La revolución en marcha

Sensacionales son los acontecimientos que se están desarrollando en México. Las multitudes indignadas por los fusilamientos sumarios que se han efectuado por órdenes de Madero, recorren las calles de la ciudad de México gritando mueras al que todavía ayer era su ídolo; al anuncio de nuevos y numerosos levantamientos en toda la extensión de la República Mexicana, órdenes y contraórdenes de movilización de fuerzas son dadas a cada minuto por las autoridades, aumentando con ello el pavor de la burguesía y de las gentes de “orden”; los negocios están de capa caída; las huelgas estallan sin cesar, a pesar de la política de “mano de hierro” que ha inaugurado el chacal Francisco I. Madero; las comunicaciones están paralizadas en muchas regiones, pues las voladuras de puentes, la desclavadura de rieles, la destrucción de postes telegráficos y telefónicos, menudean por todas partes; los indios de Juchitán han dado un ejemplo de sana justicia, “lynchando” al Lic. Ché Gómez por haberlos traicionado, pues habiéndoles dicho que las tierras iban a ser para ellos si lo seguían en su movimiento revolucionario, entró en tratos con el despotismo; los habitantes del Estado de Guerrero, invitados por los revolucionarios, están tomando posesión de las tierras y de las cosechas de las haciendas; pues se les hace entender que todo ello les pertenece; comisiones de muchos lugares de la República llegan a ver a Madero para pedirle tierras para sus representados; los yaquis que habían entrado en negociaciones con Madero, al ver que se trata de darles tierras sin valor alguno, en vez de las suyas, están reuniéndose en la Mesa del Mazacoba, para secundar el movimiento de sus hermanos de la Sierra del Bacatete; Cananea es un volcán; Yucatán arde; ya no hay un solo Estado de la República en que no haya levantamientos, vazquistas  unos, libertarios otros, reyistas los demás sin contar con el movimiento expropiador de Zapata; los periodistas de oposición son arrastrados por las calles de las ciudades por esbirros maderistas, como en cualquier país salvaje; otros periodistas tienen que huir al extranjero pues se les ha amenazado con fusilarlos si no lo hacen; las cárceles están llenas de miles de personas acusadas de rebelión, no escaseando entre ellas jóvenes mujeres; en el tranvía, en la cantina, en el teatro, en la barbería, en mitad del arroyo, se conspira, y, también en todas partes el espía aguza el oído…; se respira un ambiente de rebeldía y ante la catástrofe de sus ilusiones, ante el desastre de sus proyectos de dominación y de enriquecimiento, Madero se echa en brazos del Coloso del Norte y le pide su ayuda; los americanos comienzan a huir por centenares del interior de la República; en los mercados de este país están a la venta bonos de negociaciones americanas ubicadas en México sin conseguirse compradores; como quien se agarra de un clavo ardiendo, Madero ha echado mano del único recurso que le queda para aumentar su ejército: el servicio militar obligatorio, que ha levantado una tempestad de protestas; los días del reinado de Madero están contados.

Proletarios: ¿qué hacéis que no ayudáis de una manera franca? ¿Qué es lo que esperáis? Ved la Sección de Administración[1] de Regeneración y os convenceréis de que las circunstancias son verdaderamente críticas. Se está derramando sangre a torrentes y esa sangre es vuestra, es sangre de trabajadores, de parias, ¿por qué no nos ayudáis para que siendo fuerte el Partido Liberal Mexicano pueda preponderar sobre los demás que están en lucha? El Partido Liberal Mexicano es el único que tiene principios claros, basados en la ciencia. No hay otro Partido en México que luche por la emancipación de la clase trabajadora como el nuestro. Todos los partidos os ofrecen. Nosotros no ofrecemos: sencillamente os invitamos a tomar. Nosotros no queremos ser vuestros gobernantes, sino vuestros hermanos. Estudiad nuestro Manifiesto de 23 de septiembre de este año. En él veréis que nuestra ambición única es veros dueños de la tierra, de la maquinaria de producción, de todo, para que trabajéis por vuestra cuenta. ¿Qué, preferís seguir a los que os embaucan, a los que no son de vuestra clase en vez de dar la mano a los que se consideran vuestros iguales? Y los que vivís de este lado de la línea, ¿queréis seguir siendo los esclavos sin derechos y despreciados por todos tan sólo porque sois mexicanos? Responded todos; pero responded pronto. Este movimiento a favor de la propiedad común de la tierra y de las industrias, tiene ya sus cimientos; pero se necesita un esfuerzo formidable si se quiere que alcance las proporciones necesarias para no estar en riesgo de perecer; necesita adquirir una fuerza tal que ninguna reacción de la burguesía lo aplaste.

Desheredados: arrojad lejos de vosotros la indiferencia. ¿No muerde el hambre vuestros estómagos? ¿No clava el frío sus agujas de hielo en las carnes de vuestros pequeñuelos y de vuestras abnegadas compañeras? ¿No apretáis los dedos pensando si mañana al llegar al lugar en que se os explota, se os digan estas palabras: ya no hay trabajo? ¿No sentís cólera cuando ya sabéis que es injusto que vuestros verdugos los burgueses se queden con parte de lo que producís con tanto sacrificio?

Pues bien; luchad por vuestra clase al grito de ¡Viva Tierra y Libertad! Y si por alguna circunstancia no podéis luchar en los campos de batalla, entonces, ayudad con dinero. De cualquier manera, ¡ayudad!

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 67, diciembre 9, 1911.



[1] Véase Rafael Romero Palacios, “Administración”, Regeneración, núm. 67, diciembre 9, 1911.