En defensa de los mexicanos

Tenemos a la vista una carta que dice así:

San Antonio, Tex., diciembre 8 de 1911.– A la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano: SALUD.– Habiendo tenido necesidad de hacer un viaje a Piedras Negras, tuve que bajar del tren en San Antonio, Texas, donde me dirigí a un hotel que queda enfrente de la Estación. Pedí un almuerzo y se me negó, diciéndome que yo era un mexicano seboso (greaser) y que no se me daría de comer a ningún precio aunque reventase de hambre. En Piedras Negras todo anda revuelto. Las autoridades han agravado la miseria cobrando contribuciones que nadie puede pagar. Las víctimas de la inundación no han recibido auxilio alguno a pesar de que el gobierno ha recibido auxilios de todas partes para los perjudicados, y si alguien pide algo, lo reducen… a la nada. Yo no sé qué clase de libertades son esas que ha dado el Chato, pues no veo más hombres libres que los señores ricos, quienes nos  roban con entera libertad. Hermanos desheredados: no permitáis más humillaciones. Uníos a nuestros hermanos de explotación y de miseria; uníos al Partido Liberal Mexicano, que es el único que lucha porque todos tengamos pan, casa en que vivir y todas las necesidades satisfechas. No más esclavitud, ayudad con vuestro óbolo al Partido Liberal Mexicano, haced colectas de dinero y mandadlas cuanto antes a la Junta para el progreso de nuestra causa y para ayuda de nuestros hermanos de México que tienen el valor de luchar por nosotros los desheredados con las armas en la mano, sosteniendo muy alto la Bandera Roja con su hermoso lema de Tierra y Libertad. ¡Mueran los ricos! ¡Muera la Autoridad! ¡Muera el Clero!

Salud y Revolución.

Francisco Ortega[1]

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            El trabajador mexicano Luis de la Torre fue arrestado en San Bernardino, California, por un polizonte de aquella ciudad, a pedimento de un individuo que dijo que de la Torre lo había ultrajado de palabra. Ninguna prueba se presentó, y sin embargo, de la Torre estuvo preso por los largos días, sin que se le sentenciase ni se hiciera nada por activarle su proceso, hasta que se le puso en libertad gracias a que los carceleros vieron que había puesto en el correo una carta para esta oficina quejándose de la arbitrariedad de que era víctima por el solo hecho de ser mexicano.

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El día 11 de este mes amaneció muerto en Yuma, Ariz., un joven trabajador mexicano. Sucedió que un policía americano le disparó dos balazos, alegando que el mexicano se le echó encima con un puñal. Pero como las heridas se ostentan en la espalda de la víctima, es de presumirse que no hubo tal agresión por parte del pobre mexicano. El heridor anda libre, como que el muerto es un pobre mexicano.

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A la compañera del camarada Carlos Valadez, de El Centro, California, la traen las señoras autoridades de “Herodes a Pilatos”. Se recordará[2] que esa pobre mujer fue arrestada en El Centro por los Inspectores de Inmigración. Pues bien, después de tenerla a pan y agua, encerrada en un chiquero y maltratada de todas maneras, fue pasada a Mexicali, Baja California. Allí fue encerrada igualmente en un calabozo, y, después de varios días de encierro, fue pasada nuevamente a Estados Unidos, encontrándose nuevamente presa en la cárcel de El Centro. Con la infortunada proletaria se encuentran sus dos tiernos niños, sufriendo las mismas penalidades. El compañero Valadez ha hecho cuanto ha estado en su poder para aliviar la triste situación de estas víctimas de leyes inicuas; pero no ha habido autoridad que lo escuche. ¡Claro: la autoridad es el azote del pobre!

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De todas partes nos llueven quejas de pobres mexicanos. Los mexicanos del Condado de Cameron, Tex., son víctimas del odio estúpido que les profesan los salvajes alemanes que tienen ranchos en aquella vecindad. Los mexicanos trabajadores nos hablan de los abusos que con ellos cometen los superintendentes y los mayordomos. Les roban sus salarios, les venden provisiones que no apetecerían ni los perros, no hacen reparaciones en las casitas de los trabajadores, les escatiman la leña, los tienen sin agua a veces hasta un día entero; los matan cuando los ven indefensos.

Por todas partes la explotación y la tiranía. Mexicanos: a unirnos al Partido Liberal Mexicano, sin vacilaciones ni egoísmos, y luchemos todos por Tierra y Libertad.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 69, diciembre 23, 1911.



[1] Francisco Ortega. Residente de La Marque y La Porte, Tex  En junio de 1911, suscribió con sus coterráneos, Natividad Flores y Simón Martínez, un documento en el que “echan en cara a Madero la violación criminal de su famoso manifiesto de 3 de octubre de 1910 por ser él mismo el autor de la prisión de los compañeros para conseguir la pacificación del país.”  En 1912 organizó una colecta pública para la enfermedad de Flores y posteriormente otra para la defensa de los miembros de la JOPLM entonces encarcelados.  recorrió la línea del South Pacific Railroad «haciendo propaganda de la causa», hacia octubre de 1913. Publicó una crónica de una velada en memoria de Praxedis G. Guerrero, organizada por el grupo Regeneración de la ciudad de Houston. En junio de ese año, funda  y es secretario del grupo Regeneración «Abajo todo gobierno”, que pide: Hagamos también todos los esfuerzos para libertar á aquellos…que yacen injustamente en esa maldita penitenciaría de McNeil lsland por haber cometido el delito de enseñar á todo un pueblo proletario el derecho que tiene á la vida.” «. Se unió a la propuesta de Tijerina de otorgar un día de salario para el periódico el 31 de julio de ese año y se proponía contribuir a la colecta de mil dólares necesarios para que un representante «trabaje ante el Congreso en Washington por una investigación de las causas» de la detención de Ricardo y Enrique Flores Magón, Librado Rivera y Antonio de P. Araujo, entonces presos en la isla de McNeil.

[2] Véase supra, RFM “En defensa de los mexicanos”, Regeneración, núm. 66, diciembre 2, 1911.