Beneficios ilusorios

 

Los obreros de la fábrica de hilados y tejidos La Carolina, de la ciudad de México, están en huelga pacífica. Se les había concedido el aumento del diez por ciento en sus salarios, por mediación del Gobierno, y se pusieron a trabajar; pero ahora se han convencido de que se encuentran en peor condición que antes de que se les aumentaran sus salarios, y por esa razón se han vuelto a declarar en huelga. He aquí cómo relata uno de los obreros en huelga, las artimañas de que se valieron los burgueses dueños de La Carolina para hacer ilusorios los beneficios que los pobres obreros pensaban recibir con el famoso aumento.

El diez por ciento de aumento que en la Secretaría de Gobernación se concedió a los obreros, para nosotros ha sido ilusorio, pues los maestros de talleres han tomado providencias para disminuir nuestros rendimientos de trabajo diario. Por ejemplo, se cambiaron los piñones grandes de los telares por piñones chicos, lo que hace que el obrero, aunque trabaje bien, produzca poco. Se ha aumentado el ancho de la tela, en media pulgada; es decir, se ha aumentado en esa extensión el número de hilos, aumentándose en consecuencia nuestro trabajo; y no se nos ha aumentado el jornal en la misma proporción. Por eso decimos que el famoso diez por ciento, ningún provecho nos ha proporcionado. A eso se debe que en La Carolina haya obreros que ganan tres pesos a la semana, teniendo dos telares a su cargo.

Esta es una buena lección que los trabajadores no deben echar en saco roto. La huelga por aumento de salarios y disminución de horas de trabajo es del todo inútil. El burgués, si los trabajadores ganan la huelga, se da maña para seguir obteniendo las mismas utilidades de antes, y los trabajadores quedarán burlados. La huelga, para ser efectiva, debe ser revolucionaria y no debe concretarse a pedir aumento de salario y disminución de horas de trabajo, pues daría el mismo resultado que la huelga pacífica. Hay que desconocer resueltamente el derecho que los burgueses tienen de apropiarse el producto del trabajo, y, obrando como hombres, hay que tomar posesión de la fábrica, de la mina, de la hacienda, para trabajar sin amos.

Los obreros de La Carolina deben tomar inmediata posesión de la fábrica; tener un buen depósito de dinamita y resistir si se trata de molestarlos.

El Capital está resuelto a no ceder nada; ¡aplastémosle!

¡A tomar posesión de todo cuanto existe, por los trabajadores!

 

Ricardo Flores Magón

Regeneración, núm. 95, 22 de junio de 1912