Para los que “dudan”

 

Dígase lo que se quiera,  el movimiento revolucionario avanza con paso firme; me refiero al movimiento revolucionario por Tierra y Libertad que tiene por teatro la vasta extensión del territorio mexicano.

Se recordará que los revolucionarios yucatecos están quemando los plantíos de henequén, infligiendo de esa manera graves daños a los capitalistas del estado de Yucatán. El movimiento no ha cesado en aquella porción de terreno de México, según veo en El Imparcial, de la ciudad de México, correspondiente al 6 de este mes. Dice así al hablar de aquel movimiento:

Escriben de Temax, Yuc., que los alzados en jurisdicción de aquel partido y los de Motul e Izamal, son algunos de los rebeldes de 1910 y 1911, quienes lograron intranquilizar a los indios que se quedaron en la distribución de ejidos y a los que han ofrecido tierras de las haciendas comarcanas a sus pueblos.

Hay que hacer una ligera observación: estos indios peleaban y pelean por tener tierras comunales llamadas ejidos, y como no han podido obtener esas tierras, continúan levantados en armas. La noticia de El Imparcial está mal redactada, pues dice: “se quedaron en la distribución de ejidos”; debiendo decir: “se quedaron sin la distribución de ejidos”.

Así, pues, por la posesión de la tierra luchan nuestros hermanos de Yucatán, como por la posesión de la tierra se lucha en el resto de la llamada República Mexicana, en que los gritos personalistas van siendo cada vez más escasos, y, en cambio, se generaliza el hermoso grito de los libertarios mexicanos: ¡Viva Tierra y Libertad!

La burguesía, espantada de su propia obra, porque su opresión y su rapacidad son las causas del movimiento revolucionario, lanza un llamamiento a la concordia. En el mismo periódico El Imparcial, de 6 de este mes, aparece publicado este documento que en parte dice así:

Desgraciadamente, el respeto a la vida, a la propiedad, a la honra de cada uno, han sufrido graves atentados en diversos puntos del país: es un hecho que nadie ignora, que el bandolerismo se ha adueñado de extensiones considerables del territorio, y que tiende a aparecer en otras; existe en distintas regiones de la República en formas atroces, y allí ninguna familia honrada vive sin zozobra.

Siempre lamentándose los burgueses de lo que llaman atrocidades cometidas por el bandolerismo. No es tal bandolerismo, señores burgueses; no es posible concebir que bandidos sean los que tienen a raya a los soldados de la federación y a los rurales y a las gendarmerías. Si fueran bandidos los revolucionarios, toda la población de México se habría levantado como un solo hombre para aplastarlos; pero no sucede eso: la inmensa mayoría de la población de la República Mexicana simpatiza con los revolucionarios y los ayuda y los protege, mientras les niega agua a los federales y a sus caballos, les dan falsas informaciones para que no den con la pista de los rebeldes, y, en general, procuran por cuantos medios encuentran a su alcance entorpecer los movimientos de los esbirros del Gobierno. ¡Podría decirse que la población entera de un país es una población de bandoleros! Los bandidos son los burgueses y las burguesas que han chupado la sangre de los pobres por siglos y siglos; los bandidos sois vosotros, señores burgueses, que mientras tuvisteis bajo vuestras garras a ese pueblo que se ha cansado de sufrir, no tuvisteis para él ni piedad ni compasión. Desflorasteis doncellas; apagasteis vuestra lujuria en compañeras de los trabajadores; humillasteis y matasteis a éstos; dejasteis en la miseria a quince millones de seres humanos y nunca os dolisteis de su sufrimiento; las vocecitas que pedían pan se ahogaban en el estruendo de vuestros festines; los lamentos de los humildes eran acallados por el ruido de vuestras francachelas; y, mientras, os regodeabais en blandos almohadones, los pobres tiritaban de frío en cualquier rincón de la negra pocilga. ¿Por qué os quejáis ahora? ¿Por qué llamáis bandidos a vuestras víctimas? Que os matan; que os despojan…

¿Qué otra cosa habéis hecho por miles y miles de años, sino robar y matar a los trabajadores?

La toma de posesión de la tierra, sin permiso de la Autoridad, se está llevando a cabo. El Imparcial, de 7 de este mes, dice:

Los terrenos que pertenecen a la hacienda de Tamariz, colindante con el pueblo de Macuiltepec, han sido invadidos por vecinos de éste, lo que ha ocasionado que se eleven quejas, a causa de las cuales se acaba de ordenar la práctica de deslinde, para poner en claro la propiedad de las tierras reclamadas.

