Nuestro mitin

 

Como estaba anunciado, el sábado primero de este mes tuvo lugar en el Burbank Hall el mitin internacional en favor de la Revolución Mexicana, y en contra de la intervención de los gobiernos extranjeros en la lucha santa que los trabajadores mexicanos sostienen [contra] el Capital y la Autoridad.

A las ocho de la noche, ya estaba lleno el salón, pues compañeros previsores llegaron antes de la hora con sus familias para alcanzar asientos. Una infinidad de compañeros tuvieron que presenciar de pie el acto conmovedor. La mirada se perdía en aquel mar de rostros resplandecientes de noble entusiasmo. No había un solo burgués en aquella reunión de hijos del pueblo y ningún esbirro asomó el sucio hocico por allí ¡por eso hubo orden!

La audiencia se componía de hombres y mujeres de diferentes razas, dispuestos a manifestar su solidaridad hacia los valientes que en México derraman su sangre generosa por la causa del proletariado. Nuestros hermanos mexicanos estaban, en mayoría, portando casi todos ellos el distintivo del Partido Liberal Mexicano, el botón que contiene la figura del trabajador que, cansado de ser explotado por los ricos y la Autoridad, enarbola la Bandera Roja y se lanza a los campos de batalla a ser libre o a morir como los héroes.

El espectáculo de aquel conjunto de seres humanos animados por una misma idea, hermanos en el común infortunio y latiendo sus corazones a impulsos de la misma noble ansia de libertad y de justicia y de igualdad; el espectáculo que ofrecía aquel conjunto de desheredados, era altamente emocionante, porque la asistencia de los proletarios al mitin era un presagio de victoria, un augurio de triunfo definitivo de la justicia social.

Este mitin, netamente anarquista, quedará para siempre grabado en la memoria de todos los que a él asistimos.

La Marsellesa anarquista, cantada por los IWW y secundada por una buena parte del público, inflamó de entusiasmo todos los pechos, siendo acogida con una ovación delirante.

El buen compañero Juan Creaghe fue el encargado de presentar a los oradores. El primero en hablar fue nuestro querido compañero de labores, W.C. Owen, el talentoso y abnegado redactor de la sección en inglés de Regeneración. Owen explicó a los oyentes de idioma inglés las causas del movimiento mexicano. Descubrió la miseria a que ha quedado reducido el trabajador mexicano por la avaricia de los explotadores de todas las razas; explicó cómo la tierra había quedado en poder de unos cuantos zánganos mexicanos y extranjeros, y, en suma, hizo un perfecto estudio de las condiciones existentes en México, justificó la rebeldía de los desheredados contra sus verdugos y condenó la actitud del Gobierno Americano que, impulsado por Wall Street, la madriguera de los más grandes vampiros del capitalismo de Norteamérica, intenta sofocar, en pleno siglo XX, la aspiración generosa del pueblo mexicano que quiere ascender en la escala del progreso.

Owen fue interrumpido con frecuencia en su oración por los aplausos del simpático auditorio.

Cuando el orador terminó, un grupo de mexicanas y de mexicanos, entre los que se encontraban entusiastas camaradas sudamericanos y españoles, cantaron las valientes estrofas y el heroico coro del himno revolucionario Hijos del Pueblo, que arrancó de la enorme audiencia gritos espontáneos de delirante entusiasmo. ¡Muera la burguesía! ¡Muera la Autoridad! ¡Viva la Anarquía! ¡Viva la Revolución Social! y otros gritos análogos hacían retemblar el salón. Aquellos desheredados desahogaban sus corazones torturados  por la explotación del rico y la tiranía de la Autoridad. La compañerita Linda López[1] acompañó en el piano el hermoso himno.

Las jóvenes compañeras Linda López, Ángela Romero Palacios,[2]

Lucía Norman[3] y Matilde Ramírez,[4] llevando cruzada al pecho una banda roja con el lema del Partido Liberal Mexicano en letras blancas: Tierra y Libertad, se multiplicaban por todo el salón vendiendo literatura anarquista, botoncitos, listones, que los concurrentes tomaban con avidez, deseosos de prestar su ayuda a la causa de los oprimidos de México, debiéndose a las compañeritas indicadas, en gran parte, el éxito del mitin.

Después hizo uso de la palabra el compañero D. Ginser, en idioma hebreo. Este inteligentísimo compañero expuso con toda claridad el carácter económico y antiautoritario de la Revolución Mexicana, que tiene tal vitalidad, que ha podido salir avante de las traiciones, siendo la principal la de Madero que la vendió a la burguesía por medio de los tratados de paz de Ciudad Juárez, y ha podido seguir adelante, a pesar de los esfuerzos de los políticos de todos los matices y de los jefecillos que se sueñan arañando alfombras con las mismas espuelas con que atormentaron los hijares de sus caballos para escapar de los federales, como Orozco, Salazar, Campa, Alanís y otros bichos, cuando aquellos les pisaban los talones.

