El movimiento económico

Estamos satisfechos de nuestra obra. Cuando lanzamos el grito de ¡Tierra y Libertad! fueron muchos los que rieron. El pueblo mexicano, dijeron los incrédulos y los convenencieros, no está preparado para recibir los beneficios de un ideal que ni en la misma Europa ni en los Estados Unidos se ha intentado siquiera poner en práctica. Eduquemos, primero, seguían diciendo los falsos amigos de los desheredados, que después, por sí solos caerán en las manos de las masas preparadas, los frutos de su libertad económica, política y social.

A pesar de las burlas, sin preocuparnos por las calumnias, sin hacer aprecio a los consejos de los teorizantes del socialismo, seguimos adelante, en medio de las risas, cubiertos de insultos, traicionados a cada rato, siendo titulados de ilusos, de utopistas, de soñadores de imposibles, de malvados, de criminales, de bandidos, de ladrones.

Ya ha pasado algún tiempo, y, acompañados como siempre de la miseria, y, amenazados como siempre por la autoridad, hemos seguido adelante sostenidos mejor que por el dinero y el apoyo de nuestros hermanos de miseria, por la fuerza de nuestras convicciones que están muy por encima de toda miseria material o de cualquier otra especie. El resultado es espléndido, y nos está dando la razón: el movimiento es esencialmente económico y su inmediato objeto es la toma de posesión de la tierra.

El País, diario católico de la ciudad de México, habla de la batida que las fuerzas del gobierno están emprendiendo contra los zapatistas, y, que, aunque aplastados los proletarios en algunas regiones, “queda, sin embargo, latente, dice ese periódico, en esas clases analfabetas e inconscientes, la idea del zapatismo que se traduce por un socialismo mal entendido y peor aplicado, una especie de comunismo anárquico que proclama como supremo derecho, el derecho del más fuerte, para apoderarse ciega e inconsideradamente del patrimonio ajeno”.

El Imparcial, de la ciudad de México, dice: “Oaxaca, diciembre 7.—Llegan informes de que en la Hacienda “La Concepción”, situada en el Distrito de Tlaxco de que es propietario el señor Andrés Cházari Fenochio, los indios de un pueblo cercano, se han apoderado de una gran extensión de terreno, en la cual pretenden formar un pueblo. El señor Cházari se ha dirigido al Gobierno, pidiendo auxilios violentos.”

El Imparcial al hablar de la sublevación del insurrecto Salgado[1] en el Estado de Guerrero, dice: “Las proposiciones de Salgado, para someterse, entrañan la devolución de sus tierras a los pueblos indios.”

El Heraldo Mexicano, de la Ciudad de México, dice en 9 de este mes: “Diez y ocho mil habitantes del Estado de Durango, piden la repartición de terrenos y ponen al Gobierno del señor don Francisco I. Madero en este dilema: o se lleva a cabo la repartición de dichas tierras o estalla en forma violenta un disgusto.” El mismo periódico habla de una comisión representando numerosas comunidades indígenas del Partido de Cuencamé, Estado de Durango, que durante la Revolución han tomado posesión de las tierras; pero que temen perderlas por medio de maquinaciones de los políticos y de los burgueses. Dice esa comisión: “Estamos, de hecho, en posesión de la tierras. De la resolución que llevemos, dependerá la situación en aquel Estado, por ahora bastante inquietante.”

La Nueva Era, de la ciudad de México y periódico asquerosamente maderista dice: “Puebla, diciembre 11.—Es verdaderamente alarmante la actitud que han tomado algunos indígenas del Estado de Puebla, que, contra todo derecho y razón, se han posesionado, por medio de la fuerza, de grandes extensiones de terreno ubicados en la montaña denominada la Malintzi, y pertenecientes a la Hacienda de San Diego del Pinar, propiedad del señor Ortiz Borbolla. Los indígenas que están cometiendo tal arbitrariedad pertenecen al pueblo de Tepatlaxco, y el propietario de la finca se ha quejado de que cuando sus trabajadores se han prestado en aquél lugar para recoger semillas, los usurpadores los han arrojado de allí, causándoles lesiones.”

