¡Abajo Madero!

De todos los rincones de la República se levanta este grito formidable; ¡abajo Madero! Batallones, brigadas, divisiones, artillería de todas las clases, recorren apresuradamente el país rumbo a las regiones desafectas al actual régimen. No tiene dos semanas de haber inaugurado su gobierno el pobre Enano, cuando otra vez es una hornaza aquella bella tierra. Doscientos jefes y oficiales federales han solicitado su baja del Ejército, y Madero, espantado al ver que se queda solo, no resuelve a lo solicitado: El Imparcial, de la ciudad de México, con fecha 11 de este mes, encabeza las noticias de su primera plana con este letrero: La Rebelión sigue extendiéndose por toda la República; en pleno delirio revolucionario, masas sin armas se arrojan sobre las guarniciones, saquean las  haciendas, recorren las calles de la ciudades; en Torreón, es tan alarmante la situación para el gobierno, que han sido enviados mil quinientos soldados; en Torreón, los trabajadores de todas las industrias han declarado la huelga general y son dueños de la situación, pues todas las industrias están paradas, los tranvías no se mueven, los panaderos no hacen pan, y las grandes masas huelguistas recorren la ciudad amenazando caer sobre los bancos y los grandes almacenes; toda la región de La Laguna esta llena de bandas más o menos grandes, de vazquistas, reyistas y libertarios; el Estado de Durango está casi todo sobre las armas, siendo los libertarios bastante numerosos en dicha región; el Estado de Oaxaca, arde por sus cuatro costados, y solamente falta el centro para quedar reducido a una sola lumbre; en todos los pueblos del Estado de Sinaloa, las fuerzas gobiernistas están asesinado a los habitantes; mil quinientos yaquis armados perfectamente, se niegan a rendirse y han convertido la Sierra del Bacatete en inexpugnable baluarte, enarbolando resueltamente la gloriosa Bandera Roja; todas las haciendas de campo del Estado de Guanajuato están amenazadas por los peones que amenazan tomarlas si no se les pagan buenos salarios; los políticos están declarando que el incremento que ha tomado la Revolución no se debe a que las masas tengan ideales políticos sino al hecho de que quieren CONQUISTAR EL PAN; los indios del Estado de Oaxaca declaran honradamente que luchan porque se les ha dicho que se les van a dar las haciendas, lo cual ha provocado la consternación de la burguesía de todo el país; los norteamericanos de la Comarca Lagunera, piden a Washington que se les auxilie, pues corren el peligro de ser ejecutados por los trabajadores a quienes han explotado por años; levantamientos por todas partes indican que el espíritu batallador del pueblo mexicano ha renacido más vigoroso que nunca y mejor orientado: HACIA LA CONQUISTA DEL PAN; la Autoridad, es la luz amarillenta de un fósforo brillando sin prestigio ante el sol de la Revolución; el Capital, ha perdido aquel  respeto religioso conque era considerado por las masas desheredadas; se habla de expropiación como de la cosa más natural del mundo; el Clero, a pesar de su ambición, no se atreve a lanzar sus primeras falanges dentro de ese enorme crisol donde hierven todas las tendencias, todas las ambiciones, todas las virtudes, todos los crímenes, todos los despechos, todas las ansias sanas de justicia y de amor y de igualdad.

¡Formidable caos! ¡Bendita sea esa portentosa confusión! ¡Bienvenido ese formidable DESORDEN que precede al ORDEN! Después de esta tempestad deshecha, vendrá la calma y el ambiente será más sano, porque en la hoguera habrá perecido todo lo malo. Tengamos confianza en los resultados de este cataclismo, y, sobre todo, compañeros, no escatimemos esfuerzo para que, durante este movimiento quede todo: tierras, aguas, bosques, industrias, medios de transportación, etc., en poder de los trabajadores. ¡Ahora es tiempo! ¡Aprovechémonos los desheredados! ¡Aprisa! ¡Arriba!

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 64, noviembre 18, 1911.