En defensa de los mexicanos

 

Un trabajador mexicano de nombre Lauro García, desconocedor del idioma inglés, se valió de un americano, para que le cobrara un cheque. Esto sucedió en Fort Collins, Colorado. El americano cobró el cheque, se embolsó el dinero, y cuando el mexicano le pidió su dinero, el americano sacó una pistola para matarlo. El mexicano, viéndose a punto de perecer, se echó sobre el americano matándolo de una puñalada. Entonces un polizonte se lanzó sobre el mexicano, a quien quiso matar, pero más listo el mexicano, logró dejar tendido al esbirro, muerto también. Como se ve, se trata de un doble homicidio cometido en legítima defensa. El mexicano debería estar libre, porque no fue un crimen el que cometió, pero la señora Autoridad lo tiene en la cárcel, y se dice que se trata de ahorcar a ese pobre trabajador por el delito de ser pobre y mexicano. Muy bueno sería que todos los mexicanos enviasen cartas de protesta al gobernador del estado de Colorado, residente en Denver, para que no se lleve a cabo el crimen de ahorcar al pobre Lauro García. Si somos solidarios los mexicanos, tendremos que hacernos respetar. Nada de miedos, que se trata de la vida de un inocente, pues matar en legítima defensa no es un crimen.

Se nos dice que el padre de Lauro García, residente en el estado de Durango, envió al Cónsul mexicano cien dólares para la defensa de su hijo, y se nos informa que hasta ahora nada ha hecho ese Cónsul.

¡Que devuelva los cien dólares para que otra persona se encargue de la defensa de ese pobre mexicano, ya que él no cumple con sus obligaciones de proteger a los mexicanos! Conque, mexicanos, a pedir todos la libertad de Lauro García.

 

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En Reedville, Texas, hay una tienda de la que tienen forzosamente que surtirse todos los trabajadores de la población y de los alrededores. Todos esos trabajadores tienen crédito, y así sacan al fiado lo que necesitan, para pagar cuando levantan sus humildes cosechas. Al frente de esa tienda se encuentra un mexicano llamado Antonio Perales, más enemigo de los mexicanos que los mismos americanos. Este individuo apunta en las carteras de los trabajadores lo que se le antoja, según se nos informa, y cuando no puede apuntar de más, entonces les roba en la romana. Lleva cuatro años de estar haciendo ese negocio el pícaro en cuestión, y los pobres mexicanos se encuentran en la miseria más triste. Los burgueses, por su parte, tienen a esos trabajadores reducidos a la esclavitud más abyecta, pues cobran muy caro el arrendamiento de la tierra, y resulta de todo ese latrocinio que, entre la tienda y los señores terratenientes, se queda el producto del trabajo de los abnegados agricultores de la región. Los pobres mexicanos no alcanzan a comer otra cosa que frijoles y papas, a pesar de ser ellos los productores de la riqueza del estado de Texas. Mucho ojo, compañeros, cuando esté pesando la manteca el señor don Perales y poned más cuidado en lo que éste apunta en vuestras carteras.

 

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En Colton, California, pesa sobre la población mexicana un cura que insulta, según se nos informa, a los mexicanos a quienes encuentra al paso por el “delito” de no ir a misa. Este mismo cura pretendió imponer una cuota de cincuenta centavos mensuales a cada familia para su subsistencia, y tiene especial empeño en andar investigando quién se casa por lo civil para regañarlo como si fuera un chiquillo, pues solamente la iglesia puede casar, según él. Nada, mexicanos, si quiere comer ese cura, que se ponga a trabajar como cualquier hijo de vecino,

y por lo que respecta al matrimonio, decid al curita que tan malo es hacer que intervenga en esos asuntos íntimos la autoridad religiosa, como la civil.

 

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El 18 de abril fue expulsado del campo de Hurley, Nuevo México, un grupo de trabajadores mexicanos, bastando para que se cometiera el atropello la delación de un miserable mayordomo que tiene por apodo “El Bola”, quien dijo a los negreros del lugar que esos mexicanos trataban de organizar una huelga, cosa que no es delito en ninguna parte del mundo; pero lo cierto es que esos mexicanos no iban a declararse en huelga, sino que se preparaban para celebrar una fiesta patriótica, y por lo mismo, inofensiva para la burguesía. El atropello se cometió simplemente porque se trataba de mexicanos. En Hurley hay un cura que es enemigo jurado de la clase trabajadora. Trata muy mal a los mexicanos que tienen el mal gusto de alternar con frailes; los bautismos son para él espléndido negocio, pues cuando le llevan un niño de más de un mes de nacido, multa a los padres en un peso por cada mes que ha estado sin bautismo, aparte de ultrajarlos con palabras nada pulcras. ¡Cuánto mejor fuera, mexicanos, que en lugar de dar vuestro dinero al fraile embaucador y ocioso, lo dierais para salvar a vuestra clase de la miseria y de la tiranía!

