¿Reyismo?

La prensa maderista quiere hacer entender al pueblo que el movimiento revolucionario es reyista, creyendo que mediante esa torpe mentira se apagarán los entusiasmos, y los brazos que actualmente piden fusiles caerán desalentados prefiriendo volver a tomar la herramienta del trabajo antes que ver nuevos derramamientos de sangre para encumbrar a otro tirano.

¡Pobre mentira! A pesar de ella, el movimiento crece, crece, cunde, cunde con rapidez vertiginosa. Los periódicos burgueses de la ciudad de México así lo confiesan, a pesar de la brutal censura que hay sobre la prensa. El Paladín, de 30 de noviembre, dice: “La actual Administración no tiene aún treinta días de existencia y ya se halla rodeada de dificultades que parecen insuperables. Todo el territorio nacional está pletórico de gavillas que tremolan distintas banderas; la zapatista, la vazquista, la reyista, la magonista.”

No es, pues el actual, un movimiento reyista, como se trata de hacerlo aparecer para empequeñecerlo y desprestigiarlo dado que el reyismo no es simpático a la generalidad de la población mexicana. Este es un verdadero movimiento revolucionario de carácter marcadamente económico, y no es otra cosa que la continuación de la Revolución que Madero vendió en Ciudad Juárez; pero que tenía tan sólidas bases, que no murió por ese mero hecho, sino que continuó fomentada por los liberales y por los zapatistas, hasta hacerse otra vez general con la entrada en acción de los reyistas y los vazquistas, siendo la mejor prueba de que no se trata de tirar a un tirano para poner otro en su lugar, que los mismos elementos populares que tomaron las armas en noviembre del año pasado, son los que están sobre las armas al presente.

Madero no cumplió con su promesa de dar tierra al pueblo; por eso se ha extendido la Revolución. Los proletarios que militan en los partidos burgueses reyistas y vazquistas, no tienen las armas en la mano para elevar a Reyes o a Vázquez Gómez a la Presidencia de la República, sino que se han lanzado a la lucha con la idea de obtener su bienestar económico, de la misma manera que se lanzaron a la lucha cuando Madero fue revolucionario.

Podrán tal vez, subir al poder Reyes y Vázquez Gómez; pero su reinado será tan efímero como el del pobre iluso Francisco I. Madero. De aquí en adelante no habrá gobierno estable en México, porque lo que quiere el pueblo es comer y ningún gobierno puede dar pan: al pueblo toca tomarlo destruyendo el sistema capitalista por medio de la toma de posesión de la tierra, de los útiles de trabajo, de todo cuanto existe, para el uso y disfrute de todos sin excepción.

Mientras no se verifique, no habrá paz, sino guerra de la clase pobre contra la clase rica; guerra de los que tienen hambre contra los que están hartos hasta que al fin ondee por todos los ámbitos de México la Bandera Roja vencedora.

No hay zapatismo, no hay vazquismo, no hay reyismo, no hay magonismo. Lo que hay es la más seria manifestación del instinto de conservación del individuo y de la especie; lo que hay es la desesperación de las masas desheredadas cansadas al fin de soportar este fardo pesado: la miseria; lo que hay es la resolución suprema de un pueblo que se levanta pujante para aplastar con sus puños ayer encadenados a todos los que lo oprimen y lo explotan. ¿Qué se necesita ahora? La orientación de todas esas formidables energías hacia la verdadera libertad, la que está basada en la libertad económica, y ésta no podrá ser ganada sino por un medio: la expropiación de las tierras, de las aguas, de los montes, de las casas, de las minas, de las fábricas, de los talleres, de los ferrocarrileros, de todo en una palabra, para que los pobres organicen la producción atendiendo a las necesidades de cada comunidad productora.

Esta es nuestra tarea compañeros. Esta vez nuestro movimiento tiene una base firme, que es el ejemplo que han dado los habitantes de grandes regiones en que la expropiación de la tierra se ha consumado. ¡Adelante! Ahora, a tomar todo lo demás. Dejemos que Reyes y Vázquez aspiren a la Presidencia de la República. Nosotros tomemos posesión de lo que pertenece a todos y está hoy en manos de unos cuantos. ¿Qué amo político podrá imponérsenos entonces?

Así, pues, a hacer  un esfuerzo todos. Este es un momento precioso para que los trabajadores se aprovechen de la situación en que se encuentra el país.

¡Expropiación! Eso es lo urgente. En seguida a fusilar a todo aquel que pretenda encaramarse sobre los demás. No queremos ni pobres ni ricos; todos debemos ser iguales.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 67, diciembre 9, 1911.