El papeluchillo socialista político[1] que regentea en la ciudad de México el célebre braguetero Manuel Sarabia, primo hermano del esbirro Juan, publica un articulejo firmado por un sinvergüenza que estafó a los tabaqueros de San Francisco, California, el año pasado, a quienes dijo que iba a “libertar a México”; pero en vez de gastar el dinero en la compra de armas y municiones, se mandó poner dentadura de oro, y en lugar de incorporarse a las fuerzas de Silva, de Rangel o de cualquiera otro de los compañeros que luchaban en el norte de Chihuahua, formó parte de la guerrilla maderista que capitaneaba el célebre coronel de los “41”, el famoso pederasta Antonio I. Villarreal. En el articulejo del estafador  se me llama farsante por haber publicado varias veces hechos que demuestran que en muchas partes de México los revolucionarios son agricultores guerreros que trabajan la tierra con el fusil al hombro. En El Imparcial de la ciudad de México, correspondiente al día 8 de este mes, en la columna segunda, abajo de la primera parte, y al referirse a los revolucionarios serranos, dice: “Un grupo de serranos de avanzada, en el lugar llamado ‘La Ferrería’, está sembrando los terrenos próximos al lugar y que pertenecen al pueblo de Tlaxiac”. Esto basta para cerrar el hocico al majadero que responde al nombre de P. Casals,[2] quien hace pocos días volvió a pedir dinero a los tabaqueros de San Francisco, esta vez, para marcharse a Cuba, de donde es oriundo. Tengo la historia de este títere, y la daré a conocer cuando sea oportuno, así como continuaré la de Manuel Sarabia, pues éste es quien paga al tal Casals para que escriba sus mamarrachos.

Por último, The Los Angeles Times, periódico ultra-reaccionario que se publica en esta ciudad, en su edición del 16 de este mes, publica una correspondencia de la ciudad de México en la que se habla de la precipitación del Gobierno por resolver el Problema Agrario. Como en todos los casos en que esta materia es estudiada por burgueses o gobernantes, la solución se hace descansar en el hecho de vender tierra a quien tenga dinero para comprarla de manera que los pobres se verán esclavizados, por amos pequeños, es cierto, pero no menos rapaces que los grandes. El Gobierno ha comprado ya las haciendas de los favoritos de Madero y de bandidos reconocidos como Mucio P. Martínez;[3] va a dividir esas tierras en lotes de cincuenta a cien acres, y en seguida se va a poner a venderlos.

¿Qué ganan los proletarios con estas farsas? La Revolución quiere que todos tengan derecho a la tierra, y no los pocos que puedan comprarla en abonos. Estas disposiciones gubernamentales tienen dos objetos: comprar a gran costo, con dinero del pueblo, tierras a los que no pueden venderlas con motivo del movimiento revolucionario, y engañar a los pobres; pero es bastante tarde para que esas engañifas puedan contener el torrente revolucionario, y sólo sirven para demostrar debilidad por parte de la señora Autoridad.

La salvación, repito por milésima vez, no está en que el que pueda comprar la tierra la compre, sino en que todos, sin excepción alguna, tengan derecho a cultivar la tierra y aprovecharse de sus productos. Para conseguir esto no hay otro medio que la expropiación de toda la tierra que detentan los burgueses, para hacerla propiedad común y trabajarla en común. Para esto, los pobres no necesitamos que un gobierno nos dé la tierra, pues el gobierno tiene como misión velar por los intereses del Capital, y nunca se atreverá a despojar al rico en beneficio del pobre. La expropiación debe ser hecha por los pobres, directamente, sin mediación de diputados, senadores y toda esa polilla que se llama gobierno; sin esperar a que lleguen al poder los revolucionarios burgueses, sobre la marcha, sin dilación de ninguna clase, antes de que pueda consolidarse algún gobierno, y aprovechándose de las circunstancias especiales en que se encuentra el país, en que la Autoridad vacila, en que el Capital está desprestigiado y asediado por todas partes.

No hay que esperar más, mexicanos. ¡Ahora o nunca!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 95, 22 de junio de 1912



[1] Refiérese probablemente a El Socialista, “Dedicado a la defensa del proletariado”, ciudad de México (1912). Órgano del Partido Socialista Obrero. Director: Manuel Sarabia.

[2] Prudencio Casals (¿?-1949). Propagandista libertario cubano. En 1911 era corresponsal del periódico anarquista ¡Tierra! (La Habana), desde cuyas columnas se deslindó del PLM. Se estableció en Zacatecas y posteriormente en Aguascalientes. A finales de aquel año se afilió al Partido Socialista Obrero en la ciudad de México; separado de éste, colaboró en la fundación del grupo anarquista ¡Luz!, y participó en las primeras actividades de la Casa del Obrero Mundial. Se adhirió al zapatismo, desempeñando labores médicas, ocupándose luego en la redacción de manifiestos del ejército suriano, en cuyas filas alcanzó el grado de general.

[3] Mucio P. Martínez (1841-1920). Militar y político neolonés. Inició su carrera militar durante la intervención francesa. Se sumó a la revuelta tuxtepecana. Recibió el grado de general brigadier en 1890. Fue gobernador de Puebla de 1893 a 1911. Lo acusaron de participar en la rebelión encabezada por Félix Díaz en contra del gobierno de Francisco I. Madero; fue exonerado.