El compañero Ginser arrancó entusiastas aplausos.

Ya para terminar el acto pronuncié el discurso que aparece en este mismo número de Regeneración, y que fue benévolamente acogido por los compañeros. Al mostrar la Bandera Roja, el auditorio, como un solo hombre, se agitó, batió palmas, lanzó delirantes vivas a la Revolución Social, a nuestro lema de Tierra y Libertad, a la Bendita Anarquía bajo la cual ya no habrá pobres, ya no habrá verdugos, ya no habrá lágrimas y todos seremos hermanos sin amos de ninguna clase.

Después de mi discurso, volvió a ser cantado el himno Hijos del Pueblo; pero entonces, estrofas y coro, fueron cantados por el auditorio en masa, resonando solemne como una vigorosa protesta contra el Capital y la Autoridad.

Este hermoso mitin me ha dejado recuerdos imperecederos, porque es grato convencerse de que la humanidad despierta, de que el ser humano aspira a ser verdaderamente libre, de que la palabra Autoridad es maldecida y de que la palabra Libertad es bendecida y aclamada. ¿Quién no se emociona al ver palmotear las duras y honradas manos de los desheredados cuando se habla de expropiación y de la instauración de un sistema social que garantice a todo ser humano el pan y la libertad?

Hermanos: ¡adelante!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 93, 8 de junio de 1912



[1] Linda López. Joven de Los Ángeles. Participó en el mitin internacional en memoria de Francisco Ferrer Guardia celebrado el 1 de junio de 1910 en el Burbank, Hall, de esa entidad. Durante el acto ejecutó al piano el himno El Hijo del Pueblo; cantó Mi despedida, poema de Voltairine de Cleyre y repartió propaganda anarquista. Como en este y en otros actos organizados por el PLM, Linda se presentó ejecutando el piano.

[2] Ángela Romero Palacios. Hija de Rafael Romero Palacios.

[3] Lucía Norman. Los Ángeles, California (¿?-1923). Hija de María Brousse Talavera y de Martin Norman, quien murió ejecutado, según afirmó ella misma, al iniciarse la Revolución Mexicana. Al unirse su madre con RFM, éste la adoptó como su hija. En 1911, Lucía participó en la discusión entre los editores de Regeneración y el dirigente del Partido Socialista Norteamericano, Eugene Debs, con un texto sobre la pertinencia de la “acción directa” como arma del movimiento obrero. Participó activamente en la defensa de su padre adoptivo durante los juicios de 1912 y 1918. Forma parte del grupo de obreras residentes en Los Ángeles. Este grupo protestó en julio de 1911 por la aprehensión de los hermanos Flores Magón, Anselmo Figueroa y Librado Rivera, y, en septiembre del mismo año, por la represión que sufrían los anarquistas cubanos Chacón, Vieytes y Saavedra, así como el periódico Tierra, por parte de los gobiernos de España y Cuba. En junio de 1916, durante una de las sesiones de juicio a RFM, Lucía Norman abofeteó a Peter Martin (Pedro Martínez), espía-agente del Gobierno Mexicano y testigo del fiscal. Lucía destacó como participante en las protestas y mítines que se desarrollaron tras la sentencia de un año cuatro meses de prisión en el penal de McNeil dictada contra los dirigentes del PLM. En 1916 Regeneración publicó algunos textos de carácter doctrinario escritos por Lucía, como “Todos somos iguales” en el que la hija adoptiva de RFM escribió: “Abramos los ojos. La Naturaleza nos ha hecho a todos iguales, tanto a los opresores como a los oprimidos. Sentimos y tenemos cerebro como los criminales que nos oprimen con los nombres de jueces, gobernantes, policías, burgueses y embaucadores, y así como ellos nos asesinan, tenemos el derecho de arrancarles la cabeza”. En ese mismo año, cuando R y EFM vuelven a ser arrestados acusados de violación a las leyes de neutralidad, se niega el permiso a Ricardo para que su hija adoptiva lo visite en prisión. En los primeros días de junio, el fiscal Walton intentó infructuosamente que Lucía declarara contra su padre y fue interrogada frente al jurado. Fue secretaria de la Workers International Defense League de Los Ángeles, que presidía Edgcumb Pinchon. En 1917 Lucía contrajo matrimonio con Raúl Palma y fue presa de una severa crisis nerviosa cuando, en 1918, Palma fue acusado de asesinato y arrestado en Los Ángeles, lo que impidió que ella se hiciera cargo de la sección en inglés de Regeneración, como estaba planeado. Lucía murió en la ciudad de México en 1923, poco después de los funerales de RFM.

[4] Matilde Ramírez. Miembro del grupo Regeneración El Rebelde de Lyra, Texas, instalado en febrero de 1912. En julio de 1913 firmó la protesta de este grupo contra el intento de apoderarse de Regeneración por parte de Juan Francisco Moncaleano, Rómulo S. Carmona y León Cárdenas Martínez.