Pleito de ambiciosos

 

Vázquez Gómez tiene gran prisa de llegar a la Presidencia de la República, aunque sea de una manera provisional. Pascual Orozco hijo lo mandó llamar a Chihuahua para tener una conferencia con él, y el ambicioso politicastro voló de San Antonio, Texas, a Ciudad Juárez. Apenas pisó tierra de México, Vázquez Gómez lanzó una proclama declarándose Presidente Provisional de la República Mexicana y nombrando desde luego dos ministros, uno de la Guerra y otro de Relaciones Extranjeras. Pascual Orozco, el “generalísimo” como a sí mismo se titula, se ha puesto furioso, y ha enviado un mensaje telegráfico a Vázquez Gómez diciéndole que marche hacia el sur a ponerse al frente de las fuerzas rebeldes, o que se salga inmediatamente del territorio mexicano.

Esto ha provocado una gran división entre los “jefes” del movimiento de Chihuahua, pues unos están por Orozco y otros por Vázquez Gómez.

Esta clase de conflictos entre ambiciosos da buenos resultados a la Revolución verdadera, a la de fines sociales, a la que quiere la expropiación de la tierra y de los medios de producción y de transporte para que sean propiedad común de todos los habitantes de la República Mexicana.

El pleito entre Vázquez Gómez y Orozco alarga la duración del movimiento revolucionario y es eso precisamente lo que se necesita para el avance de la Revolución netamente económica y antiautoritaria del Partido Liberal Mexicano, pues durante la agitación revolucionaria el proletariado está mejor dispuesto a escuchar la palabra de los agitadores libertarios, y los grupos de libertarios armados pueden obrar con más libertad.

Si el rompimiento de las relaciones amistosas entre Orozco y Vázquez Gómez es completo, entonces las fuerzas rebeldes de Chihuahua se disgregarán y las guerrillas se multiplicarán con grande beneficio para la causa de los desheredados, porque estará menos centralizada la fuerza revolucionaria y habrá menos autoritarismo, menos poder en las manos de los generalísimos Orozco, Campa y Salazar. Felicitémonos de esa división, hermanos de miseria, y dediquémonos todos los que estamos convencidos de que es preciso fundar una sociedad de iguales y de hermanos, en que no haya burgueses ni autoridades, a poner lo que esté de nuestra parte para convertir en realidad los principios enunciados en el Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911.

Los que no tengáis armas, tomadlas de las manos de los vazquistas, de los orozquistas, de los científicos, de los maderistas y demás listas y aumentad el combustible de esa grande hoguera que, si es bien fomentada, dará como resultado la muerte de la miseria y de la tiranía.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 89, 11 de mayo de 1912