El aspecto económico y autoritario de la revolución mexicana

Hemos demostrado, más de una vez, que hay en México materia prima para el comunismo. Los mexicanos sin ser sabios, comprenden que el principio de autoridad es odioso, y que es una vergüenza pagar contribuciones para que pueda existir un sistema que sostiene los intereses de los ricos y aplasta y tiene en la miseria a los pobres.

Del periódico burgués de la ciudad de México, El Imparcial de 18 de este mes, tomo los siguientes párrafos:

“San Juan Bautista, Tabasco. octubre 17.- El Gobierno del Estado está tomando precauciones y adoptando una actitud enérgica, dadas las circunstancias, POR ADVERTIRSE ALGO PERDIDO EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD.”

Y en otra parte del mismo periódico:

“Chihuahua, octubre 14.- Se sabe que los habitantes de muchos pueblos del Estado, no pagan contribución de ninguna clase, debido a que quedaron acostumbrados a hacerlo así desde la revolución.”

No son estos casos aislados de los cuales no pudiera sacarse una conclusión general. Lo que ocurre en los Estados de Tabasco y de Chihuahua, ocurre en todos los Estados de la República Mexicana. Las autoridades de Zacatecas se quejan al gobierno federal de que los habitantes de muchas regiones se niegan a pagar las contribuciones. La misma queja han elevado las autoridades de Veracruz, de Michoacán, de Jalisco, del Territorio de Tepic, etc., sin contar las extensas zonas en todo el país donde hay grande efervescencia revolucionaria.

La actitud de esos habitantes que se niegan a pagar contribuciones no puede ser más digna. Las contribuciones sirven para que ganen sus salarios los gobernantes, los jueces, los ministros, los diputados, los senadores, los carceleros, los soldados y todos los funcionarios grandes y chicos, hasta rematar con los simples polizontes y soplones.

No hay que seguir sosteniendo toda esa polilla que sólo sirve para humillar a la clase pobre. Si quieren comer esos sinvergüenzas, ¡que tomen el pico y la pala! ¡Que hagan algo útil!

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 61, octubre 28, 1911.