Todos los mexicanos corren el peligro de ser de la noche a la mañana esbirros de Madero

 

El lunes 15 de este mes, quince mil hombres serán arrancados de sus hogares para ingresar al Ejército Federal. Esto significa que quince mil familias quedarán a merced de la miseria, del hambre y de sus probables consecuencias: la prostitución y el crimen.

El día primero de este año comenzó a estar en vigor la Ley del Servicio Militar Obligatorio,[i] por la cual todo mexicano entre los dieciocho y cuarenta años de edad está obligado a servir al Ejército para defender los intereses de la burguesía en contra de los huelguistas, en contra de los que sufren, en contra de los revolucionarios.

En virtud de esa ley, ningún mexicano perteneciente a la clase trabajadora puede estar seguro de su libertad, y, por lo tanto, de sostener a su familia. Cualquier día, al dirigirse a su trabajo, lo detendrá un polizonte que le dirá sencillamente: sígueme; saliste sorteado para el Ejército, y la compañera se quedará retorciéndose los brazos, viendo cómo se cierran las puertas del cuartel a las espaldas del padre de sus pequeñuelos. ¿Volverá a verlo? Nadie podría asegurarlo. Se le llevará a campaña contra los revolucionarios, o a fusilar a trabajadores como él que luchan por arrancar ventajas al Capital, o a suprimir motines de poblaciones que, azotadas por el hambre, han asaltado los graneros y las tiendas y las fábricas para no perecer, o a ametrallar a las dignas multitudes expropiadoras que no quieren soltar la tierra que con las armas en la mano arrancaron a los ricos. Es así como hombres honrados, proletarios dignos, agarrados por la Autoridad, se convierten en los sostenedores de los gobiernos y en opresores y verdugos de sus hermanos de miseria, de explotación, de esclavitud.

El Ejército no tiene otra misión que garantizar a los ricos el tranquilo disfrute de sus rapiñas, con la circunstancia de que son trabajadores, individuos explotados por los ricos, los que tienen que sostener la explotación de sus hermanos.

Menos malo sería que los sorteos recayesen en individuos de la burguesía, pues que al fin y al cabo tendrían las armas en la mano para defender sus propios intereses, pero no es así. El rico tiene mil facilidades para escapar al sorteo, y son siempre proletarios, hijos del pueblo, trabajadores, los que tienen que ingresar al cuartel para defender intereses que están en pugna con los suyos, esto es, toman las armas para remachar sus cadenas, para prolongar la existencia de un sistema que la ciencia y la verdadera moral declaran ser inicuo, porque sólo sirve para tener al mayor número en la miseria y en el sufrimiento, para provecho de un reducido número de bribones.

Madero ofreció tierras para que los humildes lo elevaran a la Presidencia de la República. Pues, en lugar de tierras, en lugar de justicia, en lugar de libertad, los humildes tendrán encima la amenaza del servicio militar obligatorio, la miseria de sus familias, la prostitución de sus hijas, un porvenir de esclavitud y de vergüenza.

Pero no; el paso que ha dado Madero le conquistará enemigos todavía más numerosos y enérgicos. Al verse amenazados los hombres con el cuartel, preferirán luchar al lado de los revolucionarios, y los más emprenderán la marcha hacia los lugares en que operan fuerzas rebeldes. Ya que en las filas del Gobierno estarán obligados a pelear, preferirán hacerlo en las filas de los que están rebelados. Ése será el resultado, sin contar con que la salida de mexicanos del territorio de la República será más abundante que bajo la época de Porfirio Díaz.

Ahora, es necesario que reflexionen un poco todos aquellos que creen que puede haber un Gobierno bueno. El Gobierno es bueno, pero para los ricos, de los cuales es lacayo. El Gobierno es necesario para defender los intereses de los capitalistas contra las posibles rebeldías del proletariado. No fiéis más, mexicanos, en promesas de nadie.

¡A expropiar!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 71, 6 de enero de 19l2



[i] Ley del Servicio Militar Obligatorio. El gobierno maderista optó por la implantación del servicio militar obligatorio, a partir del 1 de enero de 1912, en virtud de la falta de efectivos para sofocar la rebelión zapatista del sur, y de la poca eficacia mostrada por el ejército de leva en las campañas militares. El proyecto de ley fue elaborado por Ramón Prida a finales de 1911. La implantación de la ley fue rechazada por todas las facciones revolucionarias en pugna, e incluso fue criticada por algunos sectores del maderismo que, como los simpatizantes del PLM, veían en el servicio militar un mecanismo para fortalecer el cacicazgo regional.