Mátalos en caliente[1]

Porfirio Díaz nunca dijo; “tengo horror al derramamiento de sangre.”

Madero, el hipócrita, sí lo ha dicho y está resultando más sanguinario que Díaz.

La prensa de estos últimos días trae las noticias de fusilamientos llevados a cabo sin formación de causa en muchas partes del país, como consecuencia de la política de “mano de hierro” que se ha propuesto desarrollar el imprudente dictadorcillo.

En Sonora, en Chihuahua, en Durango, en Tepic, en Nuevo León, en Tamaulipas, en Baja California y en muchas partes más, los desalmados cobardes que tiene pagados Madero para que lo apoyen y lo dejen robar a sus anchas, han ejecutado a una infinidad de personas cuyos nombres es imposible relatar, muchas de ellas por el solo delito de aparecer como descontentas con la gestión administrativa del negrero de la Laguna.

Tan escandalosa ha sido esa matanza al por mayor, que el mismo Congreso de la Unión, ha llamado ante su presencia a los Ministros de Justicia, Gobernación y Guerra para que den un detalle de lo que sepan acerca de esos crímenes.

El “mátalos en caliente” de Porfirio Díaz está a la orden del día; a cualquiera se le mata sin la sombra de un proceso; pero ¿quién tiembla ahora? Estoy seguro de que el miserable asesino que desde el Castillo de Chapultepec ordena esas ejecuciones, siente más terror por su obra que la víctima que cae atravesada a balazos en cualquier parte del país.

Francisco I. Madero no durará tres meses en la Silla Presidencial digan lo que quieran esos salvajes de cartucheras cruzadas en el pecho que se llaman maderistas y que están de guarnición en las ciudades. Esos pobres diablos, dentro de pocas semanas serán pasto de los zopilotes y de los coyotes, y lo más probable es que también su amo lo sea. ¡ojalá que esta predicción se cumpla! Así pagarán las cuentas que tienen ante la justicia popular. Matar para derribar tiranías, es cosa buena; pero matar para que unos cuantos bribones se impongan sobre un pueblo para chupar la sangre, es crimen que los pueblos dignos deben castigar.

Afortunadamente el pueblo mexicano tiene bien despierto ahora su instinto guerrero; ya no tiembla ante amenazas ni se intimida ante las carnicerías de los que quieren eregirse en verdugos suyos.

Esta etapa revolucionaria promete ser la más sangrienta. ¡Adelante! ¡Ojo por ojo, diente por diente! ¡Guerra de exterminio contra los opresores, cualquiera que sea su categoría! El rural o el maderista más infeliz es tan nocivo para la causa de la libertad como Francisco I. Madero mismo.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 67, diciembre 9, 1911.



[1] Se refiere a la represión de un grupo de seguidores de Sebastián Lerdo de Tejada acusados de preparar una conspiración contra el gobierno porfiriano. Por orden presidencial, a través del famoso telegrama “Mátalos en caliente”, el gobernador Luis Mier y Terán mandó fusilar en el cuartel militar del puerto de Veracruz, el 25 de junio de 1879, a Vicente Capmany, Francisco Cueto, Luis Alva, Antonio Ituarte, Ramón Albert, Jaime Rodríguez, Lorenzo Portilla, Juan Caro y Antonio Rubalcava.