No más jefes

 

El sano consejo que damos a los rebeldes de todas las banderías, de que fusilen a aquellos de sus jefes que se opongan a que se lleve a cabo la expropiación para los efectos del Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911, está comenzando a dar sus resultados. Cuando a principios de este mes fue tomada la ciudad de Parral por los rebeldes que están al mando del traidor Inés Salazar, los soldados revolucionarios invitaron a todas las familias a que tomasen de los almacenes, depósitos, tiendas, etcétera, lo que necesitasen en sus hogares. En los hogares se había sufrido mucho por haber durado muchos días el sitio que los rebeldes tendieron a la ciudad, ocupada por los federales de Francisco Villa. No había carbón en las cocinas; no había maíz; no había frijol, carne, café, leche. Muchos niños habían muerto; muchos enfermos habían sucumbido por falta de alimentación especial. Los rostros de los habitantes de Parral denunciaban el hambre que atormentaba sus estómagos; las madres, enflaquecidas, procuraban dar calor a los pequeñuelos hambrientos.

Los rebeldes lograron hacerse de la ciudad, derrotando a Villa, y, como arriba se dice, invitaron a la población entera a que satisficiera su hambre; pero el jefe Salazar, enfurecido ante aquel acto de justicia, mandó a los más adictos de sus esbirros a que pusieran fin a lo que él llama “atentado a la propiedad”. Varios proletarios que fueron encontrados con provisiones y ropa fueron sumariamente pasados por las armas; pero entonces, los soldados de Salazar hicieron una descarga sobre el miserable jefecillo, descarga que desgraciadamente no hizo blanco por la distancia en que se encontraba de sus tropas.

Este hecho de Salazar debe servir para que los rebeldes de todas las banderías tengan en cuenta que sus jefes son los peores enemigos de la clase trabajadora, pues son los mejores con que cuenta el capitalismo. Lo que esos jefes quieren es servirse del sacrificio del pobre para encumbrarse, dejando al pobre en la misma miseria en que se encontraba antes o peor todavía.

Así, pues, a fusilarlos. Para tomar la tierra y la maquinaria de producción no hacen falta jefes; por el contrario, estorban. Es necesario aprender a marchar sin andaderas.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 87, 27 de abril de 1912