Para los que “dudan”

 

Ya no es sólo la prensa burguesa de México, sino el Gobierno mismo el que reconoce la tendencia económica y antiautoritaria del movimiento mexicano. La Liga de la Defensa Social pidió a la Cámara de Diputados que se votase por la supresión de la Vicepresidencia de la República, alegando que, tanto la revuelta de Madero como el presente movimiento no han tenido otro motivo que las divisiones y discordias a que da lugar la elección de individuos que deben asumir la Vicepresidencia de la República.

La Cámara de Diputados turnó el memorial de la Liga de la Defensa Social a las Comisiones unidas, primera de Gobernación y primera de Puntos Constitucionales, que acaban de rendir su dictamen, el cual fue leído en sesión. Las Comisiones piden a la Cámara que se deseche la petición.

En la parte que nos interesa, dice el largo y cansado dictamen:

Las Comisiones no pueden aceptar las apreciaciones que acerca de la causa de la situación actual de la República hacen los signatarios del proyecto, que en último resultado no son más que las de un grupo de ciudadanos que de ninguna manera reflejan el sentir nacional. Es verdad que la República atraviesa por una situación seriamente anormal, porque la motivan tres causas distintas: una política, que es la de Chihuahua, otra socialista con marcadas tendencias al anarquismo, y otra netamente anárquica, porque no es sino el bandidaje, consecuencia natural de la honda perturbación social que nos aflige pero ninguna de ellas tiene relación ni con la supresión de la Vicepresidencia ni con la elección del Vicepresidente.

Bandidos llaman los señores diputados a nuestros abnegados compañeros que, al ir poniendo la tierra, las provisiones y la maquinaria de producción en poder de los habitantes de las regiones que van visitando, no hacen otra cosa que llevar a cabo un acto de suprema justicia.

¿Podrá haber ahora quien dude de que hay en México un movimiento esencialmente económico con tendencias al comunismo anárquico?

El Intransigente, diario burgués de la ciudad de México, al referirse a la Revolución en el estado de Yucatán, dice en su edición de 7 de este mes:

La revolución más destructora y terrible de cuantas han estallado en estos momentos en la República, es la de Yucatán, que reconoce como principio las ideas socialistas más avanzadas.

En estos días ha principiado la revuelta, que no tiene el carácter de una guerra y que no obstante es terrible, pues se basa en un golpe económico que destruirá al gobierno actual por la fuerza.

La anterior declaración [sigue diciendo El Intransigente] pertenece al señor don José Moncada Escalante, que acaba de llegar a México y tiene en su desarrollo tanto interés que seguramente será objeto de comentarios por los sociólogos de nuestro país y del mundo entero.

Hasta aquí —nos dice nuestro entrevistado— la guerra se venía haciendo por medio de las armas. En todas partes el grito de rebelión será seguido del estruendo de los fusiles y de la toma de poblaciones por los alzados.

Y bien; ahora la guerra se hace de distinto modo: no teniendo los revolucionarios armas ni municiones; y viendo la fuerza incontrastable del gobierno, bástales un fósforo, una caja de cerillos, para hacer la guerra.

En efecto, los campesinos siguen el procedimiento de incendiar los plantíos de henequén, para lograr la caída del gobierno. Cuatro cerillos colocados en los cuatro extremos de un campo de henequén, y el incendio es seguro, se propagará terrible y el hacendado resentirá una pérdida enorme.

En unos cuantos días que se ha llevado a cabo esta guerra ha sido terrible el estrago que han hecho los revolucionarios: más de dos millones de pesos se han perdido en esta lucha, y eso sin derramar una gota de sangre.

En menos de un mes las pérdidas de los hacendados por el incendio de los mecates ha pasado la cifra de un millón de pesos. Y bien, de continuar esto así, en poco tiempo las pérdidas alcanzarán tal proporción, que la ruina empiece a hacer sufrir al Estado.

Hermanos mexicanos, adelante. Incendiad solamente en caso de que, por no estar armados, no podáis sostener la expropiación; pero seguid la regla de no destruir la riqueza. Ciertamente que la burguesía tendrá que sucumbir si se reducen a cenizas los edificios, los plantíos, etcétera; pero considerad el inmenso trabajo que se os espera y el hambre que tendréis que sufrir si destruís cosas útiles. Tomadlo todo: tierras, aguas, montes, casas, minas, fundiciones, fábricas, talleres, ferrocarriles, embarcaciones, automóviles, carros, etcétera, y haced de todo ello la propiedad de todos y cada uno de los habitantes de la República Mexicana, sin distinción de ninguna clase. Adoptad los principios del Manifiesto de 23 de Septiembre de 1911. De ese modo acabaréis con la burguesía, y al mismo tiempo no padeceréis.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 91, 25 de mayo de 1912