 

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Pablo G. Sáenz,[1] un mexicano residente en Porter, Texas, depositó en la oficina del Express Wells Fargo, en Houston, Texas, un bulto con destino a Porter. Pasó algún tiempo y Sáenz no recibía su bulto. Preguntaba al empleado de la compañía en Porter, y ese individuo, un déspota como son todos los aspirantes a burgueses, le daba la espalda y lo corría de la oficina sin atenderlo. Por fin escribió Sáenz al agente general en Houston, y éste le pidió el recibo del Express. Sáenz envió el recibo, y hasta la fecha no recibe ni el bulto ni el valor que le fijó al hacer el depósito. Que robe un hambriento una pieza de pan, y va a presidio; que robe un rico a un pobre, y la señora Autoridad se queda tan fresca.

 

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Tanto reclamo le ha hecho la prensa burguesa mexicana a las minas de Big Lump, Rockdale, Texas, que muchos trabajadores mexicanos han acudido a ellas en busca de trabajo; pero sus ilusiones han quedado defraudadas, pues lo que se quiere es que haya abundancia de brazos en esas minas para que los burgueses se aprovechen rebajando los salarios, pues habiendo abundancia de brazos el trabajador que se separa por no poder consentir en que se le explote tan villanamente como allí se hace, es fácilmente reemplazado por otro. El peor enemigo de los trabajadores es Zeferino Elizondo, un tío que les anda lamiendo las patas a los americanos. La situación de los trabajadores mexicanos en ese mineral es tan precaria como nunca lo había sido; los hombres no ganan ni para mal alimentarse. No vayáis a las minas de Big Lump, mexicanos.

 

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En Santa Ana, California, un tal Juan Ríos está formando una sociedad mutualista, la que, al mismo tiempo, “luchará” por la adquisición de terrenos en México para sus socios. Este empresario Ríos fracasó con una sociedad mutualista en San Bernardino, y esta vez sucederá lo mismo. ¿Cómo va a luchar por la adquisición de terrenos esa sociedad? ¿Con las armas en la mano? No; no hay tal: esos van a pedir hoy a Madero, mañana a Vázquez Gómez, después a Perico de los palotes, que les den tierra por favor, cuando los valientes la están tomando por la fuerza. No gastéis vuestros dineros en sociedades mutualistas, trabajadores mexicanos, pues esas sociedades sirven solamente para que los miembros de las mesas directivas tengan salarios más o menos buenos, mientras que para los socios no hay nada. Uníos todos al Partido Liberal Mexicano, que no pide, sino que toma. El mutualismo desvía al trabajador del camino recto que debe seguir para conquistar Pan, Tierra y Libertad para todos. El mutualismo no acabará con el capitalismo, porque no está instituido para atacar al Capital. Bueno está que los proletarios se asocien para ayudarse mutuamente; pero eso no salva. ¡Guerra al Capital y a la Autoridad, mexicanos!

 

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Ramón Herrera es el nombre de un joven trabajador mexicano que fue muerto, según se nos comunica, de una manera villana por un policía de Blackfoot, Idaho. Herrera andaba paseando, un tanto ebrio, pero sin cometer escándalo de ninguna clase. Le acompañaba otro mexicano, Pedro Pacheco. Un polizonte los arrestó, sin motivo de ninguna clase. Como Herrera estaba un poco ebrio, echó a correr rumbo a su casa, creyendo que no le seguiría el policía; pero se equivocó, pues el Marshal de la ciudad y un polizonte se echaron en persecución del pobre muchacho, y como no se detuviera, el Marshal ordenó al polizonte que le hiciera fuego. Obedeció el esbirro, y Ramón cayó muerto de un balazo que le atravesó el corazón. El asesino fue arrestado, pero al día siguiente ya andaba mascando tabaco en las calles de la población, libre de toda pena. Los trabajadores mexicanos residentes en el lugar se han dirigido a los Cónsules mexicanos en Denver, Colorado; de Salt Lake City, Utah, y Portland, poniéndolos al corriente del atentado de que fue víctima el pobre muchacho mexicano; pero ninguno de esos tíos ha hecho aprecio a esos trabajadores, pues ya se sabe que los Cónsules son simples polizontes que el gobierno mexicano tiene en los Estados Unidos para perseguir a los revolucionarios. ¿Para qué sirve la Autoridad? Para explotar, oprimir y asesinar.