El Diario, de la ciudad de México, dice en 11 de este mes: “Hoy llegó a la Metrópoli una comisión compuesta de cincuenta agricultores indígenas, procedentes de varias importantes poblaciones del Estado de Guanajuato, con el fin de acercarse al señor Presidente de la República para ver si es posible el que se les devuelvan las tierras que de tiempo de sus antepasados les pertenecen, y que les fueron injustamente quitadas en la época que ocupaba el Gobierno de esa Entidad el señor Joaquín Obregón González.”

Respecto de la situación en el Estado de Sonora, dice El Diario, de la misma fecha: “hasta hoy el señor Viljoen (un aventurero nombrado por Madero representante del gobierno para engañar a los indios yaquis) no ha logrado a pesar de los innumerables esfuerzos que ha hecho convencer a los nativos, que repetidas veces han dicho que sólo asumirán una actitud pacífica cuando vean de un modo efectivo que se les devuelven las tierras de sus antepasados y por las que sienten, como es natural, honda veneración.”

Los indios del Estado de Michoacán, según El Heraldo Mexicano, de la ciudad de México y de fecha 12 de este mes, se expresan de esta manera: “Que nos devuelvan nuestros terrenos usurpados en la época del General Díaz, para que así cumpla el Gobierno con el Pan de San Luis Potosí, y para que logremos ponernos a trabajar y dejar la actitud a que se nos está obligado a asumir.” Estos proletarios son vecinos de Churumuco, de dicho Estado.

El Demócrata Mexicano, de la ciudad de México, en su edición del 12 de este mes dice refiriéndose a la cuestión económica en el Estado de Guanajuato: “Entre la ‘indiada’ es cierto que hay la creencia en el reparto de tierras que algunos revolucionarios ofrecieron para hacerse de partidarios.”

Dice El Diario, de 13 de este mes: “Encabezados por el conocido jurisconsulto de Guadalajara señor Antonio Hernández, llegaron ayer sesenta indígenas de Poncitlán y Tepatitlán, del Estado de Jalisco con el objeto de pedir al señor Presidente de República, intervenga para que se les devuelvan las parcelas que prominentes agricultores de ese Estado, que medraban a la sombra de la Dictadura, les han quitado injustificadamente. La actitud de éstos es enérgica, y disputarán, si es posible, con las armas en la mano, sus derechos conculcados arbitrariamente”.

Veinticuatro horas después, decía El Imparcial: “Ayer, a las dos de la tarde, ciento cincuenta indios de la Hacienda de Guadalupe, perteneciente al municipio de Poncitlán y distante de aquí sólo treinta kilómetros, se levantaron en armas. Los sublevados agredieron desde luego a los empleados de la finca, resultando uno de estos muerto y otros heridos. El Presidente Municipal de Poncitlán ha solicitado auxilios, porque los indígenas amenazan otras fincas inmediatas.”

El Imparcial, del 15 de este mes, dice: “Llegan noticias de Tamazunchale, Estado de San Luis Potosí, de que los indígenas de allí, en número de cien y llevando al frente como caudillo a Plutarco Sánchez, se han levantado en armas. Exigen que el Gobierno del Estado les devuelva los terrenos de que fueron expropiados por la administración pasada. Para batir a los sublevados, que tienen en jaque a Tamazunchale, la cabecera del Partido huasteco del mismo nombre, han salido hoy por la tarde, en un tren especial, tropas del séptimo cuerpo de Rurales.”

La Voz de Juárez, de la ciudad de México, en un artículo  titulado “Tierra y Paz”, dice: “¡Tierra! es en la actualidad el grito de angustia de los pueblos.” En otra parte del mismo número, que es el de 14 de este mes, se lee: “Urge la expropiación de los terrenos que necesitan los pueblos.”

Por noticias directas recibidas de nuestro corresponsal en Zamora, Estado de Michoacán, se nos hace saber que el proletariado zamorano ha tomado posesión de la tierra que les había arrebatado el burgués Rafael García.

