Matemos al enemigo con sus propias armas

Se equivocan Bernardo Reyes y Francisco Vázquez Gómez si piensan que es por ellos por quienes el pueblo mexicano está levantado en armas contra Madero, como se equivocó Madero cuando creyó que por él se había levantado el pueblo contra Porfirio Díaz.

Entonces dijimos nosotros: de hoy en adelante, no habrá paz en México, porque no se trata de quitar a un hombre del poder, para poner otro en lugar del caído, sino de resolver el Problema del Hambre.

Los acontecimientos desarrollados en grandes porciones del país, nos han dado la razón. En este lugar y allá y acuyá se toma la tierra; aquí se arrasan los sembrados como respuesta a la negativa de los patrones de aumentar los salarios y disminuir la duración de la jornada de trabajo; por el mismo motivo, en otras partes, las cosechas son aprovechadas por los trabajadores que las levantan para ellos y sus familias, considerando con buena lógica que es al que labra la tierra y pone el grano en ella, al que pertenece el producto; en otras regiones son destruidos los linderos por los peones rebelados y efectúan de esa manera la unidad de la tierra que la avaricia había limitado; más allá, muchedumbres proletarias caen como ciclones sobre las fincas de los amos y las incendian y dan muerte a los burgueses quedando dueñas de la situación; en tal región, rotos los potreros, queda el ganado para el servicio de los habitantes; aquí matan a un gendarme, allá a un juez o Presidente Municipal; en la capital de la República, son sorprendidos hombres que fabrican bombas para derribar edificios oficiales, y aun se descubrió a un hombre que espiaba los pasos de Madero para volarlo en mil pedazos con una bomba; en los pueblos se resiste a mano armada, aunque sea de piedras, a los empleados del fisco que pretenden cobrar impuestos; más de tres mil individuos de distintas partes del país, han visitado a Madero en estas últimas semanas exigiéndole que se entregue la tierra a los pobres; ¡Tierra, Tierra! es la voz general, como hasta el fastidio hemos asegurado; el hambre asoma la faz lívida y las multitudes desesperadas levantan los brazos pidiendo armas, a quien quiera que las dé, pero siempre con la idea de tomar posesión de los bienes que detentan los ricos.

Adelante, camaradas.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 65, noviembre 25, 1911.