 

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Hay en Heaton, Nuevo México, un policía enemigo acérrimo de los pobres. Un muchachito mexicano andaba el otro día recogiendo los pedacitos de carbón que se encuentran de trecho en trecho en la línea del ferrocarril. Lo vio el policía y cargó con él a la oficina, donde el muchachito fue multado en cuatro pesos. ¿Para qué sirve la Autoridad? ¿Cómo ha de ser posible vivir sin bribones que nos aprieten el pescuezo?

 

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La Autoridad sirve para aplastar a los pobres en provecho de los ricos. Varios trabajadores mexicanos entraron al Banco Nacional de Pratt, Kansas, el 22 de abril último con el objeto de cambiar sus cheques. Un perro guardián del Capital les siguió y les amenazó con llevarlos a la cárcel si no salían del Banco, y habrían sido encarcelados si un compañero no se le encara al polizonte para defender sus derechos. El polizonte se marchó corrido como un perro. Después pasaron esos trabajadores a la oficina de Correos a preguntar por su correspondencia. El empleado, sin consultar los nombres, dijo desde su asiento:

“no hay cartas; ¡lárguense de aquí!” Así es como tratan a los mexicanos en este bárbaro país.

 

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El compañero Tomás Montaño[2] acaba de ser molestado en Holtville, California, por la señora Autoridad, sin la cual muchas inocentes personas creen que es imposible vivir. Dicho compañero es miembro de la Industrial Workers of the World (Trabajadores Industriales del Mundo) que tan perseguidos son por los capitalistas, y vive pacíficamente ejerciendo su oficio de peluquero en una carpa que le han facilitado los compañeros IWW, para que haga el pelo y rasure a los mexicanos, pues en Holtville no se permite a los mexicanos que entren a las barberías de los americanos, ni que se sienten a comer al lado de los mismos. El 31 de abril se le enfrentaron a Montaño policías de El Centro y de Caléxico, y uno de ellos, el que la hacía de más valiente, le dijo que le daba tres días para que saliera del pueblo. Nuestro valiente compañero se rió, y firme, porque tiene la conciencia tranquila, no se marchó; esperó el desarrollo de los acontecimientos. Los compañeros IWW, de Holtville, hablaron por teléfono a un tal González, empleado de la Inmigración, y a otros sujetos de ese llamado “servicio”, y les dijeron que no quedaría impune cualquier atentado que se cometiera con Montaño. Resultado: que no se ha tocado al compañero, pues la señora Autoridad es mansa con los enérgicos y enérgica con los mansos. El sheriff del condado de Imperial, un tal Meadow, es muy enemigo de los mexicanos. ¡Y ha de haber idiotas mexicanos que voten por él en tiempo de elecciones! ¿Ha investigado Meadow cómo ocurrió el plagio de Tirso de la Toba?

 

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¿Cómo ha de ser posible vivir sin Autoridad? se preguntan asustadas muchas personas, y agregan: la Autoridad sirve para proteger al débil de los atentados del fuerte. En el caso del Niño Mártir León Cárdenas Martínez se ha visto que la Autoridad solamente ha servido para condenar a un inocente y dejar en libertad a un malvado. No cabe duda de que la americana Emma Brown fue asaltada por alguno de esos salvajes americanos vestidos de cuero a medio curtir que pululan en las llanadas del salvaje estado de Texas, los llamados cowboys, y que el mexicanito es completamente inocente. Las pruebas que el padre del niño ha presentado al público son clarísimas. Por ellas se ve que fue físicamente imposible que el niño se hubiera encontrado en el lugar del crimen en el momento en que fue perpetrado, y, sin embargo, ese niño está sentenciado a muerte. La causa está ahora en poder de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos. De paso diremos que el gobierno mexicano nada ha hecho en favor de este muchachito. Lo que le interesa a Madero es robar millones y más millones; lo que le interesa a Madero es pagar esbirros que persigan a los revolucionarios; lo que le interesa a Madero y a sus estúpidos ministros, verdaderos burros envueltos en levitas, es aferrarse en el poder. ¿Qué les importa a esos señores que un humilde mexicano esté a punto de perder la vida en cualquier patíbulo del salvaje estado de Texas? ¿Para qué sirve la Autoridad, corazones sencillos que suspiráis por ella? ¿Os tiende las manos cuando estáis en desgracia? ¿No es ella misma la causa de vuestras desventuras? ¡Y pensad que tenéis que pagar contribuciones para sostener esa máquina maldita que os hace desgraciados! Tenemos a la vista copia de una comunicación que el ministro de Relaciones de México envió al afligido padre de la víctima, León Cárdenas Martínez.[3] En ella se le dice que no puede intervenir el gobierno de México en el asunto de su hijo, porque no se ve que se haya negado justicia al mexicanito. De manera que, para el gobierno mexicano es justo que se estén cometiendo atropellos en la persona de un inocente, pues el proceso es una serie larguísima de atropellos como lo ha demostrado el padre del niño con profusión de detalles. Ya nos seguiremos ocupando en este asunto, e invitamos a todos los periódicos mexicanos, sin distinción de doctrinas, a que empujen al Gobierno Mexicano a intervenir seriamente en el asunto del niño León Cárdenas Martínez. Y hay que hacerlo cuanto antes y con energía. Al mismo tiempo hay que ayudar con fondos para la defensa del mexicanito. Los fondos deben ser remitidos a León Cárdenas Martínez, P.O. Box 1124, El Paso, Tex.

