En defensa de los mexicanos

Es tanto lo que se abusa de nuestros pobres hermanos mexicanos, que no podemos menos que dedicar un espacio de nuestro periódico a su defensa. Por esa razón hemos creado esta Sección que se denomina “En defensa de los mexicanos”, para en ella, si no con abundancia de detalles, al menos, de una manera corta, dar a luz  todo lo que ocurre a nuestros hermanos de miseria que vienen de México huyendo de los bajos salarios y de la tiranía, para encontrarse aquí, en este país que se dice civilizado, en condiciones que indignan, sujetos a humillaciones mil, a atentados sin cuento. Mexicanos que sufrís: esta es vuestra Sección. No estáis solos; nosotros os defendemos, pues no tenemos ni miedo a la cárcel no horror a la muerte.

El niño mártir.

El día 3 de este mes comenzó a verse la causa del mexicanito León Cárdenas, en la Suprema Corte del Estado de Texas, en Austin. Todas las farsas propias de las llamadas cortes de justicia, estuvieron ahí a la orden del día. Testigos interesados en que se ahorque al mexicanito levantaron veinte mil veces las sucias manos al cielo “jurando” decir la verdad. Testigos honrados, en pro de la inocencia del niño, declararon con firmeza sobre los salvajes que son los llamados “cowboys”, y el odio que, americanos de baja moralidad, sienten por los mexicanos. Se probó, hasta la evidencia que el niño era inocente. La Corte quedó de decidir en el asunto. Si la decisión fuera adversa al mexicanito, esperamos que todos estarán listos para ayudarlo, pues es inocente. El padre del niño nos dice que en su nombre, demos una disculpa a todos los que le han escrito y el no ha podido contestarles. Hay que pensar, mexicanos, en que ese hombre bueno, tiene mucho que hacer en defensa de su inocente hijito. Enviarle dinero es lo que hay que hacer con esta dirección: León Cárdenas Martínez, P. O. Box 1124, El Paso, Tex.

La autoridad solo sirve para oprimir.

Estimables compañeros de Iola, Kansas, nos refieren que el Sheriff del lugar no deja a los mexicanos ni a sol ni a sombra. Ha habido veces en que dicho Sheriff, según nuestros informantes, entra a las humildes casitas de los mexicanos trabajadores a arrestarlos sin motivo alguno, para después, según nuestros informantes, cobrarles cincuenta centavos diarios en la cárcel, POR ASISTENCIA. ¿Para qué sirve la Autoridad? Y hay quienes se asustan porque deseamos vivir sin esa polilla.

¡Las esclavas!

Compañeras enérgicas nos informan que en la Lavandería Los Ángeles Laundry, sita en la calle de San Fernando, se multa a las trabajadoras de una manera arbitraria. El año pasado llegó esa explotación a tal grado, dicen nuestras compañeras lavanderas, que hasta fue puesto un gendarme para vigilar los pagos; pero eso no fue sino atole con el dedo; la Autoridad nunca puede estar en contra del Capital, y, la prueba de ello es que siguen comentiéndose esas irregularidades porque se trata de mexicanas. No hay trabajadora que reciba sus pagos completos, por más que se deslomen para que sus amos echen panza y se den la gran vida.

¿Para qué sirven los Cónsules?

            Un estimado e inteligente compañero nos comunica que el anciano Joaquín Ledesma se quejó con el Cónsul Mexicano es esta ciudad de que su hijo, Francisco Ledesma, fue asesinado por un americano en Ashfork, Ariz. Naturalmente, como se trataba de un mexicano, el crimen quedó impune, y el pobre anciano, creyendo que para algo bueno habían de servir los Cónsules, ya que hacen la vida del sudor de los pobres, vio al Cónsul que reside en esta ciudad, sin otro resultado que salir desairado.

No les pagan.

Los estimados compañeros José S. Torres y cinco más se comprometieron a pizcar 110 acres de maíz, en el Rancho de Gorman, cerca de Holtville, California. El patrón se comprometió a pagar por ese trabajo, la cantidad de 2.50 por acre. Se firmó un contrato entre los  trabajadores y el patrón en el sentido indicado. Los compañeros, buenos trabajadores, después de dieciocho y medio días, tenían ya pizcados 771/2  acres, del mejor maíz. Entonces al patrón se le figuró que no debía pagar tanto como lo había prometido y dijo que deshacía el contrato. Se quejaron nuestros camaradas en la Corte; pero como la ley fue hecha por los ricos y en provecho de su clase, salieron desairados nuestros hermanos de miseria que se han visto de esa manera  ultrajados. Se les dijo que no se les podía pagar buen salario porque eran mexicanos. ¡Y con todo esto, hay marranos mexicanos que dicen estar muy a gusto entre gente que los explota, los patea, les arroja saliva al rostro!

Al Cónsul Elías de esta ciudad.

Quisiera yo que me dijera este individuo por qué no se ha procedido contra el americano que hirió al trabajador mexicano Lorenzo D. Ramírez.

¿Somos perros los mexicanos o qué somos, señor Cónsul? ¿Se le paga a usted, su sueldo para espiar los pasos de los revolucionarios, o para que cumpla con su deber ayudando a los mexicanos que están en desgracia?

Espero que, de hoy en adelante, desempeñará, Ud., algo mejor el puestecito que ocupa, preocupándose algo por los mexicanos víctimas  del odio de ignorantes e idiotas americanos.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 64, noviembre 18, 1911.