Jeremiadas

 

La Prensa, del 23 de mayo, trae un editorial titulado: “El argumento de fondo de nuestra política, es el despojo de los terratenientes de la República”. En ese artículo considera que la Revolución actual está enderezada contra la propiedad individual, se lamenta de ello como un buen burgués, insulta a los revolucionarios, insulta a los campesinos y termina con esta jeremiada: “Los hacendados deben tener la lengua amarga, el corazón agrietado, el espíritu enjuto, y los nervios en estado de explosión, ante el fondo pavoroso de nuestra política, que es la guerra a la propiedad individual”.

Ya era justo que derramasen lágrimas de sangre los señores de la burguesía. El sufrimiento de ellos con motivo de la Revolución es insignificante si se compara con el sufrimiento que por siglos y siglos ha venido soportando la clase trabajadora.

Mientras los hijos del pueblo eran azotados en las haciendas; mientras las hijas del pueblo eran violadas por los amos; mientras los varones del proletariado sufrían los tormentos del cuartel, del presidio o la muerte por no quitarse el sombrero delante del amo, o por no permitir que los señoritos de la burguesía abusaran de la compañera, de la hermana, de la hija, o por no estar dispuestos a ceder a la hacienda la vaca, el caballo, la carreta o el pequeño lote de tierra; mientras el trabajador se deslomaba en los trabajos por ganarse una miserable pitanza para él y los suyos; mientras las familias pobres sufrían toda clase de necesidades sin poder satisfacerlas; mientras la vida del desheredado fue una perpetua pesadilla, un constante infierno, la burguesía fue cruel, sacó su felicidad de aquel dolor, amasó inmensas fortunas con aquellas lágrimas, entonces no les amargaba la lengua a los bandidos burgueses, no tenían el corazón agrietado, ni el espíritu enjuto, ni los nervios en estado de explosión… Pues bien; ha llegado el momento de las represalias, y no debéis quejaros señores burgueses, no tenéis siquiera el derecho de quejaros, porque no sufrís sino la consecuencia del desprecio y del odio con que siempre premiasteis las generosidades, los esfuerzos, las abnegaciones, los sacrificios de los pobres. Consultad vuestras conciencias y decid si la sangre que se ha derramado, si la sangre que se está derramando, si la carne humana que en estos momentos es pasto de gusanos, de aves de rapiña y de bestias feroces no es el resultado de vuestra conducta criminal. El esclavo no se habría lanzado a la guerra si hubierais sido más humanos… ¡Sufrid, sin despegar los labios, las consecuencias de vuestra maldad!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 92, 1 de junio de 1912