 

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Para terminar diremos que la llamada Agrupación Protectora Mexicana, cuya matriz está radicada en San Antonio, Texas, nada práctico ha hecho para que se ponga en absoluta libertad al niño León Cárdenas Martínez. Los fondos desaparecen sin saberse a dónde van a dar. Los atentados contra mexicanos menudean día por día, sin que esa Agrupación dé señales de vida. Los agentillos de la llamada Agrupación no pierden ocasión de atacar al Partido Liberal Mexicano, y cuando se encuentran con compañeros nuestros, entonces dicen que trabajan de acuerdo con nosotros. Emilio Flores y Donaciano Dávila son los más activos trabajadores de la Agrupación. Dávila es miembro de la Junta Directiva de un nuevo banco que se fundó en San Antonio con capital de burgueses mexicanos, de los panzoncitos que vinieron huyendo de la quema a explotar aquí; es, además, comerciante que, con la lista de miembros ha aumentado su clientela. Emilio Flores es un burgués de tomo y lomo que nos llama a los libertarios: “conspiradores contra el orden y la sociedad”, y no se equivoca ese tío: conspiramos contra el orden burgués y la sociedad capitalista. Siendo burgueses los directores de esa Agrupación, no es de extrañar que nada se haga en beneficio de los pobres mexicanos atropellados en este país.

Trabajadores mexicanos: botad de las sucursales de esa Agrupación a todos los burgueses y quedaos únicamente los proletarios. Es imposible que haya unión entre burgueses y trabajadores. Entre las dos clases sociales debe haber solamente odio. Además, botad a los personajes de la matriz de San Antonio; pero antes de hacerlo, llamadlos a cuentas, que digan en qué han invertido los inmensos caudales que han recibido, producto de vuestro sudor y de vuestra fatiga. Vosotros quitáis de las boquitas de vuestros pequeñuelos un pedazo de pan para enviar vuestras cuotas a San Antonio, y es justo que se os diga en qué se gasta ese dinero con tantos sacrificios reunido. Nosotros publicamos semanariamente en Regeneración todas las entradas y salidas de dinero. ¿Por qué no hace lo mismo la tal matriz? No os dejéis explotar. Acordaos que siempre os hemos dicho la verdad y siempre os hemos dado sanos y fraternales consejos que, por haberlos desoído, habéis sufrido más de un chasco. Nos conocéis por muchos años, ¿cuándo os hemos engañado? ¡Responded a esa pregunta, uniéndoos con los de vuestra clase, no con los burgueses! Gritad todos

¡Viva Tierra y Libertad!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 89, 11 de mayo de 1912


[1] Pablo G. Sáenz. Residente en Porter, Texas. Realizó diversas aportaciones pecuniarias a Regeneración entre 1911 y 1917. En septiembre de 1912 formaba parte del grupo Regeneración Ricardo Flores Magón, de Houston, Texas.

[2] Tomás Montaño. Miembro del grupo William Stanley de Caléxico, California al que pertenecía Margarita Ortega. Suscriptor de Regeneración, al menos hasta 13 de mayo de 1916. Wobblie.

[3] León Cárdenas Martínez. Periodista masón. Editor de Evolución Social, Toyah, Texas. Aparece en las listas de suscriptores desde 1906, como residente en Mapimí, Durango. Miembro del PLM, partidario y cercano a las posiciones de Praxedis G. Guerrero. Se le imputa la versión anarcocomunista del Plan de San Diego fechado el 20 de febrero de 1915. Envió una copia del mismo al semanario anarquista español Solidaridad Obrera. Aparece como delegado especial de la JOPLM junto con Salvador Medrano.