En defensa de los mexicanos

Los mexicanos no venimos por gusto a los Estados Unidos. Hasta esta tierra cuya población nos es hostil, porque desgraciadamente se la ha educado para odiar a todos los seres humanos que no pertenezcan a la raza anglosajona, nos han aventado el despotismo de los gobernantes de México y la rapacidad de los ricos de aquel país. Ningún mexicano trabajador podrá decir que se vino a esta nación por el gusto de mudar de clima. La necesidad, la miseria, el hambre, el caciquismo, la leva, las rondas, las ejecuciones sumarias por supuestos delitos contra el “sagrado” principio de propiedad individual, las multas impuestas con cualquier pretexto, los salarios de hambre que los burgueses dan a los trabajadores, todo esto hace que los mexicanos salgan de México por miles y miles cada mes y se internen a este país en busca de trabajo que consiguen después de sufrir muchas humillaciones, muchos robos por parte de una casta de negreros que se llaman enganchadores, de acuerdo con las grandes negociaciones para engañarlos, estafarlos y humillarlos.

Desconocedores del idioma esos hermanos desheredados, no pueden defenderse y ocurren a los cónsules mexicanos en demanda de apoyo cuando son víctimas de algún abuso; pero como los gobiernos nunca están de parte de los trabajadores, porque son los ricos los que los sostienen para que cuiden de sus intereses, los cónsules mexicanos despachan invariablemente con cajas destempladas a los mexicanos cuando ocurren a ellos, diciéndoles casi siempre: “¿quién le mandó a Ud., salir de México?” “En México hay abundante trabajo y si ustedes, se salen de allá, es porque son unos sinvergüenzas, que no aman a su “patria” y les gusta vivir de vagabundos.”

De esa manera es como se trata en los consulados a los mexicanos, por los mismos que están viviendo a costa del sacrificio y de la miseria de la clase trabajadora.

¿Qué ha hecho el Cónsul Mexicano residente en Calexico, California, en favor de los deudos de Luis García que fue asesinado el 1º de septiembre de este año por un capataz americano, por el delito de haber pedido el dinero que le correspondía por los días que había trabajado en la limpia de los canales de Valle Imperial? ¿Qué hizo el cónsul Mexicano residente en Los Ángeles en favor del trabajador mexicano Lorenzo D. Ramírez, quien fue herido alevosamente por un capataz americano en un lugar llamado Segundo, perteneciente a este Condado, por el delito de no querer trabajar en condiciones verdaderamente humillantes para la dignidad humana? ¿Qué ha hecho el Cónsul Mexicano residente en Albuquerque N. M., en favor de los deudos de los trabajadores mexicanos que perecieron en los trabajos de Santa Rita hace unos cuantos días? Y, si nos pusiéramos a hacer preguntas, llenaríamos pliegos y más pliegos de papel interrogando a los Cónsules, que si bien son excelentes policías del despotismo y de la burguesía son como la carabina de Ambrosio cuando algún pobre mexicano ocurre a ellos en busca de apoyo.

Los mexicanos están, pues, abandonados a su suerte en este país, de la misma manera que lo están en México. En los hoteles y fondas no se les admite; en las llamadas cortes de justicia, se les sentencia por quítame allá esas pajas; las penitenciarías están llenas de mexicanos ABSOLUTAMENTE INOCENTES; en Texas, Louisiana y otros Estados, se les quema vivos sin más razón que el estúpido odio contra nuestras raza; en los trabajos se les roban sus salarios por las compañías empleadoras; en las calles de las ciudades, son apaleados y estrujados por polizontes dignos de andar vestidos con plumas y taparrabos. ¿Pide un mexicano el pago de su trabajo? Se le responde con la muerte. En muchos ranchos y otras muchas negociaciones, los burgueses se dan maña para estar reteniendo el salario del trabajador por meses y aun por años, y cuando llegan esos salarios a una cantidad regular, se da muerte al trabajador.

De todas partes nos llegan quejas de mexicanos contra quienes se ha abusado. De todas partes nos llueven quejas y más quejas de trabajadores.

De Hollywood, California, se nos comunica que el 21 de octubre último perdió la vida en la piedrera el trabajador mexicano Benito García. Como para la burguesía nada significa la vida del proletario, porque abundan los brazos deseosos de trabajar, las condiciones en que se efectúan los trabajos son verdaderamente peligrosas, pues para que no lo fueran, sería necesario hacer grandes desembolsos, mientras que la vida de un hombre o de muchos hombres, nada valen. Por demás está decir que el pobre García fue levantado del campo y sepultado en un agujero sin que se hiciera la menor averiguación sobre el accidente. ¡Era un mexicano!

De Las Vegas, Nevada, nos comunican que en la línea del Salt Lake hay unos mayordomitos muy ladrones, que se roban la provisión de los pobres trabajadores mexicanos. Se nos asegura que hay un mayordomo en la Sección de Charleston, muy malo con los mexicanos, como casi todos los de la línea a que nos referimos. Dicen nuestros informes que una mañana comprendieron que iban a salir mal librados, pues el mayordomo estaba de un humor pésimo. Para no tener que verse comprometidos en líos, los trabajadores Ricardo León, Epifanio Bucomo y Pablo Izarrarás, le dijeron al mayordomo que les diera sus salarios, pues no querían trabajar más ahí. Solamente se les dieron cobijas. La provisión que tan caro habían comprado, no les fue dada ni tampoco el salario, según se nos dice. No se les permitió ni que tomaran agua para hacer la larga travesía de Charleston a Las Vegas, que son 59 millas. Se dice, y es bueno que se investigue eso, que un mayordomo llamado Thomas Canel, mató a un mexicano, Dolores Espinosa, cazándolo desde el interior de una casa, con un rifle. Se dice, también, que uno de los principales empleados de la Compañía, dijo en aquella ocasión: “esta bien hecho: a los mexicanos hay que tratarlos como a los perros.”

Sentimos no disponer de espacio suficiente, para seguir tratando algunos otros hechos que revelan el odio que se tiene al mexicano que viene a este país no a pedir limosna, sino a regar los campos con su sudor, a tender los rieles, a levantar edificios, a extraer los metales preciosos de las entrañas de la tierra, en suma, a enriquecer a la bribona burguesía, para ser tratados como animales inferiores. ¡Despertad, mexicanos, y uníos al Partido Liberal Mexicano para que pronto termine esa vida de vergüenza, de ignominia que llevamos en este país!

Uníos todos, para conquistar cuanto antes Pan, Tierra y Libertad.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 62, noviembre 4, 1911.