero, numerosas tribus indígenas comunistas, están fusilando burgueses y autoridades y tomando posesión de la tierra. En Chiapas, los esclavos se han levantado por miles y se dedican a decapitar burgueses, y, así, por todas partes se escucha la formidable explosión de la bomba de dinamita, el grito aterrador de los esclavos que han comprendido que deben ser libres, los golpes de la azada sobre la tierra libre ya de amos donde se ha llevado a cabo la expropiación.

No podía morir la Revolución por el pacto formado entre dos bandidos, ¡y no murió! ¡Y no murió porque quedaron en pie las formidables causas que hicieron que el pueblo se rebelase: miseria y tiranía!

La prensa burguesa de la ciudad de México refleja la situación de cien maneras: en artículos en que se manifiesta con terror el avance formidable de los principios expropiadores del Partido Liberal Mexicano; en caricaturas en que se expresan las tribulaciones de los llamados leaders al ver que el pueblo tomó en serio la cuestión agraria.

El gobierno ofrece miles y miles de pesos a los liberales que están sobre las armas. Ante el movimiento armado de los liberales tiemblan por igual burgueses y tiranos. Es que Reyes no va contra el Capital y la Autoridad como principios, mientras los liberales vamos contra toda imposición y toda explotación.

No desmayéis, compañeros.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 58, octubre 7, 1911.



[1]  Véase supra RFM “Las infamias de Madero y sus secuaces”, en Regeneración, 4ª época, junio 3, 1911.