El movimiento económico

 

Ya nadie se atreve a negar en México que el movimiento revolucionario que convulsiona al país entero es de carácter esencialmente económico. Los que dijeron: “no es tiempo todavía”, “organicemos y eduquemos primero al proletariado”, han enmudecido ante el argumento formidable de los hechos. El trabajador mexicano, desorganizado, sin ponerse siquiera de acuerdo, se rebela en toda la extensión de la República Mexicana. La huelga está a la orden del día en fábricas y haciendas y talleres y minas. Los gobernantes andan al trote con el fin de solucionar los múltiples conflictos entre el Capital y el trabajo. En muchas fábricas, los operarios han pedido aumento de salario, disminución de las horas de trabajo a ocho, y el veinticinco y aun el cincuenta por ciento en las utilidades anuales. Los peones del campo piden la jornada de ocho horas y aumento de salario, de los veinticinco centavos diarios que pagaban a un peso por día. Esto, por lo que respecta a las demandas de los huelguistas más tímidos, pues en muchas instancias, los trabajadores ponen ultimátum a los patronos para que en un término perentorio se acceda a todas sus demandas so pena de arrasarlo todo. Casi siempre son estos últimos los que son atendidos sin pérdida de tiempo.

Por lo que respecta al movimiento agrario, la prensa de estos últimos días viene comprobando que es la espina dorsal de la Revolución. Los periódicos de todos los matices, los partidarios políticos y el Gobierno mismo declaran que el Problema de la Tierra es el más urgente de resolver; pero al fin burgueses, los medios proyectados para la solución del formidable Problema resultan mezquinos, pues todo lo quieren arreglar sin lastimar el llamado derecho de propiedad de los hacendados.

Y mientras se estudia el Problema Agrario en los altos círculos de la política; mientras se faculta al Gobierno para que haga el gasto de centenares de millones de pesos para comprar tierras que no pueden ser compradas con todo el oro del mundo si es que se quiere que todos y cada uno de los habitantes de México tengan asegurado el pan, los más enérgicos de los proletariados continúan posesionándose de la tierra sin pedir permiso al que se llama dueño ni enviar comisiones a la ciudad de México para pedir por favor lo que tienen por derecho natural: la facultad de tomar. Pero como quiera que sea, tanto los que toman audaz y virilmente lo que pertenece a todos como los que piden por sus actos revelan que el pueblo mexicano considera, por instinto, que lo primero es comer, y para ello es necesaria la tierra, ya que ella es la fuente natural de todas las riquezas.

Dice El Imparcial,[i] de 24 de diciembre:

Lo indicábamos en un reciente artículo: la vibración revolucionaria ha despertado en el alma del indígena habitante de los campos un viejo apetito inextinguido: el hambre de la tierra. Es una enfermedad de aborigen, es un viejo impulso que se deja sentir en el fondo de todas las revoluciones que han conmovido el suelo de la Patria. Cuando el señor Madero emprendió su gira de propaganda política a través de la República, los grupos adscritos al terruño absorbieron, no el concepto democrático, no la doctrina liberal, predicada por el leader; absorbieron el pensamiento que concretaba su deseo, la promesa que respondía a su instinto; el nuevo “sermón de la montaña”, tenía por fondo una serie de reivindicaciones —de ellas habló por aquel entonces la prensa revolucionaria— que conducían directamente a la posesión del botín apetecido.

Más adelante, dice el mismo periódico:

El señor Madero había hablado en el Plan de San Luis de la devolución de terrenos a los que de ellos fueron despojados; pero el criterio popular no aceptó tal distinción, y todos, a una voz, se llamaron despojados. El concepto de que los terrenos pertenecen en México a los indígenas y que los propietarios actuales los han privado de un bien a que como primeros ocupantes tienen legítimo derecho, a pesar de su vejez venerable, no se ha gastado todavía: aún perdura allá en el fondo de millares de conciencias. La revolución ha arrojado a la superficie todos los gérmenes de rebeldía que arrastraba bajo sus algas la corriente.

Y más adelante, agrega el mismo “Imparcial” algo que sintetiza el pavor de la burguesía ante las reivindicaciones del proletariado. Dice así: “No podemos hacer que la realidad se ajuste a nuestros deseos; por no habernos penetrado hondamente de esa realidad, sufrimos, y con nosotros el país en masa, el más doloroso despertar de que ha de hablar la historia”. Y todavía más adelante: “El Gobierno no puede evitar las manifestaciones de esa tendencia anárquica que, como señalábamos en nuestro artículo de ayer, arranca de una dolencia atávica”.

En 21 de diciembre dice a El Imparcial su corresponsal en Oaxaca:

El señor Andrés Cházaro Fenochio me ha manifestado que más de sesenta ex revolucionarios, todos armados, siguen en posesión de una extensión grande de terrenos pertenecientes a la Hacienda de la Concepción, de que es propietario. Como informé anteriormente,  estos individuos tratan de formar un pueblo en esos terrenos y al efecto ya han empezado a hacer sus casas. El Ayuntamiento de Tlaxiaco se ha dirigido a este Gobierno, quejándose de esta invasión.

