La causa de la Revolución

 

Ya es imposible negar que hay en México un formidable movimiento económico. El diario burgués La Prensa de la ciudad de México publica un editorial titulado “Las entrañas de la Revolución”. Comienza así:

Es pensar superficialmente y hablar casi en necio, cuando en privado o en público, se presentan como causas de la revuelta, la célebre imposición de Pino Suárez, la falta de cumplimiento del Plan de San Luis, la presión electoral en los Estados, los altos fines del Plan de Ayala, el naufragio de la democracia por culpa del Presidente Madero, las influencias del nepotismo, la falta de gratitud para grandes servidores de la revolución de 1910 imaginaria, la ruptura con el Partido Antirreeleccionista, y en suma, todo ese costal de reclamaciones que bien vistas poco valen en las balanzas de un criterio científicamente equilibrado. En uno de nuestros artículos anteriores [sigue diciendo La Prensa], indicábamos la formidable causa de la revolución: el hambre lenta y en ciertos casos aguda, de las clases populares, especialmente la rural.

Los peones y rancheros de pequeña fortuna ó sin fortuna, pero de pequeño sueldo, pueden desaparecer con motivo de las medianas ó malas cosechas de artículos alimenticios. Cuando las masas rurales se encuentran diseminadas en el campo como las bestias en los potreros, se pueden morir de hambre silenciosamente, sin preocupar a los políticos, ni a los periodistas, ni a los principistas, ni a los jefes de bandas burocráticas. El criterio primitivo de esas masas las identifica con el criterio de las reses que mueren de sed y de hambre a causa de la sequía, sin pensar instruir de sus desgracias a la prensa de la capital y a la Prensa Asociada, para que lo participe a todo el universo. Pero cuando a esas masas llegan los agitadores y transforman el criterio bestial en criterio socialista, entonces las cosas

cambian de modo horrible y se producen revoluciones verdaderamente profundas y con apariencias de incorregibles, como la presente.

Más adelante dice el mismo periódico: “Para que la revuelta termine de una manera radical y definitiva, es indispensable que las grandes masas populares rurales y aun las de las ciudades, coman lo suficiente para vivir y para procrear con facilidad”. Y después, ya para concluir, dice: “La paz no volverá a los espíritus antes que la buena alimentación replete los vientres de las clases pobres”.

Estas frases indican la prolongación indefinida del soberbio movimiento mexicano, que los políticos quieren desviar. No se trata de cambiar de amo, sino de resolver el Problema del Hambre. Mientras haya miseria, continuará el movimiento.

El gobierno, en virtud de su misión de perro guardián del Capital, de sostenedor y aplacador de la ley protectora del derecho de propiedad privada, no puede, por mejor intención que tenga, proporcionar pan a todos. Ningún Gobierno puede hacer esa maravilla, y es preciso que los habitantes mismos, pisoteando la ley, atropellando la Autoridad, estrangulando preocupaciones, tomen desde hoy la tierra, la maquinaria de producción y los medios de transportación, haciendo de todo ello propiedad común.

Mientras no se haga eso, la Revolución continuará en pie.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 87, 27 de abril de 1912