A última hora

 

El sitio de Torreón por los revolucionarios de Orozco es un hecho. Los rebeldes que militan bajo las órdenes de los jefecillos Campa y Salazar han cortado las comunicaciones entre Torreón y Monterrey. Cuatro Ciénagas ha sido tomado por los orozquistas. La situación de las fuerzas federales en Torreón es verdaderamente precaria. De los nueve mil federales con que cuenta el general Huerta, tres mil se han insubordinado y están prisioneros en sus respectivos cuarteles. Queda, pues, reducida a seis mil hombres la fuerza federal en Torreón, y todavía se mermará más esa fuerza cuando comience el ataque de los revolucionarios que se espera de un momento a otro.

Madero está haciendo rápidamente sus preparativos para fugarse de la ciudad de México. Por fin no cumple su célebre fanfarronada: “solamente saldré de México en carro fúnebre”. ¿Serán tan cándidos los revolucionarios de dejar salir con vida a ese tirano? ¡Hay que colgarlo, camaradas, y hay que colgar también a todos los que ambicionen gobernar, como Orozco, Vázquez Gómez, etcétera!

Los americanos residentes en la ciudad de México están desesperadísimos, porque se nota en el pueblo de la capital una ansia grandísima de arrancar a la burguesía todo lo que detenta. Más de mil rifles están a la disposición de los americanos en diferentes puntos de la ciudad para hacer fuego contra el pueblo, cosa que se considera como una verdadera locura, pues tan pronto como el pueblo advierta un movimiento sospechoso de los americanos, no cabe duda de que habrá una terrible matanza de americanos provocada por ellos mismos.

Mientras todo el país está excitadísimo por la guerra de clases en el terreno de la acción, los sinvergüenzas socialistas políticos se están proponiendo como candidatos para diputados. No han podido escoger peor tiempo esos zaragates para embaucar a las multitudes, pues ahora sabe el mexicano que es con el fusil en la mano y no por medio de la boleta electoral como ha de conquistar su libertad y su bienestar, tomando posesión de la tierra y de los útiles de trabajo. Que no haya un solo trabajador mexicano que se deje arrastrar por los socialistas políticos.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 89, 11 de mayo de 1912