El 22 de diciembre dice a El Imparcial su corresponsal en Guadalajara, Jalisco:

El señor Felipe Gómez Cruz, propietario rural, se quejó ante las autoridades de La Barca de que le siguen causando daños los indígenas de San Pedro Itzican, invadiendo sus terrenos y perjudicando las labores. Se cree que esto obedezca a la propaganda de algunos instigadores.

El Imparcial, de 26 de diciembre, dice:

Puebla, diciembre 25. Gran sensación ha causado aquí la noticia de que los indígenas del pueblo de Huixolotla del Distrito de Tepeaca, intentan despojar al propietario de la hacienda de la Concepción, señor Nicolás García, hijo del ex-diputado don Jesús García, para repartirse los terrenos de la finca que linda con el citado pueblo.

El Demócrata Mexicano,[ii] de 24 de diciembre, habla de que cinco mil ciento cuarenta y dos habitantes de Peñón Blanco, estado de Durango, se han apoderado de veinticinco sitios de terreno de la hacienda de Santa Catalina, y esos expropiadores, según el mismo periódico, dicen “que antes de devolver esos terrenos a la hacienda de Santa Catalina del Álamo, a la cual estaban anexados, se defenderán por medio de la fuerza”. Agrega el mismo periódico:

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, al triunfar la causa revolucionaria (quiere decir, cuando firmó Madero los tratados de paz con Porfirio Díaz), los indígenas del pueblo se apoderaron de una parte de las tierras de Santa Catalina y comenzaron a realizar por su cuenta el guayule que había sembrado y cuando el propietario de la finca pidió que se le permitiera sacar guayule para cumplir con los compromisos contraídos, los campesinos se negaron diciendo que aquellos terrenos les pertenecían.

Esto, por lo que respecta al empleo de la acción directa como medio eficaz para llevar a cabo la expropiación, medio que ha culminado en las expropiaciones que, desde mayo del año pasado, se han venido verificando en los estados de Morelos, Guerrero, México, Michoacán, Oaxaca, Puebla y en otros muchos que hemos citado en las ediciones anteriores de Regeneración. Los tímidos, naturalmente, no se arriesgan a tomar posesión de la tierra sin tener antes un título que “legalice” su posesión, y envían comisiones a la ciudad de México a conferenciar con Madero sobre que se entreguen a las comunidades y a los pueblos las tierras que necesitan; pero aun estos tímidos, por lo general, cuando los reporteros de la prensa los interrogan sobre lo que harán si Madero no cumple la promesa de dar la tierra, responden casi invariablemente de esta manera: “en ese caso no seremos responsables de las consecuencias”, o de este modo: “nos haremos justicia con las armas en la mano”, o bien así: “no sabemos qué sucederá” cuya vaguedad es todavía más inquietante para la burguesía que la amenaza con franqueza.

Los vecinos del pueblo de Churumuco, Distrito de Ario de Rosales, estado de Michoacán, están pidiendo al gobierno que se les devuelvan las tierras que la burguesía les arrebató bajo el dominio de Porfirio Díaz, pues de lo contrario según refiere El Demócrata Mexicano, de 13 de diciembre, “se apoderarían de ellas por la fuerza, porque ya estaban cansados de soportar el cacicazgo que les ha obligado a renunciar de todos sus derechos”.

Íñigo Noriega[iii] es un individuo que despojó de sus tierras a pueblosenteros del Valle de México, y ribereños de lo que fue una vez el lago de Chalco. Los habitantes de esos pueblos se decidieron a hacer una manifestación hostil contra el negrero. Dice así El Diario,[iv] de 18 de diciembre: “Cerca de las diez de la mañana en la Avenida Juárez se reunieron los indígenas de Xochimilco, Tláhuac, Tlaltenco, Mixquic, Ixtayopan y demás pueblos ribereños de la que fue laguna de Chalco, con el fin de llevar a cabo una manifestación hostil en contra del señor don Íñigo Noriega”. Dicho periódico dice que la Autoridad, alcahueta de los burgueses, impidió la manifestación del proletariado contra su verdugo. Íñigo Noriega despojó a esos pueblos durante el reinado de Porfirio Díaz.

Todos los periódicos anteriormente citados son diarios de importancia que ven la luz en la ciudad de México. El Monitor,[v] diario católico que se publica en la ciudad de Chihuahua, dice que numerosos indios tarahumaras llegaron a Chihuahua el día 13 de diciembre a solicitar del Gobernador del estado las tierras que les fueron arrebatadas por los burgueses bajo la tiranía de Díaz.

Los vecinos de Angangueo, estado de Michoacán, han enviado a México una representación para que les sean devueltos los terrenos comunales que les fueron arrebatados por la burguesía bajo el despotismo de Díaz. El Imparcial, del 17 de diciembre, asegura que los comisionados le dijeron que “en caso de que no lleguen a un acuerdo, ocurrirán a otros medios para hacer valer sus derechos”.

