¡Abajo las haciendas!

 

Éste es el grito de los rebeldes del Distrito de Ejutla, estado de Oaxaca; al oír ese grito, la burguesía vuela a refugiarse a la capital del estado.

El Imparcial, del 10 de este mes, dice al referirse a dicho movimiento:

Los dirige —a los rebeldes— una persona que no ha podido ser identificada. El lema de los levantados es: “¡Mueran las Haciendas!” y es consecuencia de las predicaciones de socialismo agrario que se hicieron para sacar avante la candidatura del señor Juárez y que hoy toma un aspecto anarquista. Con los levantados van mujeres y niños y créese que el estado de pobreza y la pérdida de las cosechas son la causa inmediata de la rebelión.

En su edición del 16 de este mes, dice El Imparcial:

La causa del levantamiento de las peonadas de Ejutla se debe a que desean la repartición de las haciendas, como se les prometió durante la pasada revolución. Sucesivamente han sido asaltadas y saqueadas todas las haciendas de Ejutla, siendo las principalmente perjudicadas las de los señores Mimiaga, Barroso, testamentaria de Banuet y la de Esperón y Silva. Todas las caballadas y ganado han sido robados por los alzados, las trojes han sido vaciadas, estimándose en dos mil fanegas las semillas de que dispusieron los rebeldes, quienes destrozaron las cosas que no pudieron llevarse. En la hacienda de Barroso, por ejemplo, convirtieron en leña un piano. También se encuentran infestados de rebeldes los Distritos de Teposcolula, Juchitán y Jamiltepec.

¿Qué dirán los que “dudan” de que hay un movimiento económico en México?

El movimiento del estado de Oaxaca no está confinado en los distritos aquí citados. En el norte del estado, los rebeldes tienen en jaque a los federales; en el Istmo de Tehuantepec, la Revolución está en toda su fuerza; una obra de arrasamiento está en progreso; de las casas no queda piedra sobre piedra; las corrientes de agua son desviadas para lastimar de esa manera a la burguesía, y, para conseguir el mismo objeto, los sembrados son incendiados, los ingenios de azúcar hechos añicos, todo se destroza, se aniquila, se pulveriza ya sean hombres, casas, animales, bosques, vías férreas, puentes grandiosos… La cólera por tanto tiempo comprimida ha estallado en Oaxaca; ¡guay de las autoridades! ¡Guay de los burgueses!

No quiero criticar la táctica de estos nobles revolucionarios. Ellos tienen agravios que vengar; ellos han sido esclavizados por los hacendados; sus compañeras y sus hijas han sido prostituidas por los burgueses; las tierras que sus mayores regaron con su sudor les fueron arrebatadas por aventureros de toda clase. Sienten odio contra lo que los ha oprimido, vejado, envilecido y lo exteriorizan por medio de una obra de destrucción que dará como resultado el aniquilamiento de la burguesía; pero al mismo tiempo producirá una espantosa miseria.

¿Por qué no mejor dejar intactas esas casas de los burgueses para que las ocupen ahora los proletarios? ¿Por qué no mejor cuidar los sembrados y estar listos para levantar las cosechas en beneficio de todos?

Yo creo que, siempre que se pueda defender la expropiación con balas, con dinamita o con lo que se encuentre a la mano, es preferible no destruir lo que es verdaderamente útil, para que de nada se carezca durante esta formidable Revolución.

Adoptad, hermanos revolucionarios, nuestro Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911. Obrando de la manera que en él se explica, habrá de todo en abundancia, a pesar del movimiento revolucionario. Todo consiste en que se hagan propiedad común las tierras, las casas, las provisiones, la maquinaria de producción y los medios de transportación; que se reúnan en seguida los trabajadores para ponerse de acuerdo sobre la reanudación de los trabajos, libres ya de amos y de autoridades, y declarar que el consumo debe regirse según las necesidades de cada individuo de la comunidad.

De no obrar de la manera que se aconseja, pudiera sobrevenir el fracaso de la Revolución, y el fracaso de la Revolución significaría una reacción terrible de la maldita burguesía.

No hay que permitirlo, hermanos. El primer paso hacia la verdadera emancipación está dado. ¡Adelante!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 91, 25 de mayo de 1912