La Revolución Social

 

Del periódico burgués El Intransigente,[1] diario de la tarde que se publica en la ciudad de México, tomamos textualmente lo que sigue:

Los hacendados de Querétaro, que tienen sus propiedades colindantes con el Estado de Guanajuato, se encuentran en estos momentos amenazados de una manera terrible por sus peones, que están pidiendo a la fuerza todo lo que quieren, sin esperar a conseguirlo con el trabajo.

La tierra que yo trabaje

Una persona que acaba de llegar de aquella entidad federativa, concedió una entrevista a un repórter de El Intransigente, en la cual explica detalladamente cómo ocurrieron los hechos que han llenado de espanto a algunos hacendados, pues creen que con ellos van a repetirse.

Los peones de la hacienda de Espejo, propiedad de los señores Legorreta, recibieron a sus antiguos amos con una tempestad de piedras porque éstos les reclamaron su proceder de atacarlos.

No obstante su rudeza, los trabajadores del campo, enardecidos por las prédicas socialistas, contestaron a sus amos que ya no querían seguir dándoles riqueza cuando la tierra que trabajaban era de ellos, pues que la habían trabajado por largos años sin obtener sino los mezquinos frutos que se les daban.

Lo dejaron por muerto.

Los señores Espejo lograron huir de sus propiedades, pero uno de ellos tuvo que volver en sí del desmayo que le produjo la terrible pedrada que le arrojaron sus antiguos campesinos.

El estado en que quedó el hacendado fue de tal gravedad, que los peones le habían dado por muerto, y a ello se debió que se salvara de una muerte segura el señor Legorreta.

La monja misteriosa.

La explicación de todos estos sucesos la dan algunas personas respetables en la siguiente forma:

Cuando el señor Madero andaba en su prédica revolucionaria, apareció por los campos una mujer vestida de monja, que venía predicando por todas partes la igualdad.

La sedición la proclamaba aquella mujer, declarando que el peón debía ya pedir sus tierras y que los propietarios de éstas no eran sus amos, sino los humildes. Que debían los trabajadores del campo levantarse en armas, si era preciso, para exigir que se les diera por partes iguales la tierra y sus productos.

En dos meses, la monja misteriosa había recorrido la mayor parte de las haciendas que limitan con el estado de Guanajuato y había obtenido dejar su doctrina, que respondía a las necesidades de la gente del campo, grabada en el corazón de todo el mundo. Se había quedado también en todos los campos el nombre de Madero.

Poco después se empezaron a alzar en armas los campesinos de Guanajuato, y en Querétaro la sublevación no tardará en estallar, pues los magníficos resultados que dio a los peones su sublevación en la hacienda de los señores Legorreta, ha despertado el deseo de imitarlos.

Algunos hacendados del mismo estado de Querétaro han optado por dar a sus peones maíz y lugar donde sembrar, con lo que se han librado de perder sus tierras o de recurrir a la fuerza de las armas.

 

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La conducta de estos dignos proletarios está siendo imitada en muchas haciendas de la República. Solamente tenemos que decir que no es bueno que los camaradas peones se dividan la tierra, porque a la larga quedará otra vez en pocas manos y la miseria y la tiranía serían el fruto del acto heroico de la expropiación. Imitad a los peones de otras regiones que han tomado la tierra en común.

La tierra debe ser trabajada en común, y los productos consumidos en común.

¿Qué dirán ahora los señores Juan Grave, Luigi Galleani y tantos otros que la dragonean de libertarios y son los peores enemigos de la Revolución del proletariado mexicano?

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 87, 27 de abril de 1912



[1] El Intransigente, México, DF (1912-1913). Diario vespertino. Directores: José Ferrel, Antonio Médiz Bolio, Ciro B. Ceballos (sucesivamente); a pesar de sus titubeos se le considera como uno de los pocos periódicos que apoyaron a Madero durante su gobierno. Fue suprimido tras el golpe huertista.