En defensa de los mexicanos

Continuamos la tarea que nos hemos impuesto de dar a conocer todos los malos tratamientos, todas las humillaciones, todos los desprecios a que estamos sujetos los mexicanos en este país, republicano y democrático por excelencia. Los mexicanos somos tratados muy mal por esta gente orgullosa. ¿Por qué? Por esta estúpida razón: porque somos mexicanos. Todo lo que los códigos burgueses llaman crimen en cualquier parte del mundo, aquí es simple chiste o algo así como materia de sport cuando la víctima es un pobre mexicano y el victimario un americano.

Se quedó con los centavos.

Se nos comunica de San Marcos, Tex., que el lunes 20 de noviembre un mexicano de nombre José Guerrero compró en la estación del lugar un boleto de ferrocarril para Laredo, Tex. El empleado, un americanillo de unos 18 años de edad, dejó de dar al comprador cuarenta centavos menos en el cambio de un billete de a diez pesos, que según se nos indica le fue dado. Guerrero reclamó decentemente; pero el americanillo, furioso, se lanzó a la bodega y trajo consigo una pistola, diciendo a su víctima palabras en inglés que él no entendió; pero que por la actitud de insolente empleadillo se comprendía que eran amenazas. Guerrero, hombre prudente y que a la sazón se encontraba sin un alfiler para defenderse , se retiró. De lo contrario, mal la habría pasado el insolente mastín de las compañías ferrocarrileras. Guerrero creyó inútil llamar en su auxilio a la autoridad, pues la autoridad solamente sirve para aplastar a los pobres.

Un cónsul como todos.

Los mexicanos de Metcalf, Ariz., están indignadísimos contra el cónsul mexicano en Clifton, Ariz., quien habiendo quedado comprometido a defenderlos en la Corte de Metcalf, no lo hizo. Sucedió que unos individuos extranjeros insultaron cobardemente a unos cuantos mexicanos  en Metcalf, abusando de su fuerza. Los mexicanos acusaron a sus ofensores y le pidieron al Cónsul Salvador Martínez del Toro, que los apoyase, pues ya hace necesario que al mexicano se le respete un poco más en este país. El Cónsul dejó desamparados a los mexicanos que, como siempre, salieron burlados.

Cansados estamos de decir que los Cónsules mexicanos en este país, no son otra cosa que policías del despotismo mexicano. Nunca han prestado el servicio más insignificante a los mexicanos pobres que se acercan a sus oficinas creyendo encontrar en ellos amparo. A pesar de todo, los tales cónsules ganan sueldos espléndidos, se dan la gran vida y no sirven para otra cosa que para perseguir a todos aquellos que doliéndose de la triste situación del mexicano, procuran que haya en México un cambio radical en las condiciones económicas, políticas y sociales.

¡Y pensar que los sueldos de esos individuos salen de los lomos de los pobres!

Compañeros robados.

Nuestros hermanos trabajadores en los plantíos de betabel de Lamar, Colorado, se encuentran en condiciones terribles, a causa de que no se les paga lo que se les debe por su trabajo.

Los trabajos del betabel son los más duros, y, naturalmente, los mexicanos tienen que hacerlos por lo que a los burgueses se les antoja pagar, y, con frecuencia, ni pagar se les antoja, como acontece a los compañeros de Lamar.

Inútil ha sido cuanta tentativa han hecho esos compañeros para que se les pague. Se dirigen al Cónsul mexicano residente en Denver, y, como siempre, ningún apoyo han recibido esos mexicanos por parte de él, como que no se trata de perseguir a hombres que trabajan en bien de la humanidad, como son los revolucionarios, sino de burgueses ventrudos que viven del infortunio de la clase trabajadora.

Desde que murió una persona de nombre N. Ochoa, se viene abusando de esos pobres trabajadores, según los informes que tenemos.

Otros robados.

Nos escribe el compañero J. R. Lándrum: “Los mexicanos del Valle de Pecos y especialmente los pizcadores de algodón, harían bien en boycotear a un burgués que vive en Loving, N. M. y que responde al nombre de P. J. McShane , conocido con el alias de ‘El Machín’. En toda la extensión del pintoresco Valle de Pecos, no hay una sola persona entre americanos y mexicanos que tenga buena opinión de él. El mes pasado trajo de ‘enganche’ a cinco mexicanos, desde Pecos Tex., con la promesa de que él pagaría medio pasaje por cada uno, y ofreciendo, además, proveerles leña y casa libre de costo todo ello. Cuando hubimos pizcado cinco pacas de algodón reclamamos nuestro pago, y el negrero ‘Machín’ negóse dizque porque le eran necesarias las ‘pesas especiales’ del Gin. Después de andar detrás de él por tres días consecutivos, logramos que nos pagara como a él le dio la gana, pues nos robó mil doscientas libras de algodón, nos cobró todo el menaje y faltó a la promesa de darnos albergue, leña y aun agua. Entre las víctimas del negrero ‘Machín’ estábamos el compañero Epifanio Hernández y el que esto escribe. Mexicanos del Valle de Pecos; ¡a boycotear el negrero Machín! ¡No trabajéis con él ni le pizquéis su algodón!”

¡Por ser mexicanos!

Sin sombra alguna de justificación se encuentran presos en la cárcel de Abilene, Kans., los trabajadores mexicanos Sam Moreno, Juan Maraez, Juan Salais, José Martínez y Refugio Núñez. Se les imputa haber dado muerte a un individuo; pero no hay en contra de ellos la más débil evidencia. Sin embargo, se les tiene en la cárcel, a merced de autoridades brutales. ¿Y el Cónsul mexicano? Pasando una vida regalona con el dinero, tan fácilmente ganado, mientras las familias de esos pobres mexicanos perecen de hambre por la prisión de los suyos.

Muchas quejas más.

Tenemos muchas quejas que iremos dando a conocer al público. No hay raza que sufra más en este país que la raza mexicana. En la Sección de ferrocarril, en la mina de carbón, en los campos algodoneros, en las huertas californianas, dondequiera que hay trabajo duro y mal retribuido, allí se encontrará al mexicano trabajando valerosamente; pero al mismo tiempo, siendo escandalosamente robado y burlado. Desconocedor del idioma inglés, odiado por los patriotas americanos, abandonados por los cónsules, vistos con prevención en las llamadas cortes de justicia están a merced de todos los burgueses que se embolsan los salarios ganados con tanto sacrificio; a merced del cuico que se vale de mil artimañas para meter la mano en la bolsa de las personas sencillas; a merced de los salvajes de piel blanca que se solazan cazándolos como si fueran fieras.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 67, diciembre 9, 1911.