Todos los periódicos que voy citando son burgueses. El Demócrata Mexicano, dice en su edición de 18 de diciembre al tratar del Problema Agrario:

Más que por una causa política, ya se sabe, la Revolución se llevó a cabo (debería decir: se está llevando a cabo; pero los maderistas han dado en la idea de decir que la Revolución triunfó el 26 de mayo con la caída de Díaz) por grandes dificultades económicas; y este problema es el que debe resolverse a la mayor brevedad. El trabajador del campo no debe ya ser el siervo del hacendado, ni el esclavo, ni el pobre hombre que vive de las migajas y de los desperdicios del señor amo, sino que debe ser su asociado, su colaborador, su semejante, su igual. Ha llegado el momento de que se le dé al campesino lo que pide y lo que se merece. Estamos mirando, además, de que a medida de que se le va negando esto que solicita, más pronto se arma y más guerrillas forma.

El Diario, de 26 de diciembre, dice:

El pueblo siguió armado al señor Madero para combatir a la Dictadura, creyendo ir con él no a la conquista de derechos políticos, sino a la conquista del principio económico; la revolución convertida en Gobierno no satisfizo su hambre y el pueblo sigue en armas por eso, por eso nada más, porque su hambre no ha sido satisfecha. Pide a la insurrección y al bandolerismo el pan que aún no ha podido darle el Gobierno a pesar de sus honrados propósitos.

No hay espacio suficiente para citar todos los casos de peticiones de devolución de tierras. En números próximos, si los lectores de Regeneración nos ayudan a sostener la publicación, continuaré publicando extractos del movimiento económico mexicano que, evolucionando, se radicaliza cada vez más, hasta que, pasado algún tiempo, ya nadie pedirá, sino que tomará.

Sin forzamientos de ninguna clase, esta gran Revolución sigue sus pasos naturales. Los impacientes quisieran que ya hubiera terminado el movimiento revolucionario, como si fuera cosa de un día la transformación social de un pueblo. No desesperemos. Los resultados obtenidos son ya bastante halagadores y están preñados de generosas promesas. Continuemos alentando a los que luchan y a los que tienen deseos de luchar; prediquemos con constancia que del edificio social que estamos derribando no hay que dejar ni los cimientos que no son otros que la Autoridad, el Capital y el Clero, y confiemos en el porvenir, en el radiante porvenir que se espera a nuestros hijos, si sabemos ser firmes y constantes. ¡Adelante todos, hombres y mujeres! No hay que pedir; ¡a expropiar, pero no para unos cuantos, sino para el beneficio de todos! ¡Viva Tierra y Libertad!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 71, 6 de enero de 1912



[i] El Imparcial, ciudad de México (1896-1916). Directores: Rafael Reyes Spíndola, Carlos Díaz Dufoo, Manuel Flores, Fausto Moguel y Salvador Díaz Mirón. Su vínculo indisoluble con el régimen porfiriano y los cambios técnicos en las rotativas lo convirtieron en el periódico de mayor circulación en el país.

[ii] El Demócrata Mexicano, ciudad de México (1911-1913). José Ferrel, director y propietario. Fundado en mayo de 1911 con el propósito expreso de apoyar a Francisco I. Madero. En octubre de ese mismo año, el consejo de administración quedó en manos de Querido Moheno, y a partir de entonces la publicación empezó a mostrarse crítica con el gobierno maderista. Dejó de publicarse en 1913.

[iii] Íñigo Noriega Lazo (1853-1923). Comerciante, empresario y terrateniente de origen asturiano. Sirvió a España durante la guerra de Cuba. Fundador de la Compañía Industrial de San Antonio Abad y propietario de las fábricas de papel San Rafael y Anexas. Propietario de las haciendas de Xico, Venta Nueva, La Compañía, Zoquiapan, Establo San Juan y Río Frío, situadas en las inmediaciones del lago de Chalco, donde constituyó un próspero complejo agrícola con el apoyo del régimen porfirista. Financió la construcción del ferrocarril de Río Frío para unir estas propiedades entre sí. Amigo personal y socio comercial de Porfirio Díaz, se le encomendó negociar con la familia Madero para contener el avance del movimiento antirreeleccionista. Se cree que apoyó económicamente la conspiración de Félix Díaz y Bernardo Reyes contra Madero. Mantuvo una relación tensa con Victoriano Huerta. Salió de México rumbo a España en 1914, y luego se estableció en Estados Unidos. Durante su ausencia, una parte importante de sus bienes fue confiscada por la Revolución Constitucionalista. Regresó a México en 1919, por solicitud de Venustiano Carranza.

[iv] El Diario, Ciudad de México, DF (1906-1914). Periódico fundado por Juan Sánchez Azcona, que transitó del antiporfirismo al huertismo bajo la dirección de Manuel Flores.

[v] El Monitor, Chihuahua, Chihuahua (1911-1912). Director: Francisco Traslosheros.