Si se toma un mapa de la República Mexicana, para ver en qué lugares están situados los diferentes Estados en que la expropiación se ha estado llevando a cabo, se comprenderá la importancia del movimiento económico en México.

El movimiento agrario es ya bastante extenso. Los proletarios han tomado posesión de la tierra en regiones de los Estados de Sinaloa, Chihuahua, Morelos, México, Oaxaca, Veracruz, Yucatán, aparte de la últimas noticias que trae la prensa burguesa, que, alarmada, ve que crece la ola expropiatoria.

Las promesas que hizo Madero para que los proletarios lo ayudasen a encumbrarse, no pueden ser realizadas por ningún gobierno, y, convencidos de eso los pobres, se hacen justicia con sus propias manos. Algunas poblaciones envían comisiones a la ciudad de México para que Madero les devuelva sus tierras, y como no se les hará justicia, las tomarán al fin con las armas en la mano.

La prensa burguesa habla en todos los tonos del Problema Social. Se ha dado cuenta la burguesía del peligro en que se encuentran sus intereses y pide a voz en cuello que el Gobierno haga algo por llevar al país a puerto seguro: el del odioso orden burgués. El País, del día 12 de este mes, pinta la situación, en cuanto a la guerra de clases se refiere, de la manera siguiente:

“Por fin, en todas las poblaciones de la República, y más aún en las pequeñas, el que no viste como el peón de campo es un ‘científico’, palabra tan manoseada en estos tiempos, y con la cual se pretende inferir el cargo más tremendo políticamente hablando, contra quien lo reciba. Y así, ‘científico’ es el propietario por el solo hecho de que tiene algo más que los otros, y el industrial, porque tiene fábrica, y el banquero porque tiene dinero, y el profesionista porque ha elevado su inteligencia con el saber a mayor altura que los demás; y si seguimos al paso que vamos, día vendrá en que se llame también ‘científico’, se le lapide y se le injurie, al que sepa leer y escribir, sólo porque el ochenta y cinco por ciento de nuestros compatriotas son analfabetas, y la igualdad democrática de la revolución exige que nadie sobresalga.

“Hace pocos días presenciábamos el salvaje espectáculo que dio una muchedumbre de esta metrópoli, lapidando el automóvil del señor ministro de Chile; y estamos seguros de que no se cometió tamaño ultraje al representante de un país hermano y amigo, sino al ‘científico’, al dueño del auto, que, según el espíritu reinante, no tiene derecho a ese lujo ni menos a la ostentación de él.

“Por último el zapatismo, ¡el feroz zapatismo! ¿Qué origen reconoce? Todos lo saben: las promesas de igualdad económica a los habitantes de Morelos. La bandera de Zapata es irresistible, porque tras ella corren los ambiciosos que esperan ser dueños de las haciendas de aquel Estado, ‘Así lo ha ofrecido la revolución’, gritan, y por más que se les demuestre que la propiedad es inviolable, que nadie tiene derecho a robar a los demás, los zapatistas han mordido el anzuelo, una fiebre incurable de tierras y aguas se ha posesionado de sus espíritus incultos, y ha sido necesario apelar a la fuerza, al exterminio, a la guerra sin cuartel, para sofocar las llamas de ese incendio.”

El movimiento económico crece, crece. La guerra de clases, necesaria para dar el golpe de muerte a la explotación del hombre por el hombre, se recrudece. ¡Adelante! ¡Todo para los trabajadores!

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 69, diciembre 23, 1911.



[1] Jesús H. Salgado. (Teloloapan, Gro., 1873-1920). Ranchero y comerciante, se incorporó a la revolución en Apaxtla, Gro. Rompió con Madero y se incorporó al zapatismo. Se sumó al Plan de Ayala. Desarrolló sus actividades  desde Balsas hasta Tlapa y de Copalillo a San Marcos. Fue nombrado gobernador provisional de el Estado por la junta revolucionaria zapatista (1914). Murió combatiendo, con el grado de general de división, a las fuerzas de Venustiano Carranza cerca de Petatlán en la Sierra Madre del Sur. Regeneración siguió sistemáticamente su trayectoria y le llamaba “compañero”.