Nuestro proceso

 

La farsa se prolonga hasta este día, viernes 21 de junio. ¡La farsa!, esta honesta denominación dada por mí a la instrucción del proceso, le cayó mal a un tal Robinson (no sé su primer nombre) que la hace de fiscal en compañía de otros dos sujetos. ¡Farsa!, gritan ellos indignados, esto es injuriar a la Corte; esto es no tener respeto a la ley, y quien grita más es el tal Robinson, el individuo que, según la declaración de ese grande hombre que se llama Jack R. Mosby,[1] invitó a éste a producirse con falsedad contra nosotros, ofreciéndole no tenerlo más en la cárcel. Aquí fue cuando Mosby se mostró hombre, hombre en toda la extensión de la palabra; mártir generoso; ¡santo!

Mosby, viendo con firmeza a Robinson, y señalándolo con el índice, dijo estas o parecidas palabras:

Este individuo [señalando a Robinson] me ofreció en presencia del abogado Willedd Andrews [nuestro leal defensor] y en presencia, también de Stewart,[2] el representante del Gobierno Mexicano para perseguir a estos hombres, ponerme en libertad si declaraba en contra de ellos [de nosotros] y me dio su palabra de “honor” de cumplir su promesa.

Mosby, hombre, ser humano, pensador y luchador al mismo tiempo, apóstol desinteresado, solidario con la plebe, con los de su clase que es la nuestra, la clase que sufre, la clase que alimenta a los bandidos del Gobierno, la clase que se sacrifica por el rico y la Autoridad; Mosby, el generoso joven que ha dedicado su vida a servir a los humildes, llegó ante el jurado y dijo la verdad: ¡se me quiso sobornar, se me quiso comprar para condenar a estos hombres (nosotros)!

Mosby está enfermo; Mosby está pobre; Mosby no cuenta en esta tierra con afectos, con satisfacciones, con nada, ¡y Mosby, el gigante de la pureza y de la honradez, no se vende!

Mosby prefiere morir agotado por la tisis que está minando su cuer­ po, mejor que ponerse de parte del Capital y de la Autoridad; Mosby no hace traición a los humildes, a pesar de tener la oportunidad de ser libre, de pasear en automóvil, de tener los bolsillos llenos de monedas de oro. Mosby está preso porque no se quiso vender. ¡Hermanos del mundo entero: descubríos ante Mosby!

Los libertarios no queremos premios, ni aplausos; pero hay acciones que debemos presentar ante las multitudes, para que sirvan de ejemplo. ¿Qué moral más grande que la que ha demostrado poseer este humilde soldado de la Revolución Social que se llama Jack R. Mosby? Enfermo, al borde de la tumba o esperando, en caso de sentirse aliviado, una larga condena como represalia por su honradez; este hombre desafía sereno la adversidad. ¡Bendito sea Mosby! ¡Bendito sea Mosby, el mártir de la verdad!

Hoy terminará la farsa; ¡así como suena, señor Robinson, la farsa! No sabemos cuál será el resultado de ella, pero cualquiera que sea el final de esta opereta, mexicanos, compañeros del mundo entero, sabedlo: somos hombres y nadie podrá extirpar de nuestros corazones el amor que sentimos por los que sufren, y nadie podrá matar en nuestras conciencias la certidumbre de que es malo que el hombre sea explotado por el hombre, de que es malo que el hombre sea mandado por el hombre. ¡Viva la Revolución Social!

El fiscal Robinson, de una manera que nunca podría probar, de una manera que él mismo sabe que es cobarde porque lo que dijo no consta en el proceso, se atrevió a injuriarnos, a humillarnos, a echar sobre nosotros toda la hiel de su corazón. Dijo que éramos nosotros unos malvados, cobardes, asesinos, que mientras estábamos seguros, tranquilos, dichosos, en esta ciudad, mandábamos a México a los humildes para que mataran, incendiaran y robaran… y nos enviaran después el producto de sus robos para engordar y vivir como príncipes.

Estos insultos, estas mentiras, estas malditas palabras que ni siquiera quemaron los labios del “señor representante de la ley y del orden”, no tienen fundamento alguno en las constancias del proceso, de la farsa, como YO LE LLAMO, y si fueron proferidas en el recinto de la Corte que tanto dicen respetar los señores curiales, fue porque sabía ese Robinson que no podíamos protestar, que teníamos que estar quietos, que no podíamos llamarle hablador ni mentiroso. Nosotros, con nuestra compostura, con nuestra tranquilidad, demostramos tener sana y vigorosa nuestra conciencia. En fin, hoy, viernes 21 de junio, seremos sentenciados. No importa que se nos reduzca a prisión, hermanos del mundo entero. No os desaniméis, queridos camaradas. Hemos de tener resistencia para salir de ese presidio infame a donde nos llevará el odio de nuestros explotadores y tiranos. Vosotros, no retrocedáis.

¡Adelante todos!

Nuestro sacrificio es en vuestro beneficio. No hemos querido ser tiranos, no hemos querido ser burgueses: ¡ése es nuestro delito!

De mí sé decir que se me ha ofrecido el alto puesto de vicepresidente de la República Mexicana, se me han ofrecido millones de dólares para que os traicione. No he querido ser verdugo vuestro, mexicanos; no he querido vender mis convicciones. ¡Prefiero el presidio o la horca!

La miseria ha sido nuestra inseparable compañera. La cárcel ha sido nuestro asilo. Pero todo eso se estrella ante nuestra firmeza. ¡Muera el Capital! ¡Muera la Autoridad! ¡Viva Tierra y Libertad!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 95, 22 de junio de 1912



[1] Refiérese a Jack Rombo Mosby (1874­1941). Según su propia declaración, fue contrabandista de armas durante la insurrección cubana contra España (1895); oficial en el ejército de los bóers en la guerra Anglo-Boer de 1899-1902 y participó en la rebelión independentista de Panamá en 1903. Miembro de IWW. Desertor del ejército norteamericano en octubre de 1910. Se unió a las tropas del PLM en Baja California. Al morir Simón Berthold, el 14 de abril de 1911, fue designado jefe de la columna comandada por aquél. A fines de ese mes avanzó sobre Tecate. El 2 de mayo, en el rancho El Carrizo, fue herido en el pulmón por los federales del capitán Núñez. Mosby fue llevado a la línea fronteriza, donde fue arrestado por autoridades militares norteamericanas y trasladado a un hospital de San Diego, California. Formalmente liberado el 19 de mayo, permaneció en el hospital. De regreso en la península, el 3 de junio fue elegido comandante general de la Segunda División, en sustitución del renunciante Carl Ap Rhys Pryce. Buscó evitar la división entre los combatientes mexicanos y extranjeros del PLM. Desarticuló el complot dirigido por Dick Ferris y Louis James para erigir una nueva república en Baja California. Entró en negociaciones con los enviados del Gobierno Mexicano para la pacificación de la península, pero no llegó a acuerdo alguno con ellos. Trató de defender la plaza con 200 hombres ante las fuerzas federales del general Celso Vega, el coronel Mayol y voluntarios, en total más de 600 hombres. Fracasó y rindió la plaza el 22 de junio de 1911. Cruzó nuevamente la línea y fue arrestado en los Estados Unidos y acusado inicialmente de desertor y retenido hasta junio de 1912, cuando fue llevado a Los Ángeles para declarar en contra de RFM en el juicio que se le seguía por violación de las leyes de neutralidad. Denunció que se le quería obligar a declarar en contra de los acusados a cambio de su libertad. Ese mismo año, fue condenado por deserción a dos años en la prisión de Mare Island, California. Aunque aparecieron noticias de que se le había aplicado la ley fuga, historia que Regeneración hizo suya, Mosby sobrevivió a la cárcel y emigró hacia el este, desvinculándose de toda actividad política.

[2] Refiérese a Frank R. Stewart.