Al  proletariado de la Argentina

 

Cual traidor bandido que en el recodo de un camino y en despoblado los espera para robaros el dinero y la vida, así un villano gobierno viene hoy a imponernos un deber: elegir el verdugo que ha de atormentar-

nos, el tirano que ha de oprimirnos. Repugna ver la cobardía ambiente, la apatía y el silencio de complicidad con que la opinión pública acata las leyes inicuas que atentan contra los más sagrados derechos del individuo; pero si ese silencio existe, aquí estamos nosotros para romperlo, gritando alto nuestra protesta, levantando nuestra conciencia sin mácula como augusta bandera, símbolo puro de la rebeldía popular.

Nosotros como representantes de una colectividad proclamamos la huelga de electores; huelga parcial si se quiere, pero huelga al fin que ha de bastar para probarle a los tartufos que gobiernan la República Argentina, que aún hay varoniles y nobles pechos que saben defender los derechos del obrero, las libertades públicas.

Rebañizar al pueblo, hacerlo cómplice de las concupiscencias, demasías, robos y crueldades del gobierno; suprimir arteramente el derecho de crítica; obligar al obrero a delegar su representación a otro forjando así las cadenas que han de servir para encadenarnos y uncirnos al yugo servil, es la obra de la tiranía argentina, del tartufismo gubernamental de un país digno de mejor suerte.

Si mansamente aceptamos esta ley pronto vendrán otras muchas; la del arbitraje obligatorio para los conflictos entre capital y trabajo, y no tendremos siquiera el derecho de protesta por haber con nuestra obediencia creado este estado de cosas.

Si por temor a las consecuencias, traicionamos nuestras ideas, dejamos de lado las prédicas de otros tiempos y concurrimos a las urnas, daremos la nota ridícula del león castrado trasformado en cordero: el colmo de la mansedumbre.

El Consejo Federal de la Federación O.R. Argentina,[1] mantiene incólumes las resoluciones contenidas en las actas de sus congresos, siguiendo invariable en su acción contra el estado y la explotación capitalista.

Fiel el pacto federal, este consejo proclama la necesidad que existe en anular con la abstención obrera, esa ley del voto obligatorio, que tiende en sus fines a envolvernos en los amaños legalitarios, restándonos el derecho de defensa y de crítica, base de nuestra acción de franca rebeldía.

Es preciso, pues, que ningún trabajador concurra a las urnas a votar, combatiendo así, con un acto franca y noble rebeldía, la eficacia de una ley torpe y mala.

¡Abajo la ley del voto obligatorio!

¡Viva la huelga de electores!

El Consejo Federal

Buenos Aires, marzo 27 de 1912.

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Nuestros aplausos a nuestros hermanos de la Argentina. ¡Sí, que muera el voto obligatorio! El que quiera ser marrano elector, que lo sea en buena hora; pero que se nos deje en paz a los libres, a los que no queremos echarnos el yugo voluntariamente.

Mexicanos: tomad nota de los esfuerzos que hacen nuestros hermanos de otros países. Ellos han comprendido que la democracia es una porquería que solo aprovecha a los ricos. ¡No más Gobiernos!

Los hermanos de la Argentina han sufrido mucho. El Gobierno que tienen es el más criminal de todos los Gobiernos de la tierra. Ese Gobierno los deporta, los martiriza en el interior de los calabazos, los confina a la Tierra del Fuego donde mueren lentamente mordidos por la tisis, y todo eso sucede porque no nacen muchos Caserios[2] en un año ni en una generación; eso es así porque las madres no paren muchos Angiolillos; el crimen se perpetúa porque los Ravachol[3] y los Morral y los Kotoku[4] y los Ferrer aparecen de tiempo en tiempo entre esta humanidad degradada, cobarde, servil y corrompida. ¡Ah; pero tal vez en estos momentos se esté adiestrando el brazo y se esté forjando el puñal que ha de atravesar el corazón de aquellos tiranos!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 90, 18 de mayo de 1912


[1] Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Federación de sindicatos obreros, fundada en 1901, que aglutinó en su seno a gran cantidad de asociaciones de trabajadores, llegando a convertirse en la más importante organización sindical argentina en los primeros años del siglo XX. A partir de 1905, por acuerdo del consejo federal, adoptó el comunismo anarquista como medio de lucha, filiación que preservaría hasta 1915. A partir de entonces, la FORA se escindió en dos vertientes, una sindicalista y la otra ácrata; la primera se disolvió en la década de 1920, mientras que la segunda se mantuvo en actividad hasta la década siguiente.

[2] Refiérese al panadero anarquista Lombardo Girolamo Santo Caserio (1873-1894), que el 24 de junio de 1894 apuñaló al presidente francés Sadi Carnot causándole la muerte. El atentado fue motivado por el ametrallamiento de mineros huelguistas en Monteceau-Les-Mines, así como por la negativa del Gobierno Francés para indultar a Aguste Vaillant, culpable de arrojar una bomba a la Cámara de Diputados. Detenido inmediatamente después del atentado, Caserio fue sometido a un juicio en el que él mismo expuso su defensa. Murió guillotinado el 15 de agosto de ese mismo año. A su muerte fue reivindicado por el anarquismo internacional como un mártir de las luchas libertarias.

[3] Ravachol, sobrenombre de François-Claudius Koenigstein, anarquista y terrorista francés. Condenado a muerte tras una cadena de robos, bombazos y asesinatos, gritó “Viva la anarquía” y caminó a la guillotina cantando una canción anarquista.

[4] Denjiro Kotoku (1871-1911). Periodista librepensador, poeta y propagandista libertario japonés. Fundador del Partido Socialdemócrata nipón y primer traductor del Manifiesto Comunista al japonés; introdujo los escritos de Kropotkin y Bakunin en su país natal, después de realizar un viaje a los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX. Durante su estancia en la unión americana entró en contacto con el sindicalismo revolucionario de los IWW, cuyas tácticas intentó introducir en el Japón. El gobierno imperial japonés consideró que la difusión de estas doctrinas era una amenaza para la estabilidad social, por lo que acusó a Kotoku y a un grupo de correligionarios suyos (entre quienes se encontraba Sugako-Kano, editora del periódico Pensamiento Libre y compañera de Kotoku) de encabezar una conspiración contra el emperador de Japón y los condenó a muerte. Su aprehensión desató una oleada de protestas en los medios libertarios de Europa y América contra las disposiciones del Mikado. El gobierno japonés accedió a indultar a gran parte de los procesados, pero Kotoku y su compañera fueron ejecutados el 24 de enero 1911. Tras la ejecución, Kotoku fue reivindicado como un mártir por los anarquistas de diversas partes del mundo. En las páginas de Regeneración se dio seguimiento al caso entre noviembre de 1910 y febrero de 1911, y el grupo Regeneración de Los Ángeles suscribió una protesta contra la ejecución.