El zapatismo

Emiliano Zapata ofrece rendirse por cuarta vez. Tal vez hoy, como las pasadas veces, trate de engañar a Madero. Como quiera  que sea, si Zapata se rinde, no se rendirán los que comenzaron a palpar los beneficios de un movimiento económico. Los proletarios que tienen en su poder muchas de las haciendas de los Estados de Morelos, Guerrero México, Puebla y Oaxaca, como resultado del movimiento zapatista, no se rendirán. El que tiene algo material que defender, no lo suelta, prefiere perder la vida.

Si se tratase de revolucionarios que confían en promesas, el movimiento llamado zapatista moriría con la traición del que dice ser su jefe. Los  que tomaron la tierra no llevaron a cabo ese grandioso acto porque adoraban a Zapata, sino porque adoran la tierra, madre común de la humanidad. ¿Y quién será capaz, ahora, de arrancarla de sus manos? ¿Qué ejército podría exterminar a todos esos pueblos expropiadores?

Que se rinda Zapata en buena hora: no faltará un puño firme que le de una puñalada por la espalda, por traidor; pero la rendición de un felón nunca ha sido la muerte de una ansia intensamente sentida.

Lo que sí ocasionaría la rendición de Zapata, sería una carnicería espantosa porque faltaría algo de su fuerza para impedir las represalias de la burguesía y del gobierno contra las multitudes expropiadoras. ¡Proveéos de grandes cantidades de dinamita, hermanos expropiadores! ¡Usad la Flecha Regeneración!

La carnicería sería espantosa; pero los desheredados son los más numerosos y los más valientes y triunfarían al fin.

La idea de la expropiación es ya muy fuerte: pueden rendirse todos los Zapatas habidos y por haber.

¡Adelante!

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 64, noviembre 18, 1911.