El hambre

 

La Revolución se prolonga; muchas negociaciones han cerrado sus puertas; extensísimas regiones han quedado sin cultivo este año; las provisiones comienzan a escasear, y es necesario, mexicanos, que penséis seriamente en salvaros del hambre. Los estados del sur serán indudablemente los que menos sufran con motivo de la Revolución, al menos en las regiones donde la tierra ha quedado, de hecho, en poder de los proletarios que la trabajan ahora por su cuenta. Lo mismo ocurre en la región del Yaqui en el estado de Sonora; en el Partido de Cuencamé, del estado de Durango y en diversas regiones de otros estados del interior del país; pero lo que se produzca apenas alcanzará para cubrir las necesidades de los habitantes de esas regiones, y quedará el resto del país azotado por el hambre; muchos niños y muchos ancianos morirán por falta de alimentación adecuada; muchas mujeres se prostituirán para salvarse del hambre.

Necesario es, pues, que el trabajo no se interrumpa con motivo de la lucha armada. ¿Que los hacendados suspenden los trabajos agrícolas? Pues que los proletarios tomen las haciendas y las trabajen por su cuenta, como lo están haciendo los bravos trabajadores de las regiones en que la tierra está siendo cultivada con el fusil al hombro. Se corre el riesgo de ser fusilado, es cierto; ¿pero no es preferible morir de una vez a sufrir la prolongada agonía de la miseria?

Es una estupidez estar pisando una tierra tan rica, y morirse de hambre porque el amo ha suspendido los trabajos con motivo de la Revolución, y se ha marchado al extranjero con lo más que pudo reunir en valores, cuando basta con dirigirse al cuarto de los aperos, tomar los instrumentos que se necesitan para el trabajo y ponerse en seguida a labrar la tierra.

Es una estupidez apretarse el vientre para aplacar las mordidas del hambre porque el burgués cierra la fábrica con motivo de la Revolución para largarse al extranjero a comerse lo que robó a los trabajadores, cuando basta con echar la puerta abajo, ocupar su puesto cada operario y continuar la producción.

No; el trabajo no debe ser interrumpido. Cierra un burgués alguna negociación: a tomarla, si no se ha tenido el valor de tomarla desde antes de que se intentase cerrarla.

Por lo expuesto no se crea que solamente debe ser tomado lo que “pertenece” a los burgueses que se han marchado al extranjero. Debe ser tomado todo, todo: las tierras, las aguas, los montes, las casas, las minas, las fábricas, los talleres, los medios de transformación. Todos los proletarios deben desconocer el derecho de propiedad individual y ponerse a trabajar como cosa propia lo que estaban trabajando para los amos.

Las circunstancias son magníficas para la expropiación que es lo único que os salvará del hambre, mexicanos. Tomadlo todo desde luego. No creáis en promesas de caudillos. A ésos voladlos con dinamita.

Adoptad todos el Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 90, 18 de mayo de 1912