Por la tierra

Acaba de presentarse a la Cámara de Diputados de México, una iniciativa de la Secretaría de Fomento por la que se intenta resolver el problema agrario. Se pide que el Congreso de los Estados Unidos Mexicanos decrete el gasto de DOSCIENTOS MILLONES DE PESOS que se emplearían en comprar terrenos a los grandes hacendados, con el objeto de subdividirlos y venderselos a personas relativamente pobres, pues los pobres de solemnidad, que es la masa entera de la población de México, no tienen ni con qué comprarse la porción de tierra necesaria para que descansen sus cuerpos después de muertos.

Eso no resuelve el problema. Los doscientos millones de pesos, aun suponiendo que no cayeran en los bolsillos sin fondo de la familia Madero, a donde están afluyendo la sangre, el sudor, el sacrificio de los pobres convertidos en oro, no bastarían para dar pan y hogar a los proletarios que pueblan la llamada República Mexicana.

Debemos estar en contra de tal gasto, porque solamente serviría para enriquecer más a los bandidos que están regenteando los negocios de México bajo el nombre de maderismo; se lograría la formación de una pequeña burguesía más egoísta, más  reaccionaria, más ladrona que la grande que ya existe, pues que estaría ansiosa de llenar la panza a todo trance, y el resultado sería la misma esclavitud económica que sufren al presente los mexicanos, con la diferencia de que existirían unos cuantos millares más de amos, que tendrían que verse obligados a pagar salarios más cortos que los actuales para poder competir con sus poderosos vecinos.

El Problema Agrario no puede resolverse haciendo que unos cuantos más tengan un pedazo de tierra. La solución del problema agrario depende de la consumación de este hecho: que todos y cada uno de los habitantes de la llamada República Mexicana, hombres y mujeres, tengan derecho al uso de la tierra. Si eso no sucede, si solamente al que tenga algunos centavos para comprar un pedazo de tierra, se le da el derecho a usar de un pedazo de ella, la Revolución no terminará, el movimiento por Tierra y Libertad seguirá sus pasos naturales, terminando con la expropiación de toda la tierra y la abolición, por ese solo medio del sistema capitalista.

Todos los capitales del mundo unidos, no bastarían para comprar la tierra de México, y esos doscientos millones de pesos no serían más que una gota de agua para apagar la intensa sed de tierra que sufre el pueblo mexicano.

Lo que debemos sacar de todo esto, es la comprobación de la importancia que se da a nuestro movimiento. El gobierno ante la presión constante y enérgica de la acción y de la propaganda de los nuestros, de los valientes soldados de la Bandera Roja, finge interesarse por la suerte del pobre; pero ya es tarde. Ahora, sabemos los pobres que el gobierno no hará nunca nada bueno por el proletario. Lo que hace el gobierno es mostrar su debilidad y su miedo ante las reivindicaciones efectuadas por medio de la fuerza.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 67, diciembre 9, 1911.