En defensa de los mexicanos

 

Los mexicanos trabajadores del camino de hierro del Santa Fe, en los lugares cercanos a Summit Station, están sumamente indignados por el mal tratamiento que, según se dice, da a los jornaleros de dicho lugar un tal Tom Tracy, mayordomo de la sección. Según informes que tenemos, un trabajador mexicano, de nombre Cirilo Núñez, pidió al mayordomo lo que alcanzaba de salario hasta el 7 de mayo, pues no tenía deseos de seguir trabajando bajo sus órdenes. Se dice que Tracy, intentó golpear al trabajador con un zapapico por el solo hecho de haber pedido su paga. Tengo a la vista copia de la queja que se puso en conocimiento del superintendente general, mr. I.L. Hibbard, residente en Los Ángeles, y no sabemos que hasta la fecha se haya abierto alguna investigación. ¿Será porque la víctima es un mexicano? ¿Un mexicano no es un ser humano? Si los hechos son ciertos, ¿va a sostener la compañía a Tom Tracy? Mexicanos que trabajáis en la línea del Santa Fe: haced sentir vuestra solidaridad en este asunto: abandonad el trabajo; que sean los terraplenes y mantengan en buen estado la vía férrea. Ellos, los burgueses, os necesitan; vosotros conserváis la vía en buen orden para que los burgueses viajen en carros palacios, mientras que vosotros tenéis que viajar en las varillas de los carros, a riesgo de perecer a cada instante, u os escurrís, furtivamente, como quien va a cometer un crimen, al interior de un furgón, cuando crimen es lo que se comete con vosotros al daros unas cuantas monedas por vuestro duro trabajo, y aparte de eso se os maltrata y se os humilla. No permitáis más humillaciones, hermanos. Abandonad ese trabajo y que los burgueses se remanguen las mangas de la camisa, y sean ellos los que tengan la vía en buen orden, si quieren viajar.

 

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En Las Vegas, Nevada, las señoritas empleadas en la Oficina de Correos no atienden a los mexicanos. Cuando se presenta un mexicano a pedir su correspondencia, se le entrega un cajón donde están las cartas de todos los mexicanos y tiene que echarse a buscar en aquel montón. Esto se presta a abusos, pues no faltan individuos de mala fe que se echen al bolsillo manojos de cartas que no son suyas. Los periódicos nunca llegan a las manos de los mexicanos. Se nos informa que las señoritas en cuestión no quieren ni siquiera hablar con los mexicanos, a pesar de que estos bravos trabajadores pagan las contribuciones de las cuales viven todos los empleados del Gobierno. Ésas son las ventajas que se tienen bajo el actual sistema.

 

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No puede borrarse de mi memoria el aspecto de un trabajador mexicano que estuvo en esta oficina el lunes que acaba de pasar, a relatarnos sus desventuras. Se llama José García este infortunado proletario, y vive en 603 San Fernando St., en esta ciudad. Enfermo del oído derecho, ingresó al hospital del condado el 10 de abril de este año, donde se le hizo firmar un papel que él no sabe qué decía, y en seguida se le cloroformó y no se sabe quien le hizo una operación en el oído. Después de la operación, García se sintió peor que antes, se le desvió el ojo derecho y se le torció la boca al grado de que no puede lograr que funcionen sus mandíbulas. Siente un terrible y constante dolor de cabeza y la herida no se le ha cerrado. Asegura García que no se le curaba en el hospital; que lo único que le hacían era lavarle la herida con agua fría, lo que agravaba sus dolencias; la comida que le daban no servía ni para mantener perros; se le humillaba, se le ofendía, por el simple hecho de ser mexicano. Proletarios: he aquí un caso que indigna: sois carne de explotación en los trabajos; sois carne de presidio, carne de cuartel, carne de cadalso, y, también, carne de estudio, para que los aprendices de doctor estudien en vuestros cuerpos cuando la miseria os empuja al hospital, ensayen en vuestra carne dolorida, se adiestren cortándoos los músculos y los huesos y las arterias y las venas… para que cuando esos aprendices obtengan el título de doctor, estén bien adiestrados para curar y operar con éxito a los señores burgueses. ¡Hasta cuando está enfermo el desheredado, sirve a la burguesía! ¡Maldito sea el sistema capitalista y autoritario!

 

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Los burgueses de Texas se han puesto de acuerdo para negar a nuestros compañeros el alquiler de salones para sus mítines. En Staples, Texas, por ejemplo, los burgueses estaban dispuestos a rentar el local de la escuela del lugar, pero querían que nuestros compañeros pagaran cuatro polizontes texanos para guardar el “orden”, cuando son los polizontes los que meten el desorden. Exigían, también, que todos los varones fueran registrados en sus personas, a fin de evitar que hubiera armas de fuego, y, la última pretensión de esos idiotas consistía en que era preciso que un esbirro texano que habla inglés y mastica algo de español estuviera en el local para interpretar a la Autoridad los discursos en español. ¡Esto en el país de las libertades! La mayoría de los texanos vecinos de Staples, está formada de tipos muy degenerados que, mientras odian de día a las personas de raza negra para quedar bien con las blancas, por la noche tienen idilios con las negras en la orilla del río o en las palizadas, cerca del “Compress”, abusando de la miseria de las pobres negras. Se han negado salones a nuestros compañeros, aunque se paguen $25.00 por la renta, en Maxwell, Uhland, Creedmoor, Fentress, Luling (en este lugar pretendía la señora Autoridad colocar un cordón de cuicos), Neederwald y Prairie Lea.

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 94, 15 de junio de 1912