¡Pobre de nuestra raza!

Hermanos desheredados mexicanos que venís a este país en pos de un poco más de pan para vosotros y para los vuestros, ved de qué manera se trata al mexicano, ved cómo es robado cínicamente, ved cómo es humillado por la burguesía de este país que es igual a la burguesía mexicana y a la burguesía de todos los países.

Feliciana Mosqueda y su inteligente hijo, el apreciable compañerito Manuel Galicia, trabajaron en Tulare, California, a las ordenes de un tal Frank Ginini. Trabajaron con ahínco, se deslomaron, sufriendo mil privaciones con la esperanza de ganar algún dinero para sostenerse. Cuando ocurrieron a pedir su pago, el tal Ginini dejó de darles nueve pesos y quince centavos, porque sí y porque sí. ¡Se trataba de mexicanos!

De esta ciudad se están llevando muchos trabajadores mexicanos enganchados para los trabajos en la vía del Santa Fe. Se les contrata aquí por dos pesos y veinticinco centavos diarios de salario; pero cuando llega el momento del pago, se les liquida a razón de un peso y setenta y cinco centavos, aparte de que no se les cuentan muchos días de trabajo y que en los libros se les anotan cantidades que nunca han pedido como anticipos. Las reclamaciones resultan inútiles, pues con un “mi no sabe,” burlan los burgueses a nuestros hermanos proletarios. En Blue Water, Estación de Santa Fe, en Arizona, ninguno de los trabajadores mexicanos ha salido conforme con los pagos que les han hecho. Francisco López trabajó diez días de septiembre y doce de este mes, y se le dieron doce pesos. ¡Son mexicanos!

Seis trabajadores mexicanos purgan en estos momentos el delito de ser mexicanos, trabajando hasta rendirse en las granjas penales del salvaje Estado de Texas. Un negrero o enganchador los sacó de San Antonio diciéndoles que iban a trabajar en Houston por un regular salario. En vez de conducirlos a Houston, los llevaron a un lugar cercano a Fort Worth, donde se pretendió ponerlos a trabajar en condiciones que no aceptaron. Pagaron lo que se les había dado de provisión por el camino y se retiraron; pero no habían caminado cinco millas cuando fueron arrestados por el delito de no querer dejarse robar por los burgueses. Llevados ante un Juez, éste los sentenció a pagar una multa de veinticinco pesos. No tenían dinero los pobres compañeros y fueron encerrados en unos chiqueros. En varias partes de Texas, Estado bárbaro por excelencia, se acostumbra poner a los “delincuentes” en manos de rapaces negreros que los explotan haciéndolos trabajar en sus granjas. Esa fue la suerte que corrieron esos pobres hermanos nuestros que todavía están trabajando para desquitar la multa que por ellos pagaron los negreros de este “civilizado” país. En pleno siglo XX, hay tráfico de carne humana en los Estados Unidos. Los pobres presos, inocentes casi todos, como los mexicanos a que nos venimos refiriendo, son expuestos detrás de las rejas a las que acuden los rancheros americanos para examinarlos. Los desnudan, les revisan todo el cuerpo, los pesan, calculan las ganancias que pueden obtener de su trabajo, y pagan la multa cargando con los pobres esclavos que van a desquitar los que por ellos pagaron los negreros, con trabajos forzados a los que se les da un valor de dos a tres pesos a la semana. Los mexicanos a los que nos venimos refiriendo pidieron protección al Cónsul Mexicano que reside en San Antonio. Nada hizo por ellos ese individuo que no desempeña otro oficio que el de policía de Madero y de la Barra.

Los trabajadores mexicanos Francisco, Antonio, Ramón y Andrés Carranza trabajaron dieciocho días en Parson, Kansas, en los trabajos de la Compañía Ferrocarrilera “Missouri, Kansas y Texas”. Se les ofreció darles un salario de un peso y cincuenta centavos diarios. A la hora de pedir su pago, se les engañó de mil maneras poniéndoles plazos y más plazos, hasta que, desesperados, ocurrieron a un abogado. Por dieciocho días de trabajo tenían que recibir veintisiete pesos; pero los burgueses se dieron maña para darles siete y ocho pesos nada más a cada uno de esos pobres mexicanos.

La vida del trabajador es vista con desprecio por la burguesía. Lo que se necesita es sacar cuanta utilidad se pueda del trabajo del pobre, y si revienta en el trabajo, que reviente: hay muchos brazos en el mercado. Así piensa la ladrona burguesía, y a eso se debe que en los trabajos de la C. C. Co., haya ocurrido una desgracia en que perdió la vida un trabajador mexicano de nombre Félix Meres, originario de Cuitzeo de Abasolo, Estado de Guanajuato, y resultaron heridos tres mexicanos más, siendo Marcos Martínez el que se encuentra más gravemente herido. La desgracia se debió a que los ingenieros de la Compañía que dirigen el trabajo de las palas, no hacen los reconocimientos que deberían de las condiciones en que se efectúa ese peligroso trabajo, pues muchas veces quedan enterradas bolsas de pólvora que hacen explosión cuando las palas chocan con ellas, principalmente si el terreno es duro.

El Hospital de esa Compañía se encuentra en pésimas condiciones. Los mexicanos son tratados a puntapiés. La compañera del herido Marcos Martínez ocurrió a verlo, cosa que logró gracias a su valor y altivez, pues el doctorcillo, al ver que entraba sin pedir permiso, le dijo: “¡salga de aquí, mexicana sebosa!” Pero la mexicana, valiente como una leona, se le encaró y escupiéndole al rostro, dijo: “¡Atrás; ni tú ni nadie pueden impedir el ver a mi compañero!” y se dispuso a abofetearlo, cosa que hubiera llevado a cabo, a no ser por la intervención de otras personas. Ahora, según se sabe, la digna mujer es tratada con toda clase de consideraciones por el mismo doctorcito. ¡La energía se impone!

A las familias de los mexicanos heridos, así como a la del que pereció, no se les ha dado indemnización alguna. ¡Son mexicanos y pobres!

Hay que abrir bien los ojos, mexicanos. En lo que se llama nuestra patria, nos patean los ricos y las autoridades, nos roban descaradamente los burgueses y se nos hace objeto de un sinnúmero de humillaciones por el delito de ser pobres. Salimos de México, y aquí, en esta nación civilizada se nos trata del mismo modo que allá. ¿Qué es lo que debemos hacer? Contribuir por cuantos medios podamos para que salga adelante el generoso movimiento por Pan, Tierra y Libertad que los libertarios mexicanos están llevando a cabo en los campos de México. Ayudad, mexicanos; ayudad sin cansaros. ¡Arriba! ¡Nada de cobardías vergonzosas! ¡Afiliáos todos al Partido Liberal Mexicano!

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm.61, octubre 28, 1911.