Una carta de Fermín Sagristá

 

Querido compañero Ricardo Flores Magón:

 

Adjuntas tengo el gusto de remitirte dos postales, cuyo argumento creo ocioso darte, pues tú lo comprenderás perfectamente.

Tengo más de tres mil de ellas, a beneficio de los presos de Barcelona. Finida su venta, te enviaré el original cuadro grande, hecho a la pluma, muy bonito, el cual podrá servirte, si te conviene, para reproducirlo en láminas que creo reportarían un buen beneficio para Regeneración.

Con satisfacción leí en vuestro periódico, la reproducción de mi carta que dirigí a Cultura Obrera, y el elogio que haces de mí, lo que agradezco y te doy las más expresivas gracias.

La activa e incansable propaganda de tu pluma en Regeneración, me tiene entusiasmado; mis plácemes y cuenta siempre con tu gran admirador y amigo.

Un fraternal abrazo para todos los compañeros.

 

Fermín Sagristá

Barcelona, 17 de Mayo de 1912

 

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Esta carta revela el desinterés del querido compañero Fermín Sagristá. Él ha dedicado su poderoso talento a la causa de la redención humana, a la Revolución Social. Nada quiere para él: cede el producto de la venta de las tarjetas postales a nuestros compañeros presos en la cárcel de Barcelona, y en cuanto al cuadro original, lo regala a Regeneración.

El cuadro, reproducido en las tarjetas postales que tiene a la venta Fermín, representa el triunfo de la Revolución del proletariado mexicano. El negro edificio de la tiranía capitalista y autoritaria que privaba al ser humano de este derecho primordial: el de vivir, acaba de ser convertido en ruinas por el esfuerzo revolucionario, y la Revolución, representada por una bella mujer, con las cadenas rotas en una mano, muestra con la otra, a los desheredados, la tierra libre ya de amos de toda clase, donde seres libres la cultivan a la luz de un nuevo sol que surge bellísimo en el horizonte. En el resplandor de ese sol, se leen en francés estas palabras: ¡Terre Libre!, que significa: ¡Tierra Libre! A la invitación de la Revolución, acuden los desheredados, representados

en el dibujo por un hombre, una mujer y dos niños. El hombre está en actitud de ir a tomar con ansia la tierra que le hará libre y hará libres a todos, hombres y mujeres. Los niños avanzan los bracitos, en actitud de quien contempla un bello espectáculo. Al otro extremo del dibujo se ve a la raza mexicana, representada por un hermoso indio de aspecto severo, lanzando miradas fulminadoras a un burgués que se marcha llevándose la caja de sus caudales, con los que se morirá de hambre, pues en una sociedad libre no habrá dinero. El indio, en la viril actitud característica de la raza, ve que el burgués se retira; pero permanece firme, sin apartar de él la mirada, dispuesto a exterminarlo si vuelve a aparecer en aquel paraíso de ventura, de verdadera libertad. Al pie del cuadro se ve esta palabra en francés: Mexique, que significa México.

Difícil me es, en verdad, describir tan hermoso trabajo artístico. Solamente viéndolo, se puede apreciar su valor. Nadie que ame la causa de los desheredados puede ver el hermoso cuadro sin sentirse lleno de entusiasmo y de generosas esperanzas de ver al fin implantada sobre esta tierra la sociedad libre con que soñamos los que no queremos ser más que otros, los que queremos que todos los seres humanos nos veamos como hermanos.

La generosa concepción de Fermín es digna de su talento. Felicitémonos los revolucionarios de que haya en nuestro campo un artista como Fermín Sagristá.

El compañero Rafael Romero Palacios,[1] en nombre del grupo editor de Regeneración, hizo a Fermín un pedido de mil tarjetas de éstas hace algunos días. Así, pues, nuestros lectores pueden hacer desde luego sus pedidos: una tarjeta: cinco centavos; doce tarjetas: cincuenta centavos. Todos los pedidos a Manuel G. Garza,[2] 914 Boston St., Los Ángeles, Cal.

Los mexicanos debemos sentirnos contentos de que el primer trabajo de Sagristá, al salir de la cárcel donde lo tuvo por más de dieciséis meses la tiranía española, haya sido dedicado a la Revolución del proletariado de México. Con el arte de Sagristá, la Revolución Mexicana se popularizará por todo el mundo, y todos los hombres y todas las mujeres inteligentes de la tierra, no verán en el mexicano al ladrón ni al asesino como la prensa burguesa quiere hacerlo aparecer, sino como al abnegado iniciador de la sublime catástrofe que romperá las cadenas todas que hacen sufrir a la humanidad.

Enviamos a Fermín Sagristá nuestro abrazo de hermanos en el Ideal.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 93, 8 de junio de 1912



[1] Rafael Romero Palacios. Originario de Puebla. Obrero tabacalero y activista de filiación anarquista. Residió en El Paso, Texas (1905?); San Francisco, California (1906-1908); Milwaukee, Wisconsin (1910-1911); Los Ángeles, California (1911-1912); Tampa, Florida (1913); y Nueva York, Nueva York (1913). Se desconoce la fecha de su vinculación con la JOPLM. Desarrolló una fuerte campaña de recolección de fondos para Regeneración en Milwaukee, a principios de 1911. En julio de ese año se integró al grupo editor de Regeneración, y se dedicó de la administración del mismo. Cuando RFM, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa fueron encarcelados en junio de 1912, fue designado “director” del periódico, puesto en el que permaneció hasta el 13 de octubre de ese mismo año, después de ser acusado de haber publicado en el periódico que “los compañeros presos estaban contentos con su sentencia”, de robo, malversación de fondos y autoritarismo por el resto de los encargados del periódico, mismos que fueron respaldados por los editores presos. Para esos momentos mantenía ya contacto con el consulado mexicano. Palacios emigró, junto con Francisca Mendoza a Tampa. Desde ahí publicó un libelo en contra de los miembros de la JOPLM. RFM publicó una serie en contra del mismo en 1914. Francisca Mendoza se deslindó de la publicación del libelo. Posteriormente marchó a Nueva York, donde se vinculó con el grupo de Cultura Obrera dirigido por Pedro Esteve. Luego regresó a México.

[2] Manuel G. Garza. Residente de Los Ángeles, California. Colaboró con Regeneración como cajero y encargado de la correspondencia general, desde el 16 de junio de 1911 hasta octubre de 1912, durante la administración del semanario por parte de Anselmo L. Figueroa y Rafael Romero Palacios. Ante el conflicto de este último con los miembros de la JOPLM, Garza dejó de colaborar con el periódico. Publicó 13 artículos de fondo en el semanario.