La importancia del movimiento económico, reconocida por los hombres del gobierno mexicano

¡Tierra y Libertad! Este grito sublime que comenzó a ser escuchado el año pasado, en México, en puntos muy apartados los unos de los otros, es ahora el clamor universal del pueblo mexicano, y, en grandes extensiones territoriales, ya no es clamor: es HECHO CONSUMADO.

Todos aquellos que, informados de nuestra miseria, rieron a carcajadas cuando nuestros primeros puñados de valientes clavaron en la virgen tierra de México la bandera de las reivindicaciones proletarias, la ya gloriosa Bandera Roja, vuelven ahora por todas partes los ojos azorados; ya no sólo se pide, sino que se toma.

Los más tímidos, los que todavía creen que pueda haber algún día un gobierno bueno, se limitan a pedir; pero de todas la bocas se escapan estas palabras: ¡Tierra y Libertad! que son las que están inscriptas en letras blancas en la Bandera Roja de los libertarios mexicanos.

Este formidable movimiento, tan despreciado hace un año, es ahora origen de zozobras, de temores, de inquietudes para los que ya tienen la panza llena y para los que aspiran a llenarla por medio de un empleo en la administración pública.

En menos de seis meses, la tierra ha sido tomada por los proletarios en grandes extensiones de los siguientes Estados: Yucatán, Morelos, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Puebla, Sonora, Jalisco, Territorio de Quintana Roo, Veracruz, Sinaloa y algún otro, cuyo nombre se escapa a mi memoria en estos momentos. En otros Estados, como Chihuahua, Durango, Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, Territorio de Tepic y otros, la agitación agraria es intensa. Cualquier lector atento de Regeneración, habrá podido encontrar en las columnas de periódico, hechos que revelan la existencia de esa agitación por la tierra, agitación que ha sido revelada, no por  nosotros, sino por la prensa burguesa de la cual hemos tomado las noticias, para que no se nos suponga “fabricadores de supuestas revoluciones,” como más de un mentecato se ha atrevido a decir.

En estos últimos seis meses, miles de pueblos se han negado a pagar contribuciones, alegando esos pueblos que la Revolución tiene por fin acabar con toda clase de impuestos. En estos últimos seis meses, centenares de individuos que representaban a la autoridad, han sido muertos por hombres dignos que comprenden que el principio de autoridad es origen de esclavitud y de miseria para los pueblos. Jefes Políticos, Presidentes Municipales, Jueces, policías, etc., han muerto por centenares. En cuanto a burgueses ejecutados por trabajadores indignados, durante estos últimos seis meses nada más, la cuenta asciende a una cifra que pone en punta los pelos de todos los explotadores nacionales y extranjeros.

Las ciudades de importancia de México están llenas de burgueses que van huyendo de los distritos rurales y fabriles, sin contar los millares de burgueses que no sintiéndose tranquilos en las ciudades de México, han venido a sentar sus reales a este país.

Casi todos los días se celebran consejos de ministros para estudiar un medio “práctico” que resuelva la cuestión de tierras. Los políticos de todos los matices, queriendo halagar el sentimiento general, ponen en sus programitas algo relativo a tierras. Los periódicos burgueses se ven forzados a abogar porque se tome interés en la solución del problema agrario. Por supuesto que tanto el gobierno como los periódicos burgueses, a pesar de que consideran que es necesario apagar de alguna manera “esa sed de tierra de que está poseído el pueblo,” según propia confesión de los más notables políticos mexicanos, presentan proyectos de solución del problema que los espanta; pero a su manera, esto es, procurando que los intereses de la burguesía no sufran; pero como quiera que sea, el interés de la clase privilegiada por la solución de ese problema, nace del hecho de que existe en todo el país un intenso sentimiento en contra de los ricos, exteriorizado ya en hechos en muchas regiones y amenazando llegar al mismo resultado, en toda la extensión de lo que se llama República Mexicana.

Nadie puede negar que se ha llegado a este grado de descontento consciente contra la Autoridad y el Capital, por medio de la acción revolucionaria del Partido Liberal Mexicano y por medio de la propaganda incesante, enérgica, tenaz, y, digámosle de una vez, audaz, de nuestros compañeros libertarios. Nuestra palabra, a veces ruda, porque así se necesita para sacudir energías dormidas, para despertar y robustecer nobles aspiraciones de libertad y de justicia efectivas, tiene resonancia entre los oprimidos y muchos de los que ayer vieron en Madero al Mesías que venía a redimirlos, se han convencido al fin de que ese hombre es solamente un farsante como todos los que aspiran a encumbrarse sobre los hombros de los humildes.

Así, pues, el Partido Liberal Mexicano, ha conquistado gran influencia en los destinos del pueblo mexicano, y cada vez esa influencia es mayor, hasta el grado de preocupar hondamente a políticos burgueses, frailes y autoridades. A esa influencia se debe que todos los que viven sobre el pueblo, se “preocupen” ahora por “aliviar” la suerte del que sufre. ¡Hasta hoy se han dado cuenta de que hay pobres! ¡Hasta hoy que tienen frente al rostro mofletudo el puño airado del proletariado mexicano, se han dado cuenta de que hay millones de seres humanos que sufren hambre, desnudez, miseria abyecta!

Sin embargo, no faltan pesimistas, no faltan “sensatos,” “cabezas frías,” hombres “prudentes” que en presencia de los hechos, “dudan” todavía de que un verdadero movimiento económico se está desarrollando en México y que el comunismo puede ser el resultado de ese movimiento que decapita autoridades, que hace que el pueblo se niegue a pagar contribuciones y que empuja a los desheredados a tomar posesión de la tierra y de los útiles de trabajo.

En Regeneración hemos venido dando cuenta de las expropiaciones de carácter revolucionario que se han estado efectuando no por sabios, no por sociólogos, no por personas que poseen títulos universitarios, sino por personas que sienten la necesidad de alimentarse para conservar su vida y la de la especie, y tienen valor bastante para hacer pedazos las leyes protectoras de los privilegios, para derribar prejuicios y convencionalismos, para desafiar a la autoridad. Esto ha sido llevado a cabo en los Estados que se mencionan en este artículo, y, como algunos teorizantes ponen sus dudas, nos hemos dado la pena de citar los periódicos burgueses que, bajo la presión de las circunstancias, se han visto forzados a decir algo de lo que realmente hay en el fondo de la Revolución Mexicana.

Ahora, transcribo parte de una entrevista que un repórter de El Diario, periódico burgués de la ciudad de México, tuvo con un General que fue aliado del revolucionario suriano, General Emiliano Zapata. Ese General es Juan Andrew Almazán. Pregunta el repórter cómo es posible que tanta gente siga a Zapata, a lo que replica Almazán: “Zapata es algo más que un hombre; es un símbolo para la gente de Morelos, el símbolo del socialismo que se ha despertado en aquella región. En ningún Estado como en Morelos, se sentía la presión del capital sobre el trabajo. En efecto, basta observar la región para ver que casi la totalidad de sus terrenos  está en poder de los hacendados y el zapatismo no es más que la reacción de los campesinos, contra el hacendado; un conflicto, en el fondo, entre el capital y el trabajo.

“¿Cuantos hombres más o menos tendrá hoy consigo Zapata?

“—Juzgo que con él están unos dos mil hombres, además de otras partidas que operan por su cuenta.

—”Cree usted que se podrá dominar por medio de las armas a este numeroso grupo de alzados?

—”Si las fuerzas regulares no han podido acabar con este fenómeno social, con este levantamiento de toda una región, mucho menos lo podrán las mal organizadas fuerzas rurales, formadas con elementos maderistas.

— “¿Qué nos dice usted de las fuerzas federales que han operado en el Estado de Morelos?

— “Debo decir que se han manejado con toda corrección, desde el General Huerta al último de sus soldados: de manera que si el fenómeno que llamamos zapatista fuera causado por la antipatía que el pueblo tiene a los federales, este fenómeno debía haber acabado… pero, como le digo a Ud., se trata de algo más trascendental, de un fenómeno social…”

Esta entrevista fue celebrada el día 14 de este mes.

Nadie puede negar ya la importancia de este sublime movimiento, y si se tiene en cuenta que el pueblo mexicano, en su mayoría, es comunista por instinto, que practicó el comunismo de la tierra hasta hace unos veinte años en que las tierras, los bosques, las aguas eran de propiedad de las comunidades, y, que, hasta llevan el nombre de “bienes comunales,” acabándose esa propiedad común cuando la burguesía comenzó a robarse esos bienes naturales, y, el capital extranjero, en combinación con el gobierno, secundó esa obra de bandidos; si se tiene en cuenta todo esto, si se estudia el carácter de la raza; pero no en libros escritos por individuos que solamente han tenido un ligero contacto con ella, sino sobre el terreno, haciendo la vida que hacen los mexicanos (me refiero, por supuesto a los mexicanos pobres), entonces no se verá con extrañeza que este pueblo sano, que este pueblo de ideas simplísimas, vaya derecho a la expropiación cuando tiene una oportunidad de hacerla y cuando ha perdido la natural timidez del ser humano de arriesgar su vida.

En algún artículo he dicho algo sobre el odio que el mexicano siente contra el rico y la autoridad.[1] Gendarmes despanzurrados son encontrados todos los días; el soldado es visto con desprecio; las casillas electorales se ven desiertas; en estas últimas elecciones, los habitantes de muchas poblaciones en muchos Estados, significaron su desprecio a la boleta electoral, saliendo en masa a los campos con el fin de no votar; el pueblo, instintivamente, siente asco por el gobierno; hablarle a un pobre del gobierno, es como si se le hablase de algo que forzosamente tiene que castigar por esto o por lo otro, pero que está instituido para castigar a los de abajo. Esta frase es común entre las personas de la clase pobre en México: “Lo mismo me da que sea Pedro o Juan el Presidente: de todas maneras sufrimos los pobres.”

No acabaría de escribir si me pusiera a hablar de las características de este interesante y simpático pueblo, que, aun los mismos “sabios” titulan de salvaje; pero es porque no lo han comprendido. Como trabajador y como inteligente es notable el pueblo mexicano. No por eso se crea que soy racista. Nada de eso. Para mi no hay razas superiores.

El gobierno mexicano está, pues, en presencia de una situación que no puede dominar. Mientras el Partido Liberal esté en pie luchando por los justos y los santos intereses de la clase trabajadora, que son los intereses de la humanidad entera, porque la humanidad del porvenir no se compondrá más que de una sola clase: la de los productores de la riqueza social; mientras el Partido Liberal Mexicano no se aparte del camino honrado que ha elegido para su actividad revolucionaria, burgueses, frailes, políticos, autoridades y funcionarios de todo genero, vivirán en constante zozobra en toda la extensión del territorio mexicano.

La importancia de nuestro movimiento está probada por las carreras de los mensajeros de paz. Ya van, ya vienen, jadeantes, apurados, deseoso cada uno de ellos de llevar al fin a sus asustados amos, la noticia de que aceptamos la traición.

Los últimos mensajeros de paz fueron Mother Jones y Joseph Cannon.[2] La señora Jones habló con de la Barra, con Madero y con mi hermano Jesús, en la ciudad de México, y vino decidida a hacernos desistir de la lucha que tenemos emprendida, siendo lo curioso que tanto la señora Jones como Joseph Cannon, confesaron que no hay pueblo en la tierra que tenga tanta consciencia de clase como el de México. Esa declaración que viene del campo contrario, deberían tomarla en cuenta los teorizantes que “dudan” de que haya en México un movimiento económico.

¡Adelante! Ni las más bellas promesas de bienestar personal ni las más negras profecías sobre nuestro fin en el calabozo o en él patíbulo, harán que retrocedamos. ¡Adelante! ¡Viva Tierra y Libertad!

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 61, octubre 28, 1911.



[1] Ídem.

[2] Joseph D.Cannon. Político y activista de la Metal Worker’s Union de Nueva York. Miembro del Partido Socialista de América. Participó en el mitin llevado al cabo en el Simpson Auditorium de Los Ángeles, Calif., el 26 de noviembre de 1907, en protesta de la detención de los miembros de la JOPLM, llevada al cabo el 23 de agosto de ese año. En 1909, durante el juicio en Tombstone, Arizona, continuó la campaña a favor de su liberación junto con la escritora Luella Twining, entre otros. Tanto Mother Jones como Cannon se entrevistaron en la ciudad de México con Francisco I Madero y llegaron al acuerdo de que los primeros buscarían disuadir a los miembros de la JOPLM encarcelados de continuar su lucha y reintegrarse